Enfermeras de ayer… El homenaje a las enfermeras de hoy

Enfermeras de ayer... El homenaje a las enfermeras de hoy. Mujeres Valientes

Enfermeras de ayer… El homenaje a las enfermeras de hoy

Enfermeras de ayer... El homenaje a las enfermeras de hoy. Mujeres Valientes

Aquellas Mujeres Valientes que apenas tenían quince o dieciséis años y sus compañeras que muchas  llegaron a dar sus vidas trabajando y cuidando para los soldados heridos o enfermos que llegaban a la senectud. Señoras y señoritas, enfermeras expertas aunque no tituladas y no profesionales que  hasta 1915, cuidaban de las consultas y servicios bajo la inspección de Religiosas también enfermeras.

En 1909 la ya endémica Guerra de Marruecos adquirió mayor virulencia y el nombre del Gurugú se hizo famoso en toda la geografía española, así como los actos de heroísmo que en aquella acción se registraron.

Fue entonces cuando algunas señoras y señoritas de las ciudades importantes españolas quisieron ayudar a los médicos militares en sus tareas

Pero no tenían ningún conocimiento sanitario, ninguna noción del papel de las enfermeras y fue cuando surgió la idea de reunir a aquellas señoras, que tan buena voluntad de ayuda mostraban, e instruirlas y aprovechar la oportunidad para crear en las ciudades centros gratuitos de consultas médicas… Ésta fue una acción en la que contribuyó excepcionalmente la Cruz Roja.

La carencia en la ciudad de San Sebastián de un grupo o cuerpo de señoritas enfermeras como el de Doctor Vic que conocía allende el Bidasoa, formadas según las normas establecidas por la Cruz Roja Internacional, siguiendo los programas de las enfermeras de la Cruz Roja Francesa.

Durante varios meses se impartieron cursos de mañana y tarde y cuando se creyó que aquel grupo de señoras y señoritas estaban capacitadas, se procedió a la creación de un dispensario médico a beneficio de los enfermos pobres de la ciudad.

Estas enfermeras se formaron a partir del programa de las Damas Enfermeras de la Cruz Roja, precisando para ello: ser súbdita española, mayor de diecisiete años y pertenecer como asociada a la institución.

La Dama enfermera antes de decidirse a serlo debía reflexionar seriamente, ya que su misión iba a ser muy difícil

Y estas eran algunas de las consideraciones que debían tener en cuenta para poder proceder a desarrollar su trabajo como Dama enfermera

“Necesita unos conocimientos sólidos, teóricos y prácticos, piadosa abnegación, espíritu de severa disciplina, cristiano amor al prójimo, dulzura atrayente y paciencia ejemplar e inagotable con los enfermos y que vale más no ser enfermera que serlo sólo de nombre”. 

“La mujer posee cualidades que le dan el privilegio de endulzar los dolores y pone su corazón fácilmente de acuerdo con la razón cuando desea consagrarse al cuidado de los enfermos. Desde luego ha de reconocer la necesidad de someterse en el Hospital o Dispensario a una rigurosa disciplina en tiempos de guerra y de una buena organización en el Dispensario en tiempo de paz”

“La Dama enfermera cuando está bien instruida, colabora de la manera más útil al trabajo de los médicos y cirujanos, siendo ella la que ha de responder de la perfección y seguridad del material de curas y muy especialmente en las salas de operaciones donde su papel es más indispensable aún”

“La Dama enfermera ha de saber cómo se prepara todo el material de curas y como se ejecutan estas, estar familiarizada con todos los detalles técnicos. Es necesario, también, que esté plenamente convencida que, en la manera de hacer o colocar un vendaje, estriba el que se eviten accidentes locales, como dolores, hemorragias y complicaciones infecciosas”.

“Ha de estar convencida de que en muchas ocasiones la vida o curación de un herido es obra de los primeros cuidados que ella pudo darle. Cohibir una hemorragia, evitar graves complicaciones y tal vez salvar miembros, depende de un vendaje bien hecho”.

En resumen: La Dama enfermera y todo el personal auxiliar, deben tener una enseñanza sabiamente adecuada y uniforme para lo cual precisa de un modo absoluto, que aquellas personas que estén encargadas de ayudar al médico en la instrucción de las Damas y Enfermeras profesionales, estén formadas en un plan único también, y bajo la vigilancia de un personal médico competente y penetrado de esta importancia.

En todos los países que estuvieron presentes en las guerras, estas Mujeres Valientes trabajaron a destajo sin horarios hasta caer rendidas y muchas de ellas dieron sus vidas por sus semejantes.

Las enfermeras eran las responsables del tratamiento, cuidado y bienestar de los heridos en combate, además de atender a los pacientes enfermos, eran necesarias

Se esperaba de las enfermeras altos niveles de limpieza, cualesquiera que fuesen las condiciones del servicio, incluyendo campamentos de tiendas detrás de las líneas del frente, muchas veces en climas extremos y con suministros de agua muy escasos. Lavar la ropa en campaña ya era todo un desafío”.

La tarea de las enfermeras en esta ecuación fue apreciada por todos sobre todo por los soldados de la tropa; pero el reconocimiento de la necesidad de un numeroso y organizado servicio de enfermeras militares seguía oculto bajo los esmerados esfuerzos de los hombres y sobre todo de los médicos ingleses, ya que eran unos idealistas.

La guerra despertó de forma súbita la conciencia de la dependencia que tenían los países con respecto a sus enfermeras y la urgente necesidad que existía de prepararlas y formarlas para las situaciones de emergencia (guerras, catástrofes, etc.).

Se necesitaban Escuelas y Servicios de Enfermería en los que habrían de realizar programas para posibilitar la preparación urgente de las enfermeras; se necesitaban fondos para ampliar su formación y programas intensivos para su mejor preparación. Enfrentadas a una tarea casi insostenible en tiempo de guerra pero en las que ellas siempre han estado a la altura de las circunstancias.

A todas las enfermeras del ejército de ultramar: nosotros, los hombres, no tuvimos la elección de poder trabajar en el campo de batalla o en el frente local. No tiene mérito el que estemos aquí. Estamos por obligación. Vosotras estáis porque sentisteis que erais necesarias. Así, cuando un hombre herido abre sus ojos para ver a una de vosotras, ve a un ángel…, preocupada por su bienestar, no puede sino sentirse abrumado por el pensamiento de que lo que hacéis porque queréis…, soportáis cualquier carga necesaria para estar donde podáis hacernos el mayor bien…,”.

La destreza y los cuidados de las mujeres de los diferentes Cuerpos de Enfermería aliados son recordados con gratitud por centenares de miles de soldados heridos en combate. Los pequeños servicios anteriores a la guerra crecieron rápidamente, con la incorporación de reservistas y voluntarias; la gran mayoría de las enfermeras que cuidaron de los soldados heridos aliados fueron «voluntarias civiles con uniforme», que trabajaron incansablemente en condiciones muy difíciles y, a veces, cuando lo hacían en improvisados «Hospitales de Sangre», en serio peligro para sus vidas. Muchas de ellas pagaron su dedicación a los demás con sus propias vidas.

Contaban que:

Las enfermeras que regresaban de su bautismo de sangre, después de haberse familiarizado con la muerte, miraban con mayor intensidad hacia la vida. Pero no todas regresaron. Hubo enfermeras de servicio que fallecieron por todo el país, en los campamentos, de camino a ellos, en los trenes-hospitales, en los hospitales base y en los hospitales generales. Varias de ellas murieron cerca de la línea de combate en tierras extranjeras. La grave pandemia de gripe que trajo consigo la guerra se llevó la vida de muchas enfermeras que todavía estaban en servicio militar. Un barco que llega a puerto con cofias blancas es un espectáculo emocionante, pero siempre las hay que no regresan.

En la I Guerra Mundial se citó y condecoró a muchas enfermeras, pero para otras, para aquellas que dieron su vida en acto de servicio, su última condecoración fue la cruz de madera del soldado”.

A finales de la II Guerra Mundial el romance entre la enfermera y el soldado norteamericano sería un hecho basado en la admiración y el respeto mutuo. La valentía de las enfermeras sometidas a las situaciones más rigurosas y exigentes queda testificada por muchos soldados, que escribieron sus experiencias:

Fueron 24 horas en las que caían bombas y cosas por todas partes: los aviones que eran derribados. He de decir que pronto aprendieron a excavar madrigueras. Yo las he visto cavar con cucharas. Hay dos cosas que aprenden a hacer rápidamente: llevar casco y excavar madrigueras… Les faltaba la comida. No tenían agua más que cuando se descargaban las cantimploras. Cuando yo llegué con el equipamiento… dieron la bienvenida al Abuelo que traía la comida y el equipo.

No tenían tiendas donde dormir. A cada enfermera se le daba una manta, su ración de comida de categoría “B” y “C” y una mochila. Llevaban ropa de trabajo y casco. Usaban el suelo como cama, pero estaban ahí, cuidándonos y dispuestas a la marcha y esperándonos para atendernos cuando caíamos heridos…”.

Un artículo del conocido columnista Walter Lippmann, aparecido el 19 de diciembre de 1944, incluía una fuerte crítica contra el ejército americano por negligencia. Lippmann sostenía que el ejército no había dispuesto el número adecuado de enfermeras para cuidar a todos los soldados heridos:

Lo último que nuestro pueblo puede aguantar es que los soldados norteamericanos enfermos y heridos en combate tengan que sufrir simplemente porque el ejército no es capaz de encontrar suficientes mujeres enfermeras que los cuiden.

Y sin embargo, estoy informado únicamente sobre la cruda verdad, que es bien conocida por el ejército y los dirigentes de la profesión médica, cuando digo que en los hospitales militares tanto locales como en el extranjero nuestros hombres no están recibiendo los cuidados de enfermería necesarios que requieren y que, con el creciente número de bajas y la gravedad de las heridas, eso significará para muchos de los hombres que son devueltos de los campos de batalla que su recuperación se verá retrasada o incluso perjudicada” Lippmann, 1944 (2).

LA ENFERMERÍA ES…

La Enfermería es un arte; y si se pretende que sea un arte, requiere una devoción tan exclusiva, una preparación tan dura, como el trabajo de un pintor o de un escultor; pero ¿cómo puede compararse la tela muerta o el frío mármol con el tener que trabajar con el cuerpo vivo, el templo del espíritu de Dios? Es una de las Bellas Artes; casi diría, la más bella de las Bellas Artes. Florence Nightingale

LA PANDEMIA DE HOY EN DÍA

Hoy en día, y en esta situación excepcional de pandemia derivada del Covid-19, se ha vuelto a ver el compromiso de las enfermeras tanto jóvenes como las que se aproximan a su jubilación… Todas están en primera línea y en sus centros de trabajo.

Las enfermeras ofrecen atención y cuidados a toda la ciudadanía a lo largo de sus vidas, desde su nacimiento hasta su muerte

«En las campañas de vacunación, las enfermeras son clave» y desempeñan una función crucial en la prestación de servicios de salud, algo que se ha visto refrendado por su labor durante el último año.

Igual que en las guerras, “las enfermeras” recibían y escribían las últimas palabras y voluntades del soldado moribundo que quería que les llegase a sus familiares, ellas eran las que recogían las dolorosas cartas que eran, y significaban,  una bendición para los familiares que las recibían.

Hoy, en muchos centros hospitalarios, geriátricos, etc., son las enfermeras las que acompañan a muchos de los pacientes que van a fallecer y que están solos por muchos motivos (ejemplo en las UCIS) y ellas son las que reciben sus últimas palabras, acompañando y dándole la mano al moribundo que en los últimos momentos de su vida les trasmite “las palabras” que quieren que se las repitan a sus familiares.

¿Cuántos han muerto solos en este tiempo y agarrados a la mano de una enfermera?

Lo más impactante es el silencio que reina en los hospitales, y ejemplo de lo que transmitía anteriormente son las palabras de los que nos han dejado:

Sólo dile a mi familia que gracias por darme los mejores años de mi vida…

Estando vosotras, ningún paciente morirá sólo…

Muchas gracias por cuidarnos…

Manuel Solórzano Sánchez

Graduado en Enfermería. Enfermero Jubilado

Insignia de Oro de la Sociedad Española de Enfermería Oftalmológica 2010. SEEOF

Miembro de Enfermería Avanza

Miembro de Eusko Ikaskuntza / Sociedad de Estudios Vascos

Miembro de la Red Iberoamericana de Historia de la Enfermería

Miembro de la Red Cubana de Historia de la Enfermería

Miembro Consultivo de la Asociación Histórico Filosófica del Cuidado y la Enfermería en México AHFICEN, A.C.

Miembro no numerario de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. (RSBAP)

Académico de número de la Academia de Ciencias de Enfermería de Bizkaia – Bizkaiko Erizaintza Zientzien Akademia. ACEB – BEZA

Insignia de Oro del Colegio Oficial de Enfermería de Gipuzkoa 2019

Sello de Correos de Ficción. 21 de julio de 2020

masolorzano@telefonica.net

Manuel Solorzano
masolorzano@telefonica.net
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