¿No puedo vivir sin ti?… Va a ser que sí hay manera

 

“No puedo vivir sin ti”

 

¿Has escuchado o has dicho alguna vez esta frase? Y no me refiero a la famosa canción de Los Ronaldos que con toda seguridad has bailado y coreado muchas veces. Hablo de cuando oraciones con una carga victimista similar a esta pasan a ser el lenguaje habitual en tu relación, ya sea de pareja, de amistad, de familia o en el ámbito profesional.

Es innegable admitir que durante nuestra vida experimentamos situaciones de gran vulnerabilidad, en la que nuestros sentimientos y emociones alcanzan cotas extremas. Desde estar viviendo la fase de enamoramiento (en la que tu cerebro no actúa de forma racional), a pasar por una grave enfermedad (cuando la debilidad de tu cuerpo actúa en tu mente).

Quien no ha pasado por un momento de crisis personal al transitar cambios vitales, afrontar la pérdida de una persona cercana o en el ámbito profesional la falta de empleo o el hastío de un trabajo rutinario. Es en estos casos cuando es frecuente utilizar hipérboles para transmitir cómo nos estamos sintiendo en ese momento y cuando necesitamos la escucha genuina o el apoyo de nuestro entorno.

Sin embargo es importante detectar cuando este comportamiento se debe a los problemas y el sufrimiento que todos los seres humanos podemos sentir de una forma puntual y esporádica a observar una conducta reiterativa y crónica instalada en un permanente role de víctima. Esto nos permitirá discernir cuando es el momento de actuar con nuestro apoyo incondicional y cuando debemos detener esta circunstancia.

Es de suma importancia saber analizar los comportamientos ya que en la mayor parte de las ocasiones se realizan de forma inconsciente. Las personas que juegan este rol no lo hacen de forma premeditada ni para conseguir ningún objetivo concreto sino que se debe a una falta de liderazgo de su vida condicionada por creencias limitantes.

 

 

El rol de salvadora que describí en el artículo de septiembre está en el punto de mira de estas personas, pues responden de forma continua a sus demandas debido a su permanente deseo de ayudar.

 

¿Cómo podemos confirmar que la conducta no es apropiada y que nuestra ayuda no es obligatoria?

 

La principal clave que nos puede dar la pista segura de con qué situación nos encontramos es la afición a la queja permanente. Los roles de víctimas se instalan de forma sistemática en este discurso, evitando asumir su responsabilidad en las consecuencia que tienen sus actos en su vida.

De esta manera lanzan dardos del tipo “si no quieres ir conmigo, yo no voy”, “si me quisieras harías esto por mí”, “si tú no me ayudas no voy a ser capaz de salir adelante”, “todo lo malo me pasa a mí”. Para reforzar sus mensajes verbales utilizan una  comunicación no verbal que refleja sin lugar a dudas sus emociones de tristeza e indefensión lo que hace que el impacto de su comunicación sea contundente.

Otro aspecto que denota una conducta victimista es la dependencia emocional y la búsqueda constante de validación ya que no confían en sus capacidades y buscan a quien les sustituya en este deber : “hacer esto no es para mí”, “tú lo haces mejor”, “qué más te da con lo bien y fácil que te es para ti”, evidenciando así su falta de responsabilidad personal en las acciones que realiza.

Esta postura infantil tiene consecuencias graves en las relaciones que se crean y mantienen en el tiempo. La primera, y más común, es invertir los roles. La persona que resuelve sus problemas pasa a ser una víctima real de sus necesidades y quejas. Por miedo a hacer daño los salvadores van a obviar los excesos a los que se ven sometidos.

 

“sí me dejas no podré aguantarlo”, “cuando te vas me lo paso muy mal”, “solo me lo paso bien contigo”

 

 

También hay un continuo sentimiento de frustración pues el papel de víctima les impide verse bien en alguna ocasión. El famoso “sé que lo tengo que hacer, pero…” es la excusa más utilizada para seguir sin hacer nada a pesar de haber escuchado las posibles soluciones múltiples veces y haber recibido ayuda de forma constante.

Identificar la posición de víctima es crucial para ofrecer ayuda de manera efectiva, poder avanzar en la dirección de un cambio de reflexión consciente y sobre todo evitar caer en dinámicas disfuncionales.

Os comparto tres claves para iniciar cambios en este tipo de relación.

1.- Comunica con asertividad: Las herramientas de comunicación asertiva ter permite expresar de forma adecuada tus decisiones y puntos de vista respetando las emociones de tu entorno. Aprender a decir “no” y  establecer límites claros y firmes son claves para que tengas una relación saludable.

2.-Práctica una empatía nutritiva : Ser empática significa que entiendes su postura y comprendes su emoción, lo que no implica que tengas que cambiar la tuya sobre todo cuando afecta a tu bienestar o lo que es más importante, a tus valores.

3.- Escucha de forma activa: en lugar de ofrecer ayuda de forma sistemática, escucha sin aconsejar, sin juzgar o interpretar. Utiliza las preguntas abiertas y el silencio para que puedan ir hacia la resolución activa de situaciones.

Una vez más, la comunicación efectiva y consciente nos ayuda a tener un entorno de relaciones saludables.

Aprende como comunicarte para tener no tener víctimas en tu vida.

Soy Ana Lara Moon y te ayudo a encontrar el diamante que llevas dentro ¿Estás preparada? Contáctame aquí —> Ana Lara Coach

LinkedIn: analaracoachliderazgo

 

Ana Lara
analaracoach@gmail.com
1 Comment
  • Paloma
    Posted at 11:42h, 22 enero Responder

    Que os parece si hacemos una nueva canción de nuestras vidas? No puedo vivir Sin Mí…. porque sin mi no hay manera de vivir.
    Te adoro mi Ana.

    Paloma López

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