Menchu Gal. La artista que no encajaba

 

 

Menchu Gal: la incomodidad de pintar sin pedir permiso

 

La historia de Menchu Gal no va de talento. Va de algo más difícil de sostener: la decisión constante de no encajar.

Nació en Irún en 1919, rodeada de un paisaje que no solo va a formar parte de su obra sino de ella misma. Con tan solo nueve años ya tenía claro su propósito de vida: “ser pintora que no artista”, según palabras de Miguel Zugaza, director del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Menchu era una niña que no quiere pintar lo que ve, sino lo que le pasa al mirarlo.

Empieza a formarse con el paisajista Gaspar Montes Iturrioz con el que aprende una estética depurada que continua cuando se marcha con 13 años a París donde el contacto con Amédée Ozenfant le empuja a una decisión incómoda: renunciar a gustar para quedarse con lo esencial.

Su paso por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid supuso un punto de inflexión. Es cierto que le ofreció las herramientas para pintar “correctamente”, pero ella decidió no quedarse en esa corrección. Menchu Gal no adopta estilos. Los atraviesa, los tensiona y decide qué merece quedarse.

 

 

 

 

Y aquí, el valor de esta autora: aprender, absorber y entonces descartar aquello que no encaja en sus valores. En este punto de soltar es donde solemos encontrar mucha resistencia, ya que puede implicar renunciar a ser aceptada, a encajar en lo que ya funciona, a no probar un nuevo camino.

Su pintura evoluciona hacia un lenguaje cada vez más libre, donde el color deja de obedecer a la realidad y empieza a responder a su propia intención interna.

Ya no es una artista intentando demostrar que sabe pintar. Es una pintora que ya ha decidido desde dónde pinta.

En 1959, el sistema termina reconociendo lo que durante años no era fácil de clasificar: recibe el Premio Nacional de Pintura de España, siendo la primera mujer en conseguirlo.

Descubrir a artistas como Menchu Gal es, al igual que ella, ir más allá de sus lienzos. Es mirar con profundidad el mundo. Es dejarse llevar por la sensibilidad de paisajes y personajes de una mujer que fue pionera y una auténtica vanguardista.

Una mujer que conoció a Lorca. El poeta universal que dejó en ella una huella imborrable y para siempre. Y que también formó parte del mismo tiempo creativo no sólo de Lorca, sino que junto Neruda, Alberti o Maruja Mallo, fueron los artistas y creadores que pusieron nombres y apellidos a la brillante Edad de Plata, nuestro otro Siglo de Oro y del que ella son ya parte imprescindible.

Menchu Gal también pasó por la Residencia de Señoritas, el primer centro oficial que fomentó en España la formación universitaria de la mujer, dirigido por la pedagoga y humanista María de Maeztu. Un espacio por el que mujeres únicas como Victoria Kent o María Zambrano, y que formaron parte de esta institución, y que a ella les sirvieron de inspiración porque, al igual que ella, sabían cual era el lugar que les correspondía.

Porque lo verdaderamente exigente de su camino no fue abrir una puerta. Fue sostener una forma de mirar cuando habría sido más sencillo adaptarse.

Menchu Gal no rompió moldes para destacar. Los rompió porque no estaba dispuesta a reducirse para encajar en ellos.

Cada vez que eliges encajar, estás entrenando a los demás a no tomarte en serio.

Porque tener una voz propia —en el arte o en la vida— no es cuestión de talento. Es cuestión de tolerar lo que viene después de dejar de encajar.

Soy Ana Lara y te acompaño para que puedas descubrir cómo desarrollar tu liderazgo personal

Ana Lara
analaracoach@gmail.com
No Comments

Post A Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.