Margarita Cabanás… Las manos mágicas que devuelven la luz a los ojos

Margarita Cabanás… más allá de la medicina

 

No todos los días se tiene la suerte de ir andando por la calle y encontrarte con una grandísima mujer valiente. Estamos hablando nada más y nada menos que de la doctora Margarita Cabanas.

Una mujer valiente. Médico y especializada en oftalmología. Esta profesional de la medicina nacida en Sevilla, cuenta con numerosos reconocimientos a nivel nacional e internacional. Margarita se licenció en medicina y en cirugía por la Universidad de Sevilla y actualmente, y desde hace 4 años, es la responsable del área de oftalmología del Hospital Virgen del Rocío.

Mª José Andrade: Margarita, ¿Por qué eliges la medicina y la especialidad de oftalmología?

Margarita Cabanás: Bueno, en primer lugar me dio por ser médico, eso desde que tengo uso de razón. Y una vez hecha toda la carrera y mi examen MIR, pues descubrí la oftalmología. Sinceramente, yo no tenía referentes anteriormente en esta especialidad, pero descubrí que era  espectacular. ¿Quién no ama su visión y la valora y bueno? y cambiar la vida de las personas para que recuperen la visión. Esta es una motivación muy grande cuando descubrí la especialidad y me fascinó.

Mª José Andrade: Acabas de decir que siempre quisiste ser médica. ¿No te encontraste con barrera para estudiar lo que tú querías?

Margarita Cabanás: No, no me las encontré. De hecho, siempre me sentí apoyada. Mi familia, por supuesto, los primeros que me ayudaron y que me motivaron. Y Luego siempre ha sido, una trayectoria de esfuerzo personal y de mucha ilusión. Y bueno, sinceramente no he tenido barreras para ni estudiar ni para desarrollar después el trabajo que vengo haciendo hasta el día de hoy.

Mª José Andrade: Lo hemos dicho, eres la directora del área de oftalmología del Virgen de Rocío, pero además también impartes clases en la Universidad de Sevilla. ¿Cómo te recuerdas y como eran aquellos años en los que estudiabas en la universidad y cómo son ahora esas jóvenes que estudian y a las que tú tienes que enseñarle y transmitirle tanto?

Margarita Cabanás: Yo, sinceramente, me veo muy reflejada en ellas. Evidentemente, las generaciones van cambiando. Observas que incluso en la forma que tienen de estudiar ha cambiado. Hoy en día van todos con sus tablets, con sus ordenadores, con sus teléfonos móviles. Nosotras, lápiz y la libreta, dibujando muchísimo. Yo no veo dibujar hoy a los alumnos.

A mi hijo, que ha empezado este año a estudiar Medicina, lo primero que hice fue regalarle un blog de dibujo para que dibujara y alguno ha hecho. Pero sí que es verdad que, bueno, que han cambiado los tiempos. La relación viene siendo muy digital.

Mis alumnos se comunican por distintos medios digitales, y aunque eso ha cambiado muchas cosas, la cara de ilusión que creo que tenemos o que hemos tenido todos los estudiantes sigue estando presente. Yo trato de ser una profesora muy cercana, de captar un poco la esencia de los alumnos que nos acompañan cada curso, y me regocijo con eso: en sus miradas, en sus preguntas todavía inocentes, en sus ganas de saber, de aprender, de llegar lejos. En ese momento en el que todavía no saben ni qué van a hacer.

Yo siempre les digo: “Hombre, de aquí seguro que algunos vais a ser oftalmólogos, oftalmólogas“. Y los trato de llevar a mi mundo. Al mundo en el que yo vivo cada día y en el que trato de disfrutar, en mi desempeño diario.

Mª José Andrade: ¿Es una generación de la que tenemos mucho que aprender?

Margarita Cabanás: Sí, hay veces que oigo comentarios como: “Estos jóvenes hoy en día están perdidos con la tecnología, cómo han cambiado”. Pues yo opino como tú. Creo que es un error tratar de evitar lo inevitable, que es que las cosas cambian. Y sí, tenemos que aprender mucho de ello.

Y lo hago no solamente de los estudiantes, sino también de los residentes que tenemos en el hospital, que son muy jovencitos. Son generaciones que valoran muchísimo su trabajo, mucho más de lo que hacíamos nosotros en esa época. Ahora, ya con la edad, una aprende, pero ellas valoran su trabajo, valoran su tiempo libre, ponen límites. Creo que nosotras no los poníamos, y a día de hoy todavía nos cuesta.

Yo trato de observar y de ver cómo se relacionan con el resto del mundo. Tenemos mucho que aprender de ello, sobre todo en ese sentido: establecer tus objetivos en la vida, poder acotar tus tiempos y que te den el valor que realmente tienes desde el principio.

Mª José Andrade: Es un “quid pro quo”. Tú me enseñas, yo aprendo… yo aprendo, tú me enseñas. Es súper bonito porque yo creo que estamos en un momento en el que eso se tiene que dar por sistema, o sea, que no podemos dar por hecho que lo sabemos todos.

Margarita Cabanás: Pero no solo en el ámbito universitario, sino en toda la vida. Yo aprendo mucho de mis pacientes. Mira, te voy a contar una anécdota que creo que te va a gustar. Sabes que, en la consulta, durante todos estos años, he aprendido —y he sido muy consciente de ello— a comunicarme mucho mejor. Porque en la consulta estoy todo el día hablando con personas, personas de distintos ámbitos socioculturales, con distintas profesiones, distintos intereses. Te cuestionan muchísimos argumentos, te preguntan, te responden en distintos tonos.

Eso, durante toda una vida —porque más de 20 años son casi media vida, más de media vida laboral— hace que tu capacidad comunicativa, tu empatía, tu forma de relacionarte con el resto del mundo vaya mejorando y cambiando. Y yo soy muy consciente de eso.

Muchas veces, cuando me he tenido que enfrentar, sobre todo al principio, a hablar en público, o ahora contigo haciendo esta entrevista, pues a lo mejor hace años me costaba mucho más.

Mª José Andrade: Y además colaborando en programa como en el que actualmente colaboras en Canal Sur Radio.  

Margarita Cabanás: Sí, sí porque me encanta la me encanta la comunicación. Me encanta la radio sin querer ser yo intrusista.

Mª José Andrade: Es muy importante que las voces autorizadas sí den un paso al frente y de verdad enseñen, porque de eso se trata de transferir sabiduría a la sociedad. Porque no me dirás, Marga, que no vivimos en una época en la que todo el mundo sabe de todo: todo el mundo es periodista, todo el mundo es médico, todo el mundo es oftalmólogo, todo el mundo es ingeniero… todo el mundo sabe demasiado.

Margarita Cabanás: “Doctor Google”, y ahora la Inteligencia Artificial, tienen parte de responsabilidad. Al final, das a unas teclas, lees una documentación rápida y ya crees que eres el mayor conocedor sobre esa materia. Y eso es un error, porque todo tiene un recorrido. Tener conocimiento y ser experto en una situación concreta no se consigue en un rato de lectura: es la consecuencia de estudiar y del esfuerzo de muchos años.

Yo siento la responsabilidad de ayudar a hacer divulgación científica. Creo que es una de mis misiones en la vida.

Mª José Andrade: Antes hablábamos de empatía y de cómo te relacionas con los pacientes. ¿Cómo logras que no te afecte el padecimiento de muchos de ellos?

Margarita Cabanás: Intento involucrarme, digamos, que hasta el límite que ellos también necesitan. Yo intento ser muy empática, y creo que lo soy. Y eso, bueno, eso lo tendrían que decir más mis pacientes que yo, sinceramente. Pero trato de ponerme en su lugar, porque creo que todos los pacientes se merecen ese respeto.

No es fácil, a veces, que las personas entiendan la información técnica. Por tanto, hay que mirarlos y sentir un poco lo que te están transmitiendo, no solamente con las palabras, sino con lenguaje corporal… sus expresiones. Creo que es muy importante llegar a la sensibilidad y al corazón de los pacientes, y que ellos también se sientan arropados en ese momento.

Pasar por una patología es de las situaciones que nos hacen más vulnerables en la vida. Por eso creo que eso hay que tenerlo muy presente siendo médico. Cualquier pequeña duda, cualquier situación patológica, genera muchísima intranquilidad, genera mucho disconfort y mucho miedo.

No  podemos dejar a un lado esa sensibilidad, y tenemos que estar siempre, pues, muy alertas a cómo transmitimos y a cómo reacciona la persona que tenemos enfrente a la información que le estamos proporcionando.

Mª José Andrade: Margarita, estamos hablando de esa empatía, de la palabra miedo. Cuando la gente te mira mientras le estás dando un diagnóstico que no quiere escuchar, ¿Cómo te enfrentas a ese momento? ¿Cómo lo asumes y buscas las palabras para decir lo que está pasando?

Margarita Cabanás:  Bueno, pues en primer lugar, siempre lo pienso. Siempre pienso antes de hablar. Esto que parece una obviedad, no lo es. Siempre hay que hacer una reflexión previa, aunque sea de unos segundos, minutos, lo que sea, el tiempo que sea, antes de transmitir esa información, porque sabes que vas a herir la sensibilidad de esa persona y, sobre todo, que va a generar una preocupación muy importante.

En mi ámbito, trato diferentes patologías, y muchas veces me encuentro en esta situación. Precisamente, una de ellas es el queratocono, una patología que afecta a muchos jovencitos y jovencitas que vienen acompañados por sus padres. Ese se impacto es muy alto. Imagínate para una madre, y para un padre, por supuesto, con el niño delante. Los niños, a esa edad de la pubertad, no son plenamente conscientes de todo lo que ocurre, pero los padres… bueno, pues hay que tener muchísimo cuidado.

Yo trato de ser muy honesta, eso también es verdad. No oculto información, porque creo que eso no va a salvar a nadie ni va a generar ningún beneficio. Pero, evidentemente, intento poner el punto de comunicación —o al menos lo intento— al nivel de la persona que me está escuchando.

Mª José Andrade: Te estoy escuchando y tienes esa sensibilidad a flor de piel, no solamente para decir lo que tienes que decir a los padres, a los niños, a tus pacientes, sino también para ser una mujer que da absolutamente todo y es capaz de cruzar medio mundo para devolver la visión a personas que están En Kenia, en Burkina Faso, en Senegal, en Sierra Leona, en Costa de Marfil. ¿Cómo decides llevar tus manos hasta estos países para devolver la vista y la vida?

Margarita Cabanás: Me encantaría poder mostrarte ahora mismo algún vídeo de pacientes que hemos atendido en algunas de estas expediciones. Las cirugías, por sí solas, ya son fascinantes. Desde el punto de vista profesional, como oftalmóloga, vivir el momento en que se retira una catarata —como las que vemos allí— es realmente impactante.

Mª José Andrade: Una catarata no es nada aquí, en Sevilla, en el primer mundo.

Margarita Cabanás: No, claro que lo es allí, y también lo es aquí. Lo que ocurre es que estamos acostumbrados a que las cataratas se traten con facilidad, pero no hay que olvidar que provocan ceguera. De hecho, son la primera causa de ceguera reversible en el mundo. Sin embargo, allí muchas personas asumen que quedarse ciegos con el paso del tiempo es algo inevitable.

Por eso, cuando recuperan la visión, el momento en que retiramos la oclusión tras la cirugía —al día siguiente— es de lo más emocionante que vivimos en las campañas. Recuerdo especialmente a un señor que vino acompañado por su hijo. Él no veía absolutamente nada, estaba completamente ciego, y su hijo hacía de lazarillo. Cuando le destapamos el ojo, la expresión de ese padre fue indescriptible. No solo por poder mirar a su alrededor, sino por ver la cara de su hijo, a quien llevaba años sin ver. Los niños cambian, crecen, y prácticamente no lo reconocía. Imagínate, me emociono solo al contártelo.

Y como esa, hay muchísimas situaciones. También te digo que yo recibo mucho más de lo que doy allí. La energía con la que vuelves, cómo te sientes, lo que aprendes de esas personas… Son personas que viven en circunstancias muy duras, no solo por la localización geográfica, sino por las condiciones económicas, sociales, las enfermedades, la dificultad de acceso a tratamientos o a cualquier tipo de atención sanitaria.

Es increíble lo que transmiten: los valores que tienen, cómo se respetan, cómo se cuidan, cómo encuentran alegría en lo más básico, en cosas que nosotros prácticamente hemos olvidado. Todo eso te enriquece el alma. Siempre digo que soy yo quien se siente afortunada de poder ir, de estar allí y vivir esas experiencias, porque no todo el mundo tiene esa suerte.

Mª José Andrade: Suerte la mía de verte emocionarte así. Me encantaría que quienes escuchen o lean esta entrevista puedan sentir lo que tú transmites y me gustaría compartir algo personal.

Yo tengo esclerosis múltiple. Mi primer brote me dejó ciega. Pensaba que sería para siempre. Pero poco a poco fui recuperando la visión, y puedo dar fe de que ese ha sido uno de los momentos más mágicos y milagrosos de mi vida. Por eso me puedo imaginar lo que significa ese instante para las personas a las que ayudáis. Porque ahí es cuando realmente das valor a lo que de verdad importa…

Margarita Cabanás: Sobre todo cuando llegas a pensar que lo has perdido para siempre. Entonces, recuperar la visión es como un regalo del universo, ¿sabes? Tiene que ser una sensación impresionante. Es parecido a cuando te diagnostican una enfermedad, atraviesas un proceso emocional muy duro… y luego te curas. Pues algo así.

Mª José Andrade:  ¿y en qué momento decides que tienes que dar el paso para ser cooperante?

Margarita Cabanás: Cuando era estudiante de Medicina, ya en cuarto curso, sentí por primera vez el deseo de participar en una acción de cooperación. Fuimos a Río de Janeiro, a una zona de favelas en los alrededores, donde realizamos labores de comunicación y divulgación de información sanitaria básica. Fue allí donde descubrí que la cooperación iba a ser uno de mis grandes objetivos si lograba convertirme en médica.

Más adelante, ya como residente de Oftalmología, me enteré de que existían programas para participar en expediciones a países en vías de desarrollo, donde no cuentan con recursos para realizar cirugías de cataratas. Esta intervención, además de ser rápida, tiene un impacto enorme en la calidad de vida de las personas. Como residente, no podía participar aún, porque estas expediciones no están pensadas para aprender, sino para aportar lo que ya has adquirido profesionalmente. Se trata de poner tu experiencia al servicio de quienes más lo necesitan.

No fue hasta que me convertí en adjunta cuando me apunté a mi primera expedición. Fue a Costa de Marfil, con un grupo de pediatras y la ONG África Arco Iris, muy conocida aquí en Sevilla. En esa primera visita, participé en tareas de vacunación, pero también me puse en contacto con oftalmólogos locales de Abiyán. Unos meses después, regresé para realizar cirugías oftalmológicas.

Esa expedición nunca la olvidaré. Fui la única oftalmóloga del grupo, acompañada por pediatras. En la segunda ocasión, me acompañó un compañero, pero decidió no volver. Yo pasaba horas operando en una pequeña sala de un hospital local, junto a algunos residentes de allí. Recuerdo momentos en los que pensaba: “Dios mío, ¿qué hago aquí? ¿Cómo salgo de esta cirugía?” Me sentía agotada, sin saber ya cómo colocarme. Evidentemente, no tenía el bagaje quirúrgico que tengo ahora, casi 20 años después. Aunque ya sabía desenvolverme, todo allí es mucho más difícil.

Pero cada dificultad se convierte en aprendizaje, y te hace crecer. Lejos de rendirme, en cuanto terminé pensé: “Es que quiero volver, quiero volver ya.” Y eso me pasa en cada campaña. Hay momentos físicamente duros, emocionalmente también, pero basta con pisar tierra aquí para querer regresar. Es como si te invadiera una energía especial.

Mª José Andrade: Comentabas que en esa campaña habías sido la única mujer, pero también has sido la única mujer que, en 2024, recibió el prestigioso reconocimiento Guzzi Peace Prize. Recuerdo una frase que escuché una vez y que me impactó muchísimo: los premios no reconocen el éxito, sino el esfuerzo. Y cuando tú recoges ese premio, lo que realmente se está reconociendo es todo el trabajo, la trayectoria, la formación y ese bagaje que has ido construyendo a lo largo de los años.

Margarita Cabanás: Sí, tengo que reconocer que al principio me costó asimilar ese premio. Lo que hablábamos antes… claro, me preguntaba: “¿Y por qué a mí? ¿Realmente me lo merezco? ¿Estoy a la altura de representar a tantas mujeres?” Porque desde el primer momento sentí que no era solo yo, sino que estaba representando a todas las mujeres españolas. Y eso me hizo cuestionarme muchas cosas: cómo se iban a dar las circunstancias, cómo me iba a sentir, qué iban a pensar de mí… incluso si estaría a la altura de lo que se esperaba.

Mª José Andrade: Recoges el premio y, de pronto, te dices: “¿Y ahora qué? ¿Tengo que volver a empezar?”

Margarita Cabanás: Bueno, es que mentalmente te colocas en un nivel de exigencia aún mayor del que ya tenías, que de por sí era alto. No quieres hacer el ridículo, no quieres sentirte juzgada… Hablábamos antes del “síndrome de la impostora”, ¿verdad? Pues eso: aparecen todos esos pensamientos que, estoy segura, muchas mujeres han sentido en algún momento de su vida profesional. Yo los he sentido en otras ocasiones también.

Pero una vez allí, y después de haber reflexionado y revivido la experiencia en mi cabeza muchas veces, me alegro profundamente de haber ido. Me alegro de haber disfrutado de esa vivencia, de haberla compartido con tantas personas, de haber roto ese techo siendo la primera mujer española en recibir ese reconocimiento, y de poder transmitir esa ilusión para que otras personas también sean galardonadas y reconocidas.

Y luego está la experiencia vital: estar en un evento tan importante, rodeada de profesionales de distintos ámbitos del mundo… No sé, la verdad es que ha sido una de las grandes experiencias de mi vida. Y ojalá haya sido solo la primera de muchas otras mujeres de nuestro entorno que lo reciban.

Mª José Andrade:  Esta es la segunda entrevista que te hago. La primera me hizo especial ilusión porque no todos los días se tiene la oportunidad de hablar con la que iba a ser la Estrella de la Ilusión de la Cabalgata de los Reyes Magos de Sevilla en 2024. Para mí era como estar al lado de todas las estrellas de la ilusión que de niñas hemos querido serlo porque ese día en Sevilla es único… ¿Ese 5 de enero también fue un premio y se cumplió un sueño?

Margarita Cabanás: Bueno, es que mira… el año empezó —o mejor dicho, yo empecé el año— siendo la Estrella de la Ilusión, y lo terminé recogiendo el premio. Uno complementó al otro. No pudo haber mejor inicio ni mejor cierre para el 2024.

Ser Estrella de la Ilusión ha sido, sin duda, una de las grandes experiencias vitales de mi vida. Estoy profundamente agradecida a la ciudad de Sevilla por haberme dado la oportunidad de vivir algo tan especial. Fue todo mágico, desde los preparativos… bueno, desde el mismo momento en que me lo anunciaron.

Mª José Andrade: Y que fue durante la Feria de Abril.

Margarita Cabanás: Fue en Feria, totalmente por sorpresa. Desde ese momento, todo el recorrido, los preparativos, las celebraciones… fue mágico. Y lo viví rodeada de mi gente, que me acompañaba con la misma ilusión —o incluso más— que yo. Luego, el día de la cabalgata, ver a tantas personas en la calle, niños, mayores, gente de todas las edades… es que no se puede distinguir, porque ¿a quién no le hace ilusión? A todo el mundo.

Fue tan especial, tan emocionante, que de verdad… no sé si tendría que repetirse en la vida, porque creo que una experiencia así ya te llena para siempre. Y además, así otras personas pueden tener también la oportunidad de vivirlo. Pero ojalá todo el mundo pudiera sentir algo así alguna vez, porque es maravilloso.

Mª José Andrade: Me ha encantado vivir este momento contigo, Margarita, porque ha sido pura vida, de verdad y de la buena. Y quienes nos están escuchando lo saben porque durante la entrevista ha pasado de todo: Hemos oído las campanas de las diez de la iglesia de San Lorenzo, porque estamos aquí, en plena plaza de San Lorenzo una de las más simbólicas de la capital. Ese ruido que escuchan ahora mismo son los bomberos, que han llegado para apagar algún fuego. Incluso nos han saludado alguna que otra señora que se ha sentado en el mismo banco mientras realizábamos esta entrevista.

 

Para mí ha sido un auténtico placer poder entrevistar no solo a la profesional, sino también a la mujer y a la Estrella de la Ilusión que con su luz y sonrisa ilumina la mirada de muchos

 

Ha sido un orgullo y un honor estar sentada aquí contigo, poder hablar, conocerte más. Sabía de tu trayectoria, pero hoy he hablado con la mujer que está detrás de la profesional. He charlado con la oftalmóloga que se emociona al hablar de su trabajo, de cómo trata a sus pacientes aquí y allí en ese lugar sin nombre al que llegan tus manos mágicas para devolver la vista.

Margarita Cabanás, directora del Área de Oftalmología del Hospital Virgen del Rocío, Premio Guzzi Peace Prize, una gran mujer. Una mujer valiente, generosa… una “estrella”… Ahora y siempre ¡GRACIAS!

 

Escucha la entrevista completa con Margarita Cabanás en el canal de podcast de Mujeres Valientes

 

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MARÍA JOSÉ ANDRADE ALONSO
mjandrade@mujeresvalientes.es
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