Mª Eugenia de Beer, la primera grabadora en la Corte Española

Exercicios de la gineta al Principe nuestro señor Don Baltasar Carlos. Mª Eugenia de Beer

Mª Eugenia de Beer, la primera grabadora en la Corte Española

 

Exercicios de la gineta al Principe nuestro señor Don Baltasar Carlos. Mª Eugenia de Beer

María Eugenia de Beer fue una pionera en el arte del grabado

 

Un caso único en la Corte española de la primera mitad del siglo XVII. Activa entre 1640 y 1652, casi toda su obra -reunida en 68 láminas- se conserva actualmente en la Biblioteca Nacional de España.

Su condición de mujer en el panoramana artístico del momento supone un elemento excepcional: es la única grabadora de la que se tiene constancia en estas décadas en Madrid, aseguran los expertos José Manuel Matilla (Museo Nacional del Prado) y Javier Blas (Real Academia de Bellas Artes de San Fernando).

Y aunque se desconocen muchos aspectos sobre su vida -no se conoce la fecha exacta de su nacimiento, ni la de su fallecimiento, ni de los motivos por los que cesa en su actividad- lo  cierto es que la BNE conserva prácticamente toda su producción, compuesta en su mayor parte de portadas de libros y de retratos, los dos géneros fundamentales del grabado barroco español.

Entre sus láminas grabadas, se destaca el retrato de Diego de Narbona, que figura en ‘Annales Tractatus iuris’ de Tomás Tamayo de Vargas (1642), la obra maestra de la autora en la que sobresale la profundidad sicológica, la delicadeza y la acertada volumetría de la figura. Sin olvidar que fue realizada en colaboración con uno de los mejores pintores de la época, Juan Bautista Maino, autor del dibujo.

De Beer realizó, como hemos anticipado,  al menos sesenta y ocho grabados, sin embargo gran parte de ellos se concentra en dos grupos numerosos: treinta en los ‘Exercicios de la gineta al Príncipe nuestro señor D. Baltasar Carlos’, de Gregorio de Tapia y Salcedo (1643) y veinticuatro en el ‘Cuaderno de Aves’, ejecutado para el príncipe Baltasar Carlos, obra de la que solo se conoce un ejemplar fechado hacia 1637-1639, por lo que podría ser la primera obra de la artista. En este sentido, Matilla y Blas explican que su producción se concentró entre 1640 y 1645 y que fue bastante reducida, ya que fuera de estos tomos, existen sólo otras catorce obras.

 

Discursos epirituales del ilustrimo señor D. Juan de Palafox y Mendoza. Mª Euggenia de Beer

 

Al igual que en el caso de otras mujeres artistas, su actividad profesional se explica por su pertenencia a familias de artistas, con las que aprendieron los principios del oficio y en cuyos talleres desarrollaron su técnica. De hecho, María Eugenia fue hija de Cornelio de Beer, un pintor y editor de estampas flamenco, activo en Utrecht en 1616… Nada más sabemos de él hasta que en 1618 aparece en Madrid como maestro pintor en un contrato de aprendizaje con un joven alumno. Si bien con toda certeza,  se dedicó fundamentalmente a la pintura religiosa y a los bodegones sobre todo en la Corte y más adelante en la provincia de Murcia.

 

Mª Eugenia de Beer realizó su aprendizaje bajo la tutela paterna

 

En 1621 contrajo matrimonio, a partir del cual podemos considerar la fecha de nacimiento de María Eugenia, de la que carecemos de documentación hasta 1640, año de su primera publicación. Como apuntan Matilla y Blas, al ser hija de artista, es casi seguro que realizó su aprendizaje bajo la tutela paterna. Los expertos estiman que debía tener unos 19 años al grabar la portada del libro de Francisco de Rojas ‘Tomo segundo de los Opprobios q, en el árbol de la Cruz oyo Xpo. Qdo. Dixo las siete palabras’, aunque se cree que sus grabados en el ‘Cuaderno de Aves’ son anteriores.

En 1640 realiza otras portadas con complejas composiciones alegóricas relativas al contenido de las obras y en sus últimos años de actividad continuó realizando notables retratos hasta 1652.

Cabe recordar que la situación del grabado e la España de estos años estaba dominada inicialmente por artífices franceses y flamencos que llegaron a nuestro país para satisfacer unas demandas, básicamente editoriales, que los grabadores españoles eran incapaces de satisfacer. Ello se debe a la carencia de talleres en los que se pudiera seguir un aprendizaje y a los privilegios obtenidos por las imprentas flamencas para los libros de rezado desde los tiempos de Felipe II. Éstos habían impedido que los españoles pudiesen desarrollar unos conocimientos técnicos necesarios en una sociedad en la que la imagen desempeñaba una función comunicativa de gran importancia. En este contexto se enmarca la labor de María Eugenia de Beer, centrada en frontispicios, escudos de armas, retratos e ilustraciones de libros.

Se desconocen los motivos del cese de su actividad como grabadora, si bien a partir de las últimas investigaciones se pueden entrever: se casó en 1641 con el también flamenco Nicolás Merstraten, a las órdenes de Juan José de Austria. Además en el testamento del padre de 1648 se afirma que tiene por hija a María Eugenia y por nieto a Juan, de dos años, por lo que es muy probablemente dejó de ser activa  a partir del nacimiento de su hijo, hacia 1646.

 

Retrato de Diego Narbona. Mª Eugenia de Beer.

 

Poco más sabemos de Mª Eugenia de Beer… Los investigadores deducen que una vez fallecido su padre y con su marido en Flandes, se trasladaría allí con su hijo, abandonando el ejercicio del grabado.

Otra mujer artista del siglo XVII que al igual que Elisabetta Sirani (protagonista de mi anterior reseña) pudieron dar rienda suelta al propio talento y desarrollar sendas creaciones. Aunque en contextos diferentes, análogamente ambas autoras pertenecían a familias de artistas, un privilegio demostrado indispensable para la hembra de entonces en el aprendizaje y encauzamiento hacia la gloria universal del Arte.

Carmen del Vando
mjandrade@rtva.es
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