
03 Mar Zona de confort… Salir o no salir, he ahí el dilema
Salir de la zona de confort… El eterno mantra que casi se ha convertido en una obligación
Si el trabajo que estás haciendo, no te permite seguir avanzando y eso te está haciendo no encontrarte a ti misma, entre la vorágine de funciones sin sentido que se proyectan para ti en tu puesto. HAZLO.
Si hay días en los que sientes haber perdido tu sentir y sentido, dentro de una relación del tipo que sea o si eres realmente buena, pero no te atreves, yo hoy te diría, HAZLO.
Hazlo, pero hazlo siempre y cuando sientas malestar, compromiso o necesidad por el cambio, pero no lo hagas porque la sociedad de forma constante e inconsciente te esté invitando a que no te quedes. Y es que salir de la zona de confort no siempre puede ser lo más adecuado, si lo que sientes es que tienes que embarcarte para seguir el ritmo que te marcan a costa de ti misma.
Pero antes de seguir ahondando en si salir o no de la forma de confort, considero fundamental expresar, la diferencia entre ésta y el lugar seguro ya que, no es difícil confundir ambos términos.
Cuando en psicología hablamos de la zona de confort, hablamos de estabilidad, control, ausencia de imprevistos. No nos referimos a un espacio físico real, hablamos de un espacio mental que nos cuenta “historias para engañarnos”. Un espacio que nos invita a externalizar la responsabilidad de las cosas que nos suceden. Un espacio invadido por la queja y obstaculizado por nosotras mismas. Se trata de un espacio que nos invita a ser conformistas y que nos mantiene en posición inmóvil. Pero también nos referimos a la zona de confort, como ese espacio lleno de ausencia de miedo, oye esto a priori puede parecer positivo ¿No es verdad? Pero es que, sin incertidumbre o intranquilidad, emociones fundamentales cuando de adaptación se trata, no hay cambio, compromiso, adquisición de responsabilidad o cambio de actitudes. Lo que se traduce en falta de aprendizaje, crecimiento y hasta estancamiento emocional.
Cuando hablamos de lugar seguro, nos referimos a ese rinconcito del sofá en el cual puedes abullonarte con tu mantita de cuadros naranja, en una tarde de invierno. Esa sensación es increíblemente inexplicable, es hogar, permanencia y refugio. En esa zona todo es seguro. Podría ser la zona a la que volver después de un mal día o el lugar que ocupar después de un período de inestabilidad y sufrimiento. Para algunas personas esa esquinita del sofá será su sitio preferido los domingos, pero para otras resultará extenuante pasar más de 20 minutos seguidos, porque el ser humano es complejo y no se satisface de la misma forma. El lugar seguro es validación, respeto y compromiso y es fundamental para el crecimiento y el desarrollo personal.
Por lo que podría decirse que la diferencia entre ambos términos reside en el propósito y el crecimiento
Con referencia al propósito, cuando nos referimos a zona de confort, hacemos referencia a la dificultad de adquirir aprendizajes nuevos por la falta de estimulación. Se trata de una zona “no incómoda”, sería como decir de alguna forma que, todo nuestro saber dentro de eso, ya se encuentra adquirido. Sin embargo y con referencia al propósito del lugar seguro sería por ejemplo un abrazo de consuelo, sería ese espacio que nos permite ser y estar sin juicio ni compromiso.
La segunda de sus diferencias radica en el crecimiento, esto es la evitación de desafíos frente a exposición de situaciones nuevas. Por su parte, el lugar seguro es ese espacio que permite que “que te recompongas”, para continuar y seguir adelante.
Tener un lugar seguro, para trabajar en sí misma es fundamental.
Entonces, y después de esta exposición de causas, ¿Podría entenderse que, mantenerse en la zona de confort y permanecer en el lugar seguro, adecuado para nuestro crecimiento como personas e malo?
No, no quiere decir eso de esa forma y por eso nunca he sido partidaria de abocar al cambio a costa de cualquier cosa, pero sí al compromiso con una misma y en conciencia plena, y esto no es más que el desarrollo del autoconocimiento a través de la introspección y la resistencia que manifestamos frente a situaciones de soledad elegidas o impuestas. Explico a que me refiero con esta frase tan sumamente compleja: Esto es una invitación a pasar la vida escuchando quién soy y quién quiero ser y en acortar la distancia que separa a ambas en la medida de lo posible. Significa vivir en consonancia, en conciencia plena o al contrario con plena conciencia.
No sé si estás de acuerdo conmigo, pero si la salida de tu zona de confort va a suponer la toma de decisiones determinantes sin planificación, posiblemente sea una acción desacertada. Si lo que haces es asumir riesgos frente a situaciones, para la cual no estás preparada, quizás salir de la zona de confort no sea el consejo que hoy vengo a darte. Si necesitas sentir dentro de esta sociedad anestesiada y vas a exponerte a situaciones que, impliquen experimentar en contra de tus valores o creencias fundamentales, mi consejo es que no te arriesgues. Y si lo que necesitas es un cambio real en tus hábitos, hazlo poco a poco a poco y de forma planificada, no de cualquier forma. Porque entonces salir de la zona de confort se convertirá en una decisión mal tomada.
Por el contrario, y me reitero en las palabras con las que empezaba este artículo, si lo que necesitas es SER en donde estés, sintiéndote útil, si lo que necesitas en vivir en calma dentro de una relación inestable, si lo que necesitas es establecer tus límites dentro de una relación que no está valiendo demasiado la pena, entonces sí, entonces mi consejo es que construyas un lugar seguro y después salgas de esa tan frivolizada zona de confort.

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