Yolanda Moreno… Treinta y cinco años de una emprendedora rural valiente

Yolanda Moreno. Emprendedora Rural

Yolanda Moreno… Treinta y cinco años de una emprendedora rural valiente

Treinta y cinco años... Resumen de una emprendedora rural valiente

Llegó Febrero y con él llega el mes de las máscaras, las chirigotas y las comparsas. Los acuarios con su cabezonería de luchar por sus ideas, independientes, creativos y fiel a los suyos, son los reyes de este mes.

Un martes 5 de Febrero de hace ya treinta y cinco años años, en una tarde lluviosa, decidió llegar al mundo una niña que ya a la hora de nacer, tuvo que ser valiente por primera vez en su vida.

Era un presagio de lo que la vida le tenía preparado

Una niña que llegaba a su casa casi sin esperarla. Nacía tan solo diez meses después que su hermana mayor y estuvo a punto de perder la vida antes de nacer; pero el destino tenía su camino marcado y la hizo fuerte dentro de la barriga de su madre porque tenía una misión que cumplir.

Tras un parto muy complicado, en el que tanto la madre como la niña estuvieron a punto de morir, la fortuna apareció e hizo que el peligro desapareciera y esa niña viniera al mundo.

Según cuentan era pequeñita, tan solo pesó 2,600kg. Era rechonchita y rosada

Esa niña, de los médicos afirmaron que no pasaría la noche, hizo que una enfermera estuviera tapándola con la sabanita toda la noche. La pequeña no dejó de llorar en toda la noche, un presagio que la definiría, desde primera hora, que sería una mujer con carácter.

Su madre aún cuenta cómo no no podía creer, a la mañana siguiente cuando el médico le decía: «sabe qué… Esa niña que tanto ha llorado esta noche y que tanta vitalidad tiene es tu hija» . Ella se esperaba una niña enfermiza y apagada después de ese parto tan complicado en el que no se sabía qué iba a ocurrir con esa nueva vida.

La historia del nombre elegido, Yolanda, era la historia de un nombre que a esa niña siempre le resultó extraño. No era muy común y no siguió el orden familiar de sus dos hermanos.

¿Y por qué Yolanda?

Yolanda… Ese era el nombre que eligió su padre, en honor a esa enfermera que estuvo  «pegada» a la cabecera de la madre y junto a la cuna de la bebé para intentar salvarlas y que ambas no se fueran al cielo demasiado pronto. El padre consideró que no había mejor nombre para esa niña que consiguió vencer la primera prueba que la vida le puso en su camino.

Y sí, esa niña soy yo. Yo era la que decidió irrumpir en la vida de mis padres sin buscarme, cuando aún mi hermana tan solo tenía la cuarentena, mi madre se quedó embarazada de mí y  yo empecé a crecer dentro de ella.

Con los años la vida me ha enseñado que todo pasa por algo, y a los veintitrés, casi recién cumplidos, entendí porque yo tenía que llegar a la vida de unos padres, los míos, sin esperarme.

Mi hermana, tan solo diez meses mayor que yo dejaría este mundo con veinticuatro años y mis padres tuvieron a esta niña, que llegó por sorpresa, para ayudarles a superar la perdida.

La vida les mando esa tercera hija porque la segunda se iría pronto

Estos días he repetido lo que me gusta que llegue el día de mi cumpleaños. Me encanta decir los años que tengo, y desde hace doce años valoró aún más la suerte de cumplir años.

Desde hace doce años entiendo el día de mi cumpleaños como un año más que la vida me está regalando. Ya son treinta y cinco, y valoro que mi hermana no pudo ni llegar a los veinticuatro porque se fue al cielo una semana antes de poder cumplirlos.

Dejo atrás unos treinta y cuatro años, que han marcado, quizás, el año más complicado de mi vida.  Giré esos ciento ochenta grados necesarios, rescaté a esa mujer encarcelada, la sonrisa volvió a mi cara y comencé a vivir de nuevo.

Unos treinta y cinco que llegan con paz y calma, y una madurez resultado de todo lo pasado. Un pasado en el que hay una mujer que la vida la hizo valiente a golpes y que por fin vuelve a tener las riendas de su vida.

Treinta y cinco años años. La flor de la vida, comenzando tu despegue profesional y personal, cogiendo con fuerza las riendas de tu vida”. Con esta frase empecé el día, que era parte de la felicitación especial de cumpleaños de una persona que, en estos tres meses en los que la vida sin esperarlo nos cruzó ha sabido captar mi esencia a pesar de todo.

Y esa frase define perfectamente cómo llega este nuevo año. Doce meses en los que, aunque aún me queden muchos frentes que solucionar, poco a poco vuelvo a mi destino profesional en el que tengo mucho que aportar y donde puedo ver mis sueños y proyectos de una forma más madura.

Esto trescientos sesenta y seis días (porque es año bisiesto) me harán volver a mi origen

Volver a vivir en mi pueblo. Ese lugar que tantas veces recorrí junto a mi hermana. Esa calles en las que encuentro tantas risas perdidas y momentos bonitos vividos… Un año lleno de cambios necesarios para este nuevo camino.

Todo ello afrontándolo con esa sonrisa recuperada que muchos dicen que hacen que el camino se ilumine y me hace diferente.

Diferente… Esa es una palabra que me define bastante bien. Y yo diría que muy diferente a esa Yolanda de hace veinte años años que veía la vida dentro de su burbuja de cristal, y para la que el mayor problema era suspender un examen de la carrera. Era una «jovencita» que lloraba a mares, ajena a que con veintidós la vida le enseñaría a llorar por cosas reales.

Eran años en los que tuvo que recorrer muchos caminos oscuros y nubes negras, para entender lo que es realmente la vida, y saber verla con los ojos con la que ahora los mira. Esos ojos que muy pocos tiene la suerte de tener, ya que son el resultado de haber tenido que sacar fuerzas de donde ni sabía que le quedaban.

De tener que mirar hacia adelante, respirar hondo y seguir el camino, en el que la palabra rendirse no estaba ni contemplada en su vocabulario

Unos treinta y cinco que comienza agradecida, por todas esas personas bonitas de alma que la rodean, que la conocen de verdad, y no la juzgan injustamente. Personas que están ahí dándole la mano en las buenas y en las malas situaciones.

Un gran sueño que cumplir en este nuevo año: volver a la moda, a ese sueño que la madurez y las circunstancias le han hecho frenar, pero no renunciar, porque no se puede abandonar, jamás, lo que una ama y la hace sentir y crecer.

Luchar por seguir mostrando la figura de las Emprendedoras Rurales y su esfuerzo extra por sacar sus proyectos siendo aún las grandes olvidadas, también tendrán hueco en este año.

Muchos proyectos y sueños que cumplir y unos 35 años cargados de historia… Un nuevo año con mucha vida

Y os preguntaréis por qué decidí volver a abrir mi alma y contaros esta historia. La respuesta es sencilla. Mi objetivo es hacer ver la suerte que tenemos cada año al poder soplar las velas y que la vida nos regalé tiempo… Tiempo para seguir viviendo experiencias, conseguir sueños y compartir risas y momentos con la gente que queremos. Porque cumplir años no es hacerse «vieja»… Cumplir años es tener más tiempo para sentir la tierra y ¡VIVIR!

Una reflexión que pocas veces nos paramos a hacer. Pensamientos necesarios para reparar en que si los cuarenta están cerca o mi cara se llena de arrugas o mi cuerpo no es el que era hace 10 años, haciendo invisible lo realmente importante: 

NADA MÁS Y NADA MENOS QUE EL REGALO DE LA VIDA

Yolanda Moreno
yoliarriate@yahoo.es
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