Yo soy una mujer referente

 

Por qué todas (y tú también) llevamos dentro a una mujer referente

 

“Raquel, ¿Y qué es para ti ser una Mujer Referente?”.

Hace unos días tuve el placer de llevar mi libro al congreso Mujeres Referentes, Creativas e Inspiradoras, celebrado en Tenerife, y participar en una de las mesas redondas donde la moderadora me lanzó esta pregunta, aparentemente sencilla: ¿Qué es ser una mujer referente?

Tenía mi respuesta preparada, por supuesto, la he repetido  ya decenas de veces. Pero sentí que responder yo no sería constructivo, quería saber qué opinaban las mujeres que estaban allí; ver si, una vez más, se confirmaban mis impresiones.

Así que, en lugar de contestar, devolví la pregunta al público: “Vamos a darle la vuelta. Por favor, las mujeres que estáis aquí presentes, pensad en una mujer referente”.

Tras unos segundos, pedí que levantaran la mano para compartir en quiénes habían pensado. Una joven creativa mencionó a su abuela, que cosía sin patrones. Una emprendedora señaló a la ponente que acababa de estar en el escenario. Otra nombró a su madre viuda que sacó a varios hijos adelante en unos tiempos muy complicados. Y ahí de nuevo estaba lo que ya esperaba: Ninguna de ellas se señaló a sí misma.

 

Ninguna dijo: “La mujer referente que me inspira soy yo” ¿Por qué ninguna pensó en sí misma?

Detecté, principalmente, dos motivos:

  1. Por modestia. De hecho, cuando lo hice notar y les dije que si era posible que ninguna se viese a sí misma como mujer referente, hubo comentarios de “cómo voy a ser tan creída”. Como si reconocerse fuera un acto de soberbia.
  2. El segundo, y más profundo: porque no se ven. Porque nos han educado para mirar hacia arriba, hacia fuera, hacia adelante, pero rara vez hacia adentro. Buscamos referentes en los medios, en las biografías, en los escenarios, sin darnos cuenta de que eso no es exactamente ser referente.

Ese silencio (el de las manos que no se levantaron para señalarse a sí mismas) es el motivo principal de lo que denuncio en mi libro Eres una mujer referente: durante siglos, nos han contado que para ser referente debemos ser la mujer ejemplar, la excepción o la que “lo logró a pesar de”.

Te voy a contar dos de las historias que escuché aquel día de dos ponentes, porque ellas demostraron, con su ejemplo de vida, que ser referente tiene muchas caras. Y pueden estar bastante alejadas de la musa inalcanzable que muchas veces imaginamos.

Lya nos contó que atravesó una crisis personal tan profunda que tocó fondo. Y en ese lugar oscuro, tomó una decisión radical: hacer las cosas de forma totalmente diferente a como las había hecho hasta ese momento. No dijo “voy a mejorar”. No dijo “voy a intentarlo de nuevo”. Dijo: “Voy a romper el molde de lo que he sido”.

Mientras la escuchaba, pensé en todas las veces que nos han vendido la resiliencia como “aguante”. Como si la clave fuera soportar o permanecer siendo las mismas aunque eso nos destruya lentamente. Pero ella hablaba de otra cosa: hablaba de reinventarse desde abajo del todo. Y algo tremendamente importante: De permitirse no ser la misma después del dolor.

 

Ser referente, a veces, no es mantenerse firme. Es tener el valor de decir: “Esto que fui ya no me sirve. Necesito ser otra. Y voy a serlo”

 

La historia de Paqui es de esas en las que se mezcla la admiración con el nudo en la garganta y mucha ternura. Ella nos contó que, tras el fallecimiento de su marido, heredó su empresa de la que no sabía absolutamente nada. No conocía el sector, no conocía los clientes, no conocía los entresijos. Estaba sola, rota y perdida. Hasta ahí, ya estaba complicado el tema. Pero lo peor llegó cuando su familia política se acercó a ella y, con la frialdad que solo da el desprecio disfrazado de “preocupación”, le dijeron: Sin tu marido, no eres nadie. Esto no es para ti”

Esa frase duele porque no es solo la historia de una mujer. Es la historia de millones de mujeres a las que, en algún momento, les han dicho que su lugar es el segundo plano. Que su valor depende de un hombre. Que sin él, no pintan nada. Ella, delante de todas, contó cómo, a pesar del dolor, a pesar de la inexperiencia, a pesar del miedo y a pesar de las voces que querían apartarla, decidió quedarse.

Aprendió. Preguntó. Se cayó. Se levantó. Lloró en soledad y sonrió en público. Y hoy, años después, está al frente de esa empresa a la que ha llevado a ser de las más importantes de las islas. Pero no como la “viuda de”. No como la “sustituta de”. Sino como ella misma. Como la mujer que demostró que sí, que era alguien. Y que lo era incluso antes de que nadie la reconociera.

Aquella tarde, entendí que el silencio de las mujeres que no se señalaban a sí mismas no era una anécdota. Era un contexto, un sistema estructural. Nos cuesta mirarnos al espejo y reconocernos como referentes. Pero eso no significa que no lo seamos.

La mujer que se reinventó desde la crisis me enseñó que ser referente es atreverse a romper con lo que fuiste para convertirte en lo que necesitas ser. Es la valentía de cambiar.

La viuda a la que quisieron apartar me enseñó que ser referente es plantar cara al “no eres nadie” con un “aquí estoy”. Es sostenerse incluso cuando el mundo empuja para que te derrumbes.

Y el silencio colectivo de aquella sala, esa incapacidad de señalarse a una misma, me enseñó que nuestra gran tarea pendiente es aprender a mirarnos con los mismos ojos con los que miramos a las que admiramos.

Si hoy estás leyendo esto y te resuena, quiero hacerte la misma pregunta que hice en aquella mesa redonda: ¿A quién admiras? Piensa en ella. Mírala bien.

Y ahora, con ternura y firmeza, quiero pedirte un ejercicio más difícil: Mírate al espejo y pregúntate: ¿Qué estaría admirando ella de mí?

Al igual que ellas dos, tú también has pasado por crisis. E igual que a ellas, alguien pudo decirte (quizá tú misma) que no ibas a poder. Y fíjate, sigues aquí. Y eso, justamente, ya es ser referente.

Ser referente no solo es cuestión de premios, portadas o reconocimiento público. Es cuestión de presencia. De Ser. De hacer, crear y vivir de una manera que siembre semillas.

Todas estamos, en algún momento, siendo el referente que alguien necesita. Solo falta atrevernos a creérnoslo.

Este congreso me lo confirmó (aunque fuera Tenerife y no Miami).

Y a ti, que me lees, te pregunto: ¿Te he ayudado en este artículo a que te empieces a reconocer como Mujer Referente?

Te leo en comentarios.

Si quieres profundizar en este camino puedes seguir con mi libro ERES UNA MUJER REFERENTE (disponible en Amazon) y conectando conmigo a través de mis redes sociales (@mujeresreferentes, en Instagram y LinkedIn).

Te deseo larga vida, Mujer Referente.

Raquel González
rq.glez.ruiz@gmail.com
3 Comments
  • Marisol Montalti
    Posted at 18:21h, 25 marzo Responder

    Excelente artículo. Mujeres invisibles para,si y referentes para el resto.

  • Maite
    Posted at 20:41h, 27 marzo Responder

    Ojalá y todas las mujeres pudieran leer este artículo. Me encantó. Saludos.

  • Raquel González
    Posted at 00:05h, 14 abril Responder

    Así es, grandes mujeres que son líderes y referentes para muchas personas pero que no son capaces de reconocer todo el valor que eso tiene. Y eso hay que cambiarlo . Muchas gracias por comentar.

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