Vivir… Cuando sólo depende de nosotras mismas

Vivir... Cuando sólo depende de nosotras mismas. Rocío Fernández. Mujeres Valientes

Vivir… Cuando sólo depende de nosotras mismas

Vivir... Cuando sólo depende de nosotras mismas. Rocío Fernández. Mujeres Valientes

 

Me estoy encontrando de un tiempo a esta parte, con muchas personas que me dicen que no son felices y que quieren serlo.

Cuando profundizamos acerca de a qué se refieren cuando hablan de felicidad, la mayoría de ellas y ellos coinciden en identificar felicidad con paz interior o con vivir con tranquilidad la vida.

Además de esto, detrás de la mayoría de estas historias, nos encontramos un factor común y es la incapacidad para haber tomado decisiones en momentos importantes o la frustración de saber que están viviendo el presente eligiendo una realidad marcada por otros. Y finalmente lo que sucede, en estos casos, es que vivimos alejados de nuestro propósito.

Este artículo en Mujeres Valientes es parte de todas estas historias y de mi agradecimiento por estar formando parte de ellas.

 

¿QUÉ HACES PARA QUE TU VIDA SE PAREZCA A LO QUE QUIERES QUE SEA?

 

Porque si tu respuesta es elegir a que llegue el momento oportuno o a que pase el tren de tu vida te aseguro que no estás haciendo nada (o muy poco).

Si estamos esperando la aprobación de todos, estamos haciendo nada (o muy poco). Si estamos esperando para no cometer errores estamos haciendo nada (o muy poco).

Elegir implica posicionarnos, equivocarnos y asumir consecuencias. Pero elegir también implica ser quienes queremos ser y vivir como queremos hacerlo.

 Vivir (aunque no para todos) no es más que desmantelar lo que nos quede pendiente y no dejar nada para luego. Acelerar cuando el depósito entra en reserva en vez de buscar un atajo o comprarte una Coca Cola mientras llega la grúa, porque sabes que ese momento será uno de los que marquen el verano, aunque el verano acabe de empezar.

 

Vivir es dejar de esperar el momento oportuno

 

Y vivir de una maldita vez escuchando lo que nos dice el corto plazo, sin que se ponga en juego lo que esté por llegar.

Jugar a ser Harley Qinn sin el Joker, porque no necesitamos a nadie que nos manipule, nos condicione o nos determine y durante el tiempo preciso y si es conveniente,  y entiéndase la metáfora, vivir en modo destrucción, asaltando edificios y quemando la ciudad.

Eso es vivir haciendo que lo que vivimos esté mereciendo la pena, eso es vivir haciendo que la vida que tenemos sea una réplica imprecisa pero satisfactoria de la que queremos.

Y vivir también es pasearnos en pijama, comernos una tarrina de helado de vainilla con nueces de macadamia mientras vemos un peli mala o sentarnos en la terraza cuando todas las persianas están bajadas. Si eso es lo que elegimos, esto también es la vida.

 

Si te pregunto  “Y si te atrevieses, si no tuvieses miedo ¿Qué es lo que harías?”

 

Cuántos errores pendientes, cuántos cafés por tomar, cuántas canciones por bailar, que nos marcarán para siempre y que se terminan convirtiendo en los caramelos de menta que guardamos al fondo del cajón de los pañuelos de tela.

 

Han querido mujeres perfectas y mientras tanto a nosotras se nos ha olvidado ser felices

 

Y cuando hablo de vivir la vida que realmente queremos, no me refiero a una vida idílica, sin problemas ni preocupaciones, me refiero a una vida llena de decisiones difíciles y errores cometidos después de haber sopesado las consecuencias.

Me refiero a una vida consecuente con quiénes somos, con qué queremos, una vida que no esté determinada por lo que los demás esperan de nosotros o haciendo todo lo posible por ser uno más y no salirnos del molde que los demás establecieron para nosotros, sin tenernos en cuenta aunque se esté tratando de nuestra vida.

 

Pero ¿Qué sucede si no estamos viviendo la vida que realmente queremos?

 

El hecho de ser activ@s en nuestras decisiones, nos proporciona control sobre lo que estamos viviendo. Tomar decisiones pensando en otros o tomarlas parcialmente implica depender de factores que no somos nosotros mismos frente a lo que realmente queremos hacer.

Las cosas no cambian por si solas y mucho menos mientras esperamos sin hacer nada y lo mismo sucede con las personas.

Pero tomar decisiones no es sencillo. No es sencillo saber qué decisión tomar y mucho menos qué momento elegir para hacerlo. Y por eso mi primer consejo es siempre el mismo ¿Y a ti que te mueve por dentro?.

Tenemos que saber qué es lo que realmente nos apasiona, en qué somos capaces de sobresalir o qué somos capaces de hacer de forma excepcional, solo así “podremos arriesgarnos y darlo todo” en la familia, en el trabajo, en las relaciones y en la vida.

Una vez que sabemos qué es lo que realmente nos hace excepcionales debemos hacerle frente ( para mí ) a la más complicadas de las preguntas : si no tuviese miedo ¿Qué haría? Responder a esta pregunta nos permitirá saber qué es lo que realmente queremos obviando todas esas ideas limitantes que nos alejan de nuestro verdadero propósito.

El siguiente paso, es ser capaz de determinar si nuestra decisión depende de nosotr@s mism@s o si por el contrario no está a nuestro total alcance poder hacerla real porque depende de otros.

Una vez llegados a este punto debemos valorar las consecuencias, las decisiones no son absolutas, ni mucho menos determinantes, por eso debemos de tener muy claro qué ganamos y qué podemos perder.

 

Igual de importante es plantearnos otras alternativas que puedan  ayudarnos a alcanzar nuestro propósito

 

Se trata de no jugárnoslo todo a una carta, de contemplar más de una opción posible, que en vez de abandonar si la primera falla, nos impulse a seguir adelante.

En caso de que hayamos vivido alguna situación parecida debemos preguntarnos qué es lo que hemos aprendido. Y aunque parezca contradictorio debemos ser catastrofistas y plantearnos qué es lo peor que puede pasarnos si tomo esa decisión.

Llevarnos al limite, a lo temido, nos ayuda a darnos cuenta de que no todo es tan grave como solemos anticipar. Y por último para mí hay una pregunta claveImagínate que han pasado 20 años ¿Qué es lo que te habría ayudado en el momento de tomar la decisión?

Si seguimos estas pautas, nos daremos cuenta que a veces quienes realmente nos alejamos de nuestro propósito somos nosotr@s mism@s, anticipándonos, por culpa del miedo, a consecuencias que quizás ni sucedan.

 

¿QUÉ PUEDES HACER AHORA QUE TE PERMITA ACERCARTE AL OBJETIVO QUE DESEAS?

 

 

Rocío Fernández
rfernandez.diaz87@gmail.com
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