Violencia de género… Una situación que no se debe normalizar

Violencia de género... Una situación que no se debe normalizar. Mujeres Valientes

Violencia de género… Una situación que no se debe normalizar

Violencia de género... Una situación que no se debe normalizar. Mujeres Valientes

 

Por fin de vuelta. Siempre es una alegría ir retomando rutinas previas a la pandemia, y para nuestra firma, colaborar en Mujeres Valientes es una de ellas, y una muy grata, dada la oportunidad que nos brinda de compartir con vosotras historias que, por ser duras, no son menos ciertas, y que, entendemos, pueden servir de espejo a otras tantas mujeres.

 

Por eso nos parece importante relatar la historia de hoy

 

Era una mañana de verano, volvía con mi familia de la playa, cuando recibo una llamada al móvil de empresa. Me indican desde el Colegio de Abogados que en el Juzgado de Violencia hay una chica que necesita asistencia, por si me importaría ir. Les contesto que en absoluto, y de esa guisa, con el bikini debajo y despeinada, me encamino al Juzgado.

Al llegar me encuentro con Nadia (como siempre no se trata de su nombre real por un claro motivo de protección a la víctima), la protagonista de nuestra historia, que con apenas veintidós años, tiene una de las historias más duras que he oído. Hace tiempo conoció a un chico, su  nuevo vecino, y siendo los dos jóvenes y atractivos, no tarda mucho en surgir la química, e inician una relación.

 

Al principio todo va bien, o eso cree Nadia, porque parece pertenecer al grupo de chicas que entiende los celos como una manera de querer a alguien

 

En su experiencia, relata como los primeros meses de noviazgo, él tendía a montar una escena por el simple hecho de que ella hablara con otro chico cuando salían, o bailara con alguien que no fuera él.

La verdad es que nunca podré entender este tipo de situaciones. Yo soy mujer y joven, y desde la libertad en la que tengo el orgullo de haberme criado, no puedo comprender que una chica piense que los celos o el control son amor.

No me entra en la sesera que alguien crea que los celos son directamente proporcionales al amor que alguien puede sentir. Como sociedad, no ser capaces de revertir ese tipo de pensamientos es cuando menos, un fracaso.

El caso es que es así, y que de ahí a quitarle el móvil para espiar sus conversaciones, y ver posibles amantes en cada esquina, sólo hubo un paso.

 

Hasta que un día llega la primera bofetada

 

Y como esa, hubo cientos más de ellas. La historia es tan dura que, cuando ella me la cuenta mirándome a los ojos, no me queda otra que preguntarle por qué razón no lo denunció antes. Ella, sin apartar la mirada, me contesta que era tan normal que le pegara que ella estaba acostumbrada, que cuando él le daba una bofetada, ya ni le dolía y lo acabó normalizando.

De las bofetadas a las palizas sólo tuvo el agresor que dar otro pasito. De hecho, ella relata cómo en una ocasión, tras volver de una discoteca, él le pide que vaya a dormir a su casa, y una vez que ella está dormida, la agarra de los pelos, y la arrastra hasta el wáter, donde procede a introducir su cabeza en el mismo, y a tirar repetidamente de la cadena.

 

Todo esto por unas supuestas miradas a otro chico en la discoteca

 

Y esta era la relación hasta que ella descubre que, además de todo esto, él la estaba engañando con otra chica. Y lo descubre porque es la propia chica quien le confiesa que tiene una aventura con su novio.

Cuando ella intenta hablar del tema con él, lejos de negarlo, le reconoce que es así, que se está acostando con otra porque ella no es lo suficientemente mujer.

Aquí es cuando ella habla con su familia, que está cansada de las excusas que siempre da acerca de los moratones que tiene por todo el cuerpo, y decide acabar con la relación. O lo intenta, porque siendo vecinos, él se dedica a molestarla e intimidarla cada vez que puede.

 

Violencia de género… ¿Normalizando los celos?

 

Hasta que una noche, cuando él llega de trabajar, al cruzar el rellano y pasar por su puerta (viven en la misma planta) oye como ella está de fiesta. Y ante la sola posibilidad de que se encuentre con otro chico, le da un ataque de celos, de esos que son típicos en él.

De esta manera, él tiene la genial idea de pasar de su azotea privada al techo común del edificio y de éste, dar un salto a la azotea privada de Nadia. Por si no ha quedado suficientemente claro, entra en casa de Nadia por su azotea privada, es decir, mediante un allanamiento de morada.

Nadia, que no se encontraba con ningún chico, sino con una amiga, y que ha mezclado algo de alcohol con las pastillas que le han recetado para la situación nerviosa que está pasando, no se encuentra muy bien esa noche.

 

Cuando oye el ruido en la azotea, corre a ver qué pasa, y al ver a su ex corriendo hacia ella, le entra auténtico pánico

 

Con la sola diferencia de que, esa vez, no sabemos si por la explosiva mezcla que tiene en el cuerpo o por tener delante alguien que la ampare, decide defenderse, y cuando él la alcanza, le propina varios puñetazos.

El escándalo es mayúsculo, su amiga decide pedir auxilio, y en menos de dos minutos los vecinos llegan a la vivienda, paran la discusión y llaman a la policía. Y aquí llega el culmen del esperpento, porque es él quien la denuncia a ella, indicando que ella lo invitó a entrar en casa y cuando lo tuvo dentro comenzó a agredirlo sin motivo aparente.

Por más que Nadia intenta dar su versión de los hechos, está tan perjudicada que no le hacen ni caso, debiendo añadirse además que las lesiones que él tenía en el rostro eran evidentes. Es más, le ponen a ella una orden de alejamiento con respecto a él.

No es hasta por la mañana cuando, tras la declaración de su amiga, que declara exactamente que los hechos son como los venimos relatando, abren proceso también contra él, mandando el asunto al Juzgado de Violencia de Género.

Pero a pesar de eso, la situación sólo ha cambiado en parte, porque aunque él está siendo investigado y se le ha instalado un sistema de control telemático para que no pueda acercarse a ella, Nadia sigue investigada por la agresión.

 

Y ahí llega lo que como parte de esta sociedad, no me puedo explicar

 

¿Es que después de sufrir palizas continuadas tienes que soportar que alguien entre en tu casa sin permiso y no puedes defenderte? ¿Qué actitud se supone que es la correcta? Veremos qué ocurre en el juicio pero, desde mi punto de vista, dejando por un momento de ser letrada, y siendo simplemente mujer, creo que lo que hizo Nadia fue lo mínimo.

Sólo una vez, una única vez, tras ver a alguien asaltar su casa y correr hacia ella con un claro ánimo de agredirla, procedió a defenderse, a evitar sufrir otra agresión de las tantas que ya había padecido.

Penalmente el acto puede ser reprobable, pero como sociedad, creo que dejamos mucho que desear.

Las chicas jóvenes deben ser capaces de detectar este tipo de conductas desde los primeros conatos, y de alejarse de este tipo de parejas de manera tajante, procediendo a denunciar los hechos tan pronto como sea necesario.

Mientras esto no sea así, nos seguiremos encontrando con mujeres como Nadia, repetidamente agredidas, incluso asesinadas a manos de sus parejas. Y ahí, todos tenemos mucho que aportar, mucho por hacer.

 

Hasta la próxima publicación, un abrazo a tantas y tantas mujeres valientes

Tamara Huelga Gutiérrez
tamara.abogados.h@gmail.com
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