Victimas de violencia de género... La condena "eterna" para ellas. Mujeres Valientes

Victimas de violencia de género… La condena «eterna» para ellas

Victimas de violencia de género... La condena "eterna" para ellas. Mujeres Valientes

 

Víctimas de Violencia de Género… Doble sufrimiento

 

Os escribo desde la tranquilidad del despacho de casa, recién llegada de una asistencia de guardia, y con un cúmulo de sensaciones.

Lo cierto es que esta vez, no sabía sobre qué o quién escribir para vosotras, y ya me veía pidiendo prestado un caso a mi socia, o rebuscando algo del baúl de los recuerdos. Pero la vida está llena de causalidades, así, con la A delante de la U. Y quiso Dios que hoy, que había planificado hacer el artículo de Mujeres Valientes, me tocara estar de guardia para víctimas de Violencia de Género. Así que no soy yo, sino que es la vida quien ha querido que hoy os cuente el caso de Marta (la llamaremos así para proteger sus datos lo máximo posible).

El caso es que, tras una mañana bastante tranquila, esta pobre alma en desgracia que soy, se las deseaba muy felices, y se disponía a hacer un pedido por Uber. Ya me veía reposando plácidamente la comida en la cama, mientras veía un documental de Egipto que había dejado a medias hace uno días, cuando suena mi teléfono: «Tamara, soy del Colegio… En comisaría te espera una víctima de violencia»

 

Me tocó por tanto engullir algo de comida mientras me vestía a toda prisa, y salir pitando para comisaría

 

Llegué pasadas las tres de la tarde, y me dijeron que tenía que esperar un rato, que me fuera sentando. Detrás mía veo llegar a una señora que le dice al agente de la entrada que lleva desde las 12,00 de la mañana esperando al abogado y que si va a tardar mucho, que tienen sin comer. Dejemos a un lado el hecho de que a mi me habían avisado hacía escasos cincuenta minutos. Vete a saber qué ha pasado en esas tres horas para que nadie me avisara antes. Mejor no preguntar.

El caso es que hacemos las presentaciones pertinentes, y me dispongo a asistir a Marta. Me encuentro a una mujer bastante nerviosa, que rompe a llorar a cada momento, teniendo que interrumpir la historia, y no es para menos.

Marta tiene 60 años pasados de largo, y lleva desde los 15 sufriendo malos tratos por parte del mismo hombre. Se hicieron novios siendo niños, y desde entonces, la historia es aterradora… Continuas palizas y violaciones, que incluso la llevaron a sufrir abortos, de los que me dice: «Él, la mitad de las veces, ni se enteraba, porque como siempre estaba borracho»

Y hace 14 años decide dejarlo, y pedir el divorcio. Como él era quien mantenía el hogar, se queda, como te relata ella, «con una mano delante y otra detrás», pues él, tras el abandono, no se molestó jamás en cumplir con la pensión alimenticia que se le fijó para sus hijos. De esta manera, Marta se ve con dos hijos menores a su cargo, sin dinero, y teniendo que refugiarse en casa de su madre, con Alzheimer, y donde también vivía un hermano en fase terminal de una terrible enfermedad.

 

Oír a Marta contar todo esto y verla llorar, os aseguro que es desgarrador

 

El caso es que, con el divorcio, la situación no mejora, más bien al contrario. Marta sigue sufriendo malos tratos físicos y psicológicos, hasta que, en el año 2017, pone una de tantas denuncias que ya había interpuesto, y por fin consigue que su maltratador vaya a prisión.

No pasa allí mucho tiempo, porque en 2019 sale a la calle, y empieza de nuevo la pesadilla de Marta. Como no ha tenido bastante con más de 40 años de sufrimiento, el individuo decide que es buena idea irse a vivir a la misma calle de Marta, vamos, a uno de los portales de la acera de enfrente. De esta manera, con solo ponerse en el portal de su casa, puede mirar hacia arriba y ver el salón de Marta, que cuenta que prácticamente vive con las persianas bajadas.

Además, como conoce sus horarios, es usual que la espere en el portal cuando Marta sale a pasear a su perro y la persiga insultándola y amenazándola. De nada sirve que sus hijos, ya mayores y con sus vidas hechas, hablen de continuo con su padre, incluso lo recojan en sus casas, para evitar la cercanía de él a la de su madre, y le imploren que la deje en paz.

Marta, en todos estos años, sólo ha tenido una pareja además de este hombre, y cuenta con resignación que la dejó porque no podían salir a la calle por miedo, ya que era poner un pie fuera del portal y que este señor se les echara encima.

Me cuenta que en su barrio todo el mundo conoce la situación, y cuando se producen estos episodios corren a refugiarla donde sea, en el bar de la esquina, en el almacén, o llaman las vecinas corriendo a sus respectivos maridos para que bajen a la calle y la acompañen a casa.

En la noche de ayer, mientras Marta sacaba a su perro acompañada de una familiar, su maltratador las persiguió insultando y amenazando a las dos, y eso fue el colmo para Marta, que le dijo que a ella le hiciera lo que quisiera, pero que no tenía por qué insultar a la chica que iba con ella, y que lo iba a denunciar.

Cuando escucha esto, el individuo se abalanza sobre ella, que tiene que correr a refugiarse en el bar de su calle, y esperar que entre todos los «parroquianos» largaran de allí a susodicho.

Esta mañana, su ex marido ha llamado llorando al mayor de sus hijos, para decirle que por favor, que él se iba a portar bien, y que le dijera a su madre que no lo denunciara. Increíble pero cierto. La cosa es que el hijo, no sólo le ha colgado a su padre, sino que es quien ha llevado a su madre a comisaría.

Nadie tiene duda de que este señor va a pasar la noche en el calabozo, ni de que mañana le van a poner una orden de alejamiento y probablemente la van a controlar telemáticamente. Además, es probable que le caigan varias condenas, por los insultos de ayer, y por los cientos de quebrantamientos que vamos a tener de la orden de alejamiento (ojalá me equivoqué pero me temo que va a ser así).

Pero entiendo que la reflexión debe ir más allá. ¿Es posible rehabilitar a este tipo de perfiles? ¿De verdad tienen que salir a la calle? ¿Hay justicia en el hecho de que Marta haya vivido siempre de esta manera?

 

Pensemos en la edad de Marta, y en el hecho de que tiene una salud bastante deteriorada

 

Cuando volvía a casa, no me quitaba de la cabeza una idea: Marta abandonará este mundo sin haber sido nunca feliz, ni haber conocido lo que es que la quieran bien. Cuando se vaya de este mundo, y no creo que tarde mucho, llevará a sus espaldas una vida de malos tratos, donde los últimos años ni tan siquiera sale a la calle si no es necesario, y no puede ni abrir las ventanas de su casa.

Es que él habrá estado en prisión dos años, pero a ella la hemos llevado a vivir en una condena eterna, una suerte de cadena perpetua de la que no va a descansar nunca.

Siento pena por la sociedad en la que vivo, y por Marta en particular. Siento una pena profunda por ella, y una gran indignación por la Justicia, tan ciega como inexistente. Sólo me queda el consuelo de saber que, en la medida que lo necesite, seré su muleta, y estaré (estaremos desde el despacho) con ella para todo lo que necesite, aportando así nuestro pequeño granito de arena.

Pero creí que debía alzar la voz por ella, y por eso al llegar, con el cuerpo aún caliente, me hice un café y me encerré a escribiros esto. Por esta Marta, y por las cientos de miles de Martas que tenemos a día de hoy, y que seguiremos teniendo; y porque llegue un día en que cambien las cosas, y a las víctimas de violencia se las proteja, pero de verdad.

Para que llegue un día en el que las víctimas tengan más derechos que sus maltratadores, o por lo menos, que tengan los mismos, y puedan rehabilitar su vida, y dejar atrás esos episodios.

 

 

 

 

 

 

Tamara Huelga Gutiérrez
tamara.abogados.h@gmail.com
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