Sheila Hernandez y su leccion de vida

Este mes traigo la historia de una joven Mujer Valiente en mayúsculas que nos va a encoger el corazón un poquito pero que al igual que la primavera ella ha conseguido florecer y poder encontrarse a si misma, para comenzar un camino hacia su presente y un futuro de una forma tranquila y feliz.

Hoy no voy a contaros la historia de un proyecto emprendedor, como suelo hacer en esta ventana al mundo. Este mes quiero hablaros de la valentía de una mujer que, desde un pequeño pueblo de la Serranía de Ronda —Arriate, mi pueblo, del que tantas veces os he hablado—, decidió dar un paso al frente. En un entorno rural de apenas 4.000 habitantes, dejó de esconderse para ser quien realmente era y sentía, y no lo que la sociedad marcaba o esperaba de ella. Tuvo el coraje de buscar su propia felicidad.

Ella es Sheila Hernandez Gamarro. Una mujer que, a sus 22 años ha dado una gran lección de vida. Una lección que estoy segura ayudará a muchos jóvenes que se vean en la misma situación que ella se vio.

Actualmente estudia el modulo de Atención a Personas en Situación de Dependencia para posteriormente estudiar Integración Social, anterior a esto curso en Granada su formación de maquilladora profesional.

A sus 22 años ha publicado su primer libro. “No era un problema, era una niña”, editado y publicado por la Editorial Hilos de Emociones, contando también con el apoyo con el Ayuntamiento de Arriate, desde su área de cultura D. Rafael Carlos Melgar Hidalgo, con el apoyo de la concejala de Igualdad Dª. Isabel García Morales y el alcalde del municipio D. Francisco Javier Ante Rueda.

El pasado 23 de enero, en el salón de plenos del Ayuntamiento de Arriate, pude ser testigo de la presentación de este libro y de emocionarme con cada palabra y cada momento. Me alegré de ver la felicidad de Sheila y toda su familia. Tal como dijo Francisco Javier, alcalde de nuestro pueblo, “En este salón de actos se lleva años haciendo presentaciones de libros, pero es la primera vez que lo vemos así de lleno”. Y lo estaba porque la ocasión lo merecía y Sheila tenía y debía estar arropada por su pueblo.

Ese 23 de enero supuso para Sheila dejar atrás su pasado y empezar a mirar hacia su futuro. Pero no ha sido un camino fácil llegar hasta ahí: han sido años de incomprensión, de dolor y de un aprendizaje profundo.

La escritura nunca fue para ella algo académico ni fruto de una formación específica, sino algo profundamente personal. Se convirtió en una forma de entenderse cuando no sabía cómo explicarse.

Tal como ella me explica:este libro no nace desde la idea de escribir, sino que nace desde la necesidad”. Desde un punto donde ella no podía seguir sosteniendo todo lo que llevaba dentro, y que después de leerlo. cualquier persona puede intuir que no fue un proceso fácil, ya que no solo esta contando lo que vivió, sino volviéndolo a vivir y a sentirlo tal y como fue.

Os tengo que confesar, que yo me lo estoy leyendo y no está siendo fácil, porque te encoje el corazón y te hace sentir todo ese proceso complicado que ella tan bien explica.

Durante demasiado tiempo Sheila guardo muchas cosas: emociones, experiencias, preguntas sin respuesta. Cosas que ha podido contar a través de la escritura porque este fue el camino que encontró para poco a poco ordenar ese “caos” y dar sentido a lo que le había pasado y vivido, para poder contarlo y explicarlo sin sentir que se rompía.

Este libro no comenzó con la idea de ser publicado. Durante muchos años lo guardó para ella en secreto y sin decírselo a nadie. Era su espacio seguro. El lugar donde ella podía ser completamente honesta, sin miedos, sin juicios.

Pero llego un momento donde entendió que esa historia no era solo dolor. También era una historia en la que había resistencia, aprendizaje y fuerza, y que compartirla podría tener un sentido mas allá de ella.

A nivel personal toda esta experiencia de escritura, ha supuesto una experiencia muy intensa. Y lo ha sido porque la ha servido para enfrentarse a ella misma. Algo que durante mucho tiempo evitó. Recuerdos que dolían, emociones que no estaban resueltas, pero que también le dio algo que le faltaba: fuerza de entenderse con más verdad y empezar a tratarse con más compasión y cariño.

Para ella escribir este libro ha supuesto recuperar su voz, dejar de esconder ciertas partes de ella y empezar a integrarlas. Un auténtico ejercicio que ha sido difícil pero también liberador.  

Y lo ha sido porque ha sido el impulso para dejar de callar y para entender que si ella hubiera conocido testimonios como el suyo le habría ayudado. Por eso quiere pensar que su testimonio a a servir para otras muchas personas que se encuentren en su misma situación. Personas que, ahora sí, van a tener lo que ella no tuvo: un ejemplo que con el que identificarse y no sentirse sola.  

Con este libro Sheila ha cerrado una etapa de su vida para abrir otra desde un lugar mas honesto

 

Un testimonio que estoy segura servirá a muchos jóvenes que se sientan como ella, y que la sociedad respeta a veces poco.

Por eso debemos educar desde el respeto y la igualdad, en un mundo libre donde cada persona pueda vivir como se sienta feliz, independientemente de lo que la sociedad marque o espere. Uno nace de una forma, pero puede sentirse de otra, y como sociedad debemos aprender a respetarlo, sin juicios y sin causar daño. No somos quienes para decirle a nadie cómo debe vivir o cómo debe sentirse.

Este libro demuestra lo importante que es quererse a uno mismo. Lo necesario para encontrar la felicidad siguiendo un camino que puede ser diferente al de otras personas que piensan que no es el correcto. 

Por ello admiro a Sheila: por su valentía y coraje para escoger el espacio en el que es ella misma y por lo tanto feliz

 

Quiero aprovechar este articulo para tener unas palabras hacia su madre, Irene, una persona muy cercana a mí. Una mujer a la que conozco desde que era una niña y que ha sido testigo de todo lo bueno y lo malo que me ha tocado vivir. Una mujer valiente que, a pesar de lo que suponía vivir esta “situación” en un pueblo pequeño, apoyó a su hija lo mejor que pudo y supo. Una madre que no podía estar más orgullosa y emocionada aquel 23 de enero viendo a su hija comenzar una nueva etapa… una hija valiente que viene de una madre valiente.

Os invito a que leáis su libro “No era un problema, era una niña” porque es una lección de vida, y un testimonio que nos puede ayudar a ser un poco mejor

Instagram de Sheila: sheilahernandez_03

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Yolanda Moreno
creacionesym@outlook.com
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