Cuando ser madre es, definitivamente ser una mujer referente

 

 

Ser madre es ser, definitivamente, ser referente

En este artículo en Mujeres Valientes no quiero hablarte de mujeres empresarias, emprendedoras o de sus marcas; esta vez vengo a hablarte de todas ellas, que son Mujeres Referentes y que, además, son madres. Porque ser madre es, definitivamente, ser referente.

Voy a empezar diciéndote qué significa para mi ser referente. Yo lo resumo en 3 palabras: una mujer admirable, inspiradora y que impacta en otras personas. Da dirección, sentido y guía con sus palabras y acciones e influye en el bienestar de los demás. Por eso cada una de nosotras somos una mujer referente para alguien.

Ser una referente no implica ser famosa ni reconocida a nivel mundial; no tenemos miles o millones de fans. Pero tenemos algo muy valioso: la huella que dejamos en las personas que nos conocen, por lo que seremos recordadas.

¿Y cuánto de esto tiene en común con ser madre?

A saber, las madres somos guías, autoridad y ejercemos un liderazgo amoroso (en la mayoría de las ocasiones). Con toda probabilidad, seremos una de las personas, si no la más, con mayor impacto en la vida de nuestras hijas e hijos, por más que también nos equivoquemos muchas veces (y cómo nos castigamos cuando eso sucede).

Los guiamos prácticamente toda la vida, a veces aun cuando ya son adultos. Cuando se forja el vínculo y la confianza, de alguna manera, nuestra voz sigue siendo brújula. Y no nos queda más remedio que ejercer un liderazgo (amoroso) marcando en más de una ocasión nuestra autoridad a la vez que acogemos, consolamos, abrazamos y perdonamos.

La maternidad siempre ha sido compleja, en cualquier época. Puedo poner el ejemplo de mi abuela que con 5 hijos a su cargo fue la encargada de sacar a toda su familia adelante en plena posguerra civil con dificultades para alimentar a todos y mucho menos, darles la oportunidad de estudiar.

Otras mujeres han tenido que emigrar a otras tierras para poder tener nuevas oportunidades dejando muchas veces a su familia atrás, incluso a sus hijos. Estas historias no son cosa del pasado, sigue siendo la realidad de muchas mujeres a lo largo del mundo.

Las que no hemos tenido que vivir estas experiencias somos afortunadas y, sin embargo, seguimos teniendo por delante una tarea complicada. Porque la maternidad es compleja y el mundo en el que vivimos también lo es.

En el mundo empresarial se dice que estamos en un entorno BANI (frágil, ansioso, no lineal e incomprensible, de sus siglas en inglés). Así que si comparásemos la maternidad con un sistema, estas cuatro palabras le encajarían a la perfección.

  • La maternidad es frágil. Está sujeta a miedos internos (“lo estaré haciendo bien”, “estaré siendo demasiado estricta/permisiva”, “estoy cuidando lo suficiente”,…) y amenazas externas (la inmersión de nuestras hijos en las redes sociales, cuando muchas de nosotras casi no las manejamos; exposición a contenidos inadecuados e incluso nocivos, el futuro incierto en cuanto al mundo laboral que les espera; el contexto de polarización, fakes news y manipulación por parte de “influencers”,…) que nos hacen sentir miedo.

  • La maternidad nos trae a veces ansiedad porque nos enfrentamos a uno de los trabajos más exigentes y tenemos una misión trascendental en un entorno difícil y cambiante que no duda en señalar tus “faltas”. Los mitos que rodean a las madres, o mejor dicho a lo que es ser buena madre, nos genera presión para estar a la altura de las exigencias:

La madre debe ser perfecta y estar siempre feliz” para poder cuidar adecuadamente de sus hijas e hijos.

La madre debe olvidarse de sí misma”, cuidar de una misma se puede entender como egoísmo, no como una necesidad; como si ser madre ocupara la totalidad de la identidad de una mujer. El mensaje que subyace y que durante años nos han hecho creer es: Preocuparse constantemente es una muestra de amor.

Con esas exigencias es difícil encontrar el equilibrio para cuidar, cuidar(nos), y ejercer libremente nuestra profesión.

  • Aunque parezca que ser madres es un camino lineal que transitamos siguiendo el crecimiento de nuestras hijas e hijos hasta que sean adultos, lo cierto es que nunca deja de haber imprevistos y sobresaltos. Cuando creías que ya lo tenías todo controlado ¡Zas!, tu hija/o te sorprende y te encuentras que no es exactamente la misma persona que hace unos meses o casi ni ayer. Entonces, volvemos a empezar partiendo de otro punto e iniciando un nuevo proceso de crianza y acompañamiento.

  • Por último, la maternidad es también en ocasiones incomprensible porque hay sobrecarga de información, exceso de opiniones y ese ruido nos genera aún más dudas. Es más, nuestra generación se caracteriza porque ha roto el modelo de crianza de las generaciones anteriores, por lo que, en muchos casos nos faltan referentes en quienes poder fijarnos.

Y, sin embargo, a pesar de todo esto, ser madre nos demuestra que sí somos capaces de atravesar todas estas dificultades:

  • Crece nuestra resiliencia y afrontamos la incertidumbre a pesar de todo,

  • Buscamos incansablemente soluciones,

  • Jamás nos negamos a seguir aprendiendo y aprendemos a poner límites. La maternidad nos enseña a negociar como ninguna otra escuela de negocios lo hará.

  • Rompemos continuamente modelos y techos,

  • Estamos entrando en espacios donde antes no estábamos por el hecho de ser mujeres/madres.

  • Apoyamos a otras mujeres que están en nuestra situación o similar.

  • Y, además, muchas de nosotras hemos creado nuestro propio emprendimiento y empresa siendo ya madres, abriendo camino a muchas otras mujeres.

Y ahora dime: ¿De verdad sigues pensando que no eres una Madre Referente?

Soy Raquel González y te ayudo a que te re-conozcas y visibilices a la Mujer Referente que llevas en tu interior y lo sepas comunicar. Puedes empezar a trabajarlo a través del libro-guía ERES UNA MUJER REFERENTE  o contactando a través de Instagram  y LinkedIn  para tener una sesión gratuita conmigo… ¡Te espero!

Raquel González
rq.glez.ruiz@gmail.com
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