Secuelas psicológicas del Covid-19 ¿Qué nos está pasando?

Secuelas psicológicas del Covid-19 ¿Qué nos está pasando?. Mujeres Valientes

Secuelas psicológicas del Covid-19 ¿Qué nos está pasando?

Secuelas psicológicas del Covid-19 ¿Qué nos está pasando?. Mujeres Valientes

La pandemia ha transformado la manera en la que vivimos y eso implica estar aprendiendo a vivir y relacionarnos de forma muy diferente a como lo estábamos haciendo hasta ahora.

Incertidumbre, desprotección, desasosiego, confusión o sensación de urgencia. La pandemia ha provocado que nos enfrentemos de forma mucho más vulnerable a nuestro día a día y que nos encontremos frente a frente, con innumerables situaciones para las que ni siquiera estábamos preparados/as.

Pero el “estrés pandémico” no nos está afectando a todos por igual

Los niños o las personas mayores, son algunos de los colectivos que se han visto más afectados por la situación que estamos viviendo. Pero de forma generalizada, los efectos que la pandemia está dejando en todos nosotros, están siendo devastadores (en mayor o menor medida).

La mayoría de padres y madres se han visto forzados a trabajar la gestión de las emociones y a educar a sus hijos e hijas en la tolerancia a la frustración, en la gestión de la soledad y el aprovechamiento del tiempo de ocio.

De igual forma, las pautas de convivencia han cambiado, se han afianzado roles y responsabilidades ya que, de eso ha dependido “nuestra supervivencia durante el encierro”.

Los niños y niñas han crecido en valores humanos y en competencias tan importantes para la vida como la flexibilidad, la organización o la autonomía. Y todos nos hemos dado cuenta de que aprender es un concepto muy amplio y que puede hacerse con las manos llenas de masa o después de una tarde de bricolaje familiar y pintura.

Pero lo que si tenemos claro, es que independientemente de cómo somos o de lo qué pensamos, todos hemos estado un poco más cerca de nosotros mismos ya haya sido para mirar a la soledad de frente o para desempolvar muchas de las cosas que teníamos pendientes.

Pero también hay otros muchos aspectos no tan positivos que debemos de tener en cuenta y es a las diferentes exposiciones vulnerables a las que se han visto sometidos los niños.

Los más pequeños están sufriendo cambios drásticos que para ellos, a priori no tienen razón de ser: dejar de ir al cole, dejar de relacionarse con sus iguales y dejar de hacer cosas tan sencillas y cotidianas como ir al kiosco o bajar al parque, por eso lo más importante es que entendamos que los niños tienen derecho a saber qué pasa. Mientras, y a su vez, los adultos tienen la responsabilidad de protegerlos frente a este tipo de situaciones o emociones…

… pero proteger no significa encubrir, no reconocer o que ciertas cosas pasen inadvertidas

Otro aspecto muy importante es no intentar evitar o minimizar las preocupaciones que puedan tener, escuchar sus necesidades emocionales y saber darles una respuesta, saber oír si lo que sienten es miedo, incertidumbre, dolor o cualquier otra emoción que debamos atender para que en adelante esa emoción “no se quede pendiente”.

Es muy importante tratar con naturalidad temas como la enfermedad o la muerte o naturalizar con ellos, que el hecho de tener miedo en situaciones como estas es completamente normal. Es imprescindible mantener rutinas, en la medida de lo posible (comidas, aseo, tiempo de estudio o juegos) ya que eso va a ayudar a los pequeños y pequeñas con gestión/regulación del estrés y de la incertidumbre.

Igual de importante es trabajar la protección frente al virus no con miedo sino hacerlo de forma divertida

Durante todo este tiempo se han creado infinidad de recursos con este fin, recursos accesibles que tenemos a nuestra disposición. Además de todo esto, es muy importante ayudarlos a filtrar la información que reciben, que aprendan que no todo es real y que no se sientan abrumados/as por tanta información negativa en torno a la problemática, al igual que la importancia de saber diferenciar entre información real de la que no lo es.

Por su parte, la mayoría de nuestros mayores se han visto privados de muchos de los recursos con los que hasta entonces habían estado combatiendo la soledad: centros de participación , talleres, asociaciones y fundaciones.

Han visto sus vidas interrumpidas de repente, y sus rutinas (tan importantes y necesarias para ellos) se han desmoronado sin previo aviso. Y eso ha provocado un empeoramiento de su salud física y psicológica.

Igualmente han tenido que romper rutinas “que les daban vidilla”, como ir al centro de salud, al banco o a comprar el pan

Han tenido que renunciar a cosas que los mantenían vivos/as, que no es más que a las visitas de los suyos, visitas de vez en cuando y a destiempo, de algún que otro abrazo inesperado y de la tranquilidad de saber que día si día también iban a pasar por la puerta aunque fuese de camino a por el pan. Y esto ha hecho que aparezca un sentimiento de soledad muy marcado en ellos de forma generalizada y la alternancia de otras muchas emociones como por ejemplo la apatía, la tristeza, la desgana o incluso el insomnio.

De aquí la conveniencia de trabajar con nuestros mayores en orientación a la realidad, adaptación del entorno. La importancia de trabajar la angustia a través de la realización y/o exposición de paseos al sol, entre otras muchas acciones.

Pero lo que ha quedado claro es la importancia y el papel tan relevante que desempeña la familia en el desarrollo emocional adecuado de nuestros mayores en tiempos de pandemia. Poder reducir ese sentimiento de soledad y desprotección a través de una llamada telefónica o una videollamada con quienes más echa de menos, se ha convertido en estos tiempos en una de las herramientas más poderosas.

Secuelas psicológicas del Covid-19 y la importancia del papel relevante que desempeña la familia

Una de las recomendaciones más importante a las familias es que refuercen ese contacto a través de las vías que dependiendo del momento vean más adecuada, aumentando las llamadas de carácter telefónico y no limitar las conversaciones a preguntas acerca de la salud, que utilicen ese “punto de encuentro” como herramienta terapéutica para el desahogo.

Del mismo modo se recomienda la estimulación, por ejemplo pidiéndoles que nos cuenten historias de otros tiempos, pidiéndoles recetas antiguas de cocina o facilitándoles algunos pasatiempos como por ejemplo crucigramas o sopas de letras.

Y nosotros de forma general, podemos estar sufriendo alteración del estado de ánimo o del sueño, desgana a la hora de hacer cosas con las que antes disfrutábamos, apatía, desilusión o miedo pero, muchos de los síntomas que estamos experimentando no son patológicos.

Se trata de reacciones normales con carácter adaptativo, por lo que son naturales y surgen en respuesta a la situación cambiante e incierta a la que nos estamos viendo expuestos/as. Con esto no quiero decir que se obvie, que le demos poca importancia o que no le demos el tratamiento que corresponde, al contrario, lo que esto quiere decir, es que le demos la importancia que realmente tiene y acudamos a profesionales de la salud mental para que nos ayuden a gestionarlo de forma sana.

Si las emociones de este tiempo se intensifican y no se atiende pueden desencadenar en patologías más complejas como la ansiedad o la depresión

Esta pandemia nos ha dejado al descubierto y ha hecho que conectemos con nuestra parte más rudimentaria, con nuestro sentido más innato: el miedo, la protección y la necesidad de afecto.

Ahora un abrazo no es algo a lo que te sientes comprometido/a cuando ves a alguien después de mucho tiempo, ni algo que le das a cualquiera. Lo importante aquí ahora es que muchas de las cosas más importantes que teníamos antes estaban desvirtuadas y perdiendo el sentido, y es el hecho de que no las tengamos lo que las ha vuelto a poner en valor, por lo que llegados a este punto yo te invito a preguntarte:

¿El problema es que ahora no tenemos ciertas libertades o que las libertades que teníamos antes de que todo esto pasará estaban perdiendo el sentido?

Rocío Fernández
rfernandez.diaz87@gmail.com
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