Rosana González, directora del Hotel Colón de Sevilla

Rosana González… Devolviendo el Hotel Colón a Sevilla

 

Rosana González, directora del Hotel Colón de Sevilla

 

Cuando oigan esta entrevista en nuestro podcast, probablemente escuchen ruidos que no son habituales y que no aparecen en las que solemos hacer, pero estamos en un lugar y en un espacio muy particular.

Nos encontramos en un hotel, pero no en uno cualquiera porque es, nada más y nada menos que en el Hotel Colón de Sevilla. Un Cinco Estrellas Gran Lujo y en el que nos hace de anfitriona, una de las mujeres que yo, personalmente, más admiro por su trabajo, porque sabe ejercer el liderazgo como nadie y porque ha sido capaz de convertir este hotel en una referencia.

Estamos hablando de Rosana González, directora del Hotel Colón de Sevilla

Rosana González: Muchísimas gracias. La verdad es que me siento súper orgullosa de estar sentada aquí contigo porque que he seguido a tantas mujeres a las que has entrevistado, y formar parte de ese elenco me hace sentirme muy agradecida.

Mª José Andrade: ¿Quién es Rosana González? Hemos dicho que eres la directora del Hotel Colón, pero ¿Quién es esa Rosana González que hay detrás?

Rosana González: Bueno, pues Rosana González es una burgalesa disfrutona del aquí y y el ahora, de intentar siempre estar con los ojos abiertos, con la ilusión puesta, en momento VIP (visión interna positiva) siempre, y una persona a la que le gusta lo que hace y, lo que no, lo transforma para que le guste.

Mª José Andrade: ¿Cómo empiezas en el mundo de los hoteles? Yo me lo sé y me parece una anécdota muy bonita y divertida porque hay detrás una historia familiar. ¿Pero cómo llegas al mundo de la hotelería?

Rosana González: Pues mira, te diré algo más que no te he contado antes. Yo odiaba todo lo que tenía que ver con la hotelería y con la hostelería, con los restaurantes.

Mis padres tenían dos restaurantes, ya están jubilados. De hecho, mi abuelo llegó a tener un restaurante con habitaciones, un hostal encima, porque mi madre le dijo que dejara el pueblo, que vendieran lo que tenían allí y se fueran a Burgos, de donde soy, para montar un restaurante con habitaciones.

Eso ya no lo viví yo, pero sí viví el mundo de la hostelería desde pequeña. Recuerdo que cuando le dije a mi madre que me acompañase a escuchar una charla de la Universidad de la Escuela de Hostelería, me dijo que eso no era una carrera, que yo debía estudiar una carrera de verdad. Eso fue en aquel momento y ahora están muy orgullosos, la verdad.

Mª José Andrade: No me extraña que lo estén, pero ¿siempre has tenido claro lo que querías hacer?

Rosana González: Pues en una comida familiar empezaron a decir que yo no iba a estudiar nada, que a qué me iba a dedicar en mi vida y todos mis primos, hermanos mayores y demás, empezaron a hablar distintas carreras. Hasta que mi hermana me dijo que la hermana de una amiga estudiaba Dirección de Hotel en Suiza, y yo dije: “Uy, hotel, viajar… yo quiero”. Mis padres dijeron que eso no era una carrera.

Mª José Andrade: ¿Cuál es el kilómetro cero de Rosana González ? ¿Cuál es ese momento en el que terminas de estudiar esa carrera que tu madre decía que no era carrera ni era nada? ¿Cuál es ese punto de inicio que te ha llevado a lo largo del camino hasta este momento vital y profesional tuyo?

Rosana González: Bueno, hago la carrera y tengo la suerte de entrar a hacer prácticas.

Cada verano teníamos que hacer prácticas y estaba en París, en un hotel, en el Concorde Lafallete y de repente, me doy cuenta de que quiero dedicarme al lujo, a los hoteles de lujo.

En cuarto y quinto curso hago prácticas en Meliá, en Menorca, y de Menorca paso a Magaluf y de Magaluf a Malta.

En Malta entro en un programa de desarrollo, rompiendo esquemas, porque fui elegida para ser la única que haría el Programa de Desarrollo en un hotel de lujo. Y ahí dije: “Quiero el lujo y quiero llegar a ser directora de un hotel emblemático”.

Nunca pensé que llegaría al Colón. Pero los caminos me han llevado aquí hasta estar aquí.

Mª José Andrade:  Y tú cuando te dicen que vas al Colón de directora, ¿qué piensas? ¿Se han cumplido tus sueños en ese momento? Porque en la vida te tiene que cumplir muchos sueños. ¿En ese momento dices que se ha cumplido?

Rosana González: Yo estaba en el Don Pepe en Marbella. Cuando me dijeron que iría al Colón, pues claro, yo en Sevilla no había estado desde el concierto de Héroes del Silencio hace muchísimos años y anteriormente la Expo.

No conocía bien Sevilla y cuando se lo dije a mis padres y dijeron, “pero si ese es el hotel de los toreros”, porque en Burgos ya era conocido el Colón como el hotel de los toreros. Así que vine aquí y me quedé impresionadísima del hotel.

Me acuerdo que la directora que estaba aquí me llevó a la Plaza del Salvador y con el ambiente de la plaza, dije: “Creo que aquí voy a estar bien”. De hecho, mi primera casa estaba muy cerquita, concretamente en la Alfalfa.

Mª José Andrade:  Y ahora que ves aquel momento con retrospectiva y echando la vista atrás, ¿cómo ves a aquella Rosana que llegó aquí hace tanto tiempo?

Rosana González: Pues tengo que utilizar la palabra valiente porque el hotel me quedaba muy grande. Muchas veces tenía que cerrar la puerta del despacho, agachar la cabeza y decir: “¿Cómo voy a hacer esto? ¿Y ahora cómo voy a salir de esto?” Había dirigido ya dos hoteles, pero el Hotel Colón no solamente es importante para Sevilla, sino para el mundo de nuestra compañía.

 

Era un hotel súper referente y no podía fallar

 

Tenía una misión: hacer que este hotel fuera nuevamente un símbolo de Sevilla. Todo se me puso muy fácil porque empecé un Domingo de Ramos, prácticamente dos días antes, y el Domingo de Resurrección recibí a Espartaco a hombros aquí. Ahí me di cuenta de que Sevilla había entrado al Colón para acompañar al maestro. Y le dije: “Usted ha cortado dos orejas, pero yo he cortado dos orejas y el rabo porque ahora sé cómo devolver a Sevilla al Colón”. Y así fue.

Mª José Andrade: Y ahora volvemos al presente. Has dicho y nos has descrito cómo era esa Rosana y ahora ¿cómo es esa Rosana actualmente?

Rosana González: Ahora soy muy feliz, porque he cumplido muchos sueños. He roto muchos estigmas en el sentido de que muchas veces se ha pensado que no podría ser capaz. Muchas veces lo he pensado yo misma.

Hemos convertido el Colón en algo emblemático en Sevilla, en algo emblemático para la compañía. Y lo mejor de todo es que el equipo es una gran familia, y eso se refleja en todos los rincones del hotel con los empleados y los clientes.

Eso es lo más bonito, me siento responsable de devolverle a esta profesión la suerte que yo he tenido en mi trayectoria.

Ahora todavía me queda mucha trayectoria, y por eso me encanta dar clases, participar en mesas redondas, en todo lo que pueda aportarle al mundo. Gritar por los cuatro costados que esta profesión es muy femenina y muy bonita.

Son 24 horas, 7 días a la semana, 365 días al año, lo que implica una gran responsabilidad porque aquí mantenemos al final a 160 familias que viven del hotel, pero también 300-400 clientes que se sienten protegidos porque están aquí en su casa.

Mª José Andrade: Una gran familia que además se completa con más de quince nacionalidades. Es una Torre de Babel que se comprende perfectamente porque, si no se entendieran, se notaría y el funcionamiento no sería perfecto. ¿Cómo es liderar ese equipo tan diferente y tan diverso?

Rosana González: Dicen que para ser un buen líder te tienes que rodear de buena gente.

Mª José Andrade: Pero, ¿es diferente el liderazgo de una mujer al de un hombre? Porque ahora está en tendencia discutir eso. Para ti, ¿qué significa liderar? ¿Hay alguna diferencia?

Rosana González: Honestamente, no creo que haya diferencia. Creo que va más allá de cómo sea la persona.

Creo que si una persona se siente maestro o maestra, será un buen líder porque hará que los demás lo sigan. Si esa persona tiene conocimientos, actitud, sobre todo actitud y respeto, entonces eso es algo que va de la mano del liderazgo; el acompañamiento, asumir la responsabilidad, saber que el equipo tiene que desarrollarse, porque cuanto más te recomiende tu equipo, mejor profesional y persona te harán.

Lo bonito de hacerse mayor es que te conviertes en mejor persona y más responsable de devolver esa fortuna que tenemos de poder desarrollar nuestra profesión que nos gusta.

Mª José Andrade: ¿Te sientes en el Colón como en tu casa?

Rosana González: Sí, estoy en casa. Estoy en casa. Muchas veces estoy más horas aquí que en casa.

Mª José Andrade: Antes me decía que todas las horas que había hecho el lunes y martes eran una auténtica locura. Pero, ¿te sientes plena con el trabajo que has hecho? ¿te sientes realizada y plena con todo lo que haces? ¿Cambiarías algo de tu día a día?

Rosana González: Bueno, cambiaría algunas cosas, porque todos los días aprendemos y algo nos enseña. Cualquier empleado de cualquier departamento te enseña algo. Los clientes también te enseñan algo. Pero no cambiaría mi evolución.

Estoy orgullosa de cómo me empodero y de cómo hago que otros consigan cosas y me hagan sentir más feliz.

Ahora lo que más me gusta es ayudar a que las demás personas se desarrollen, evolucionen, sean felices y estén a gusto. Al final, eso es lo que hacemos con los clientes, ¿no? Hacerlo con el equipo, con las personas que están a mi alrededor, ya sea directa o indirectamente, en lo personal o profesionalmente, eso es lo que ahora mismo más me satisface.

Mª José Andrade: ¿tú eres una persona exigente contigo misma?

Rosana González: Ultra exigente. He tenido que aprender a no serlo con los demás al mismo nivel, porque disfruto con esa autoexigencia y me reto a mí misma. Pero entiendo que no podemos imponer eso a los demás. Cada uno tiene su nivel de autoexigencia y su momento vital, y lo bonito es que mi autoexigencia evoluciona a la par que mi momento vital.

Mª José Andrade: Y en esa autoexigencia, en ese momento vital, cuando pones por primera vez el pie en el Hotel Colón, cortas esas dos orejas y el rabo, y ves entrar al maestro Espartaco por la puerta, ¿Qué es lo primero que pensaste que ibas a hacer?

Rosana González: Recuperar a los toreros en su casa de Sevilla.

Recuperar eso, recuperar poco a poco la esencia de Sevilla, escuchar a la gente de Sevilla lo que me hablaba del Colón, de cómo habían vivido esas noches de bodas, las graduaciones, los cumpleaños, las comuniones. Cómo venían con sus abuelos a tomar angulas.

 

Toda esa escucha, en vez de tomarla como algo de duelo, la tomé como un reto positivo

 

En esa transformación, no en hacer cosas que pasaran en el hotel, devolverle esa cultura, ese hotel de los artistas, porque al final ya no es solo el hotel de los toreros. Tenemos el club de lectura, conciertos en directo, flamenco, jornadas gastronómicas, muchas celebraciones.

Las hermandades tienen aquí su casa para muchas comidas. Hacemos muchas acciones benéficas, somos muy sostenibles con la sociedad. Cada día ayudamos a Maruja Vilches con 25 menús para que los distribuya en su asociación y lo mismo con todas las hermandades.

 

Intentamos hacer esa economía circular que nos permiten los hoteles

 

Hay que decir que el Hotel Colón es una calle más de Sevilla. Porque tú entras y te encuentras con el típico bar y la típica cafetería que está a pie de calle, y con numerosas cosas y curiosidades que son muy familiares para los que son de la ciudad.

Tan familiares que puedes reconocer las que forman parte de nuestra vida y dices: “Estoy en casa”. De la misma manera que tú dices “me siento en casa”.

Mª José Andrade: ¿Cómo ha sido construir esa calle para meterla aquí en el hotel?

Rosana González: Bueno, pues en el fondo ha sido fácil porque yo creo que Sevilla quería que otra vez el Colón perteneciese a la población, a la ciudad.

Han sido muchas horas de trabajo pensando cómo queríamos organizarlo. Pero luego ha sido una oportunidad de estar con mucha gente de Sevilla, como Amparo Gracia, que conocí gracias a la Exposición de 1929. Ella se volcó totalmente para cedernos objetos originales de la exposición y eso fue un gran momento para Sevilla.

Ella misma me presentó al nieto de Aníbal González, que nos cedió muchos de sus bocetos, lápices y demás objetos.

También al hermano mayor de la Macarena, que nos cedió todo lo que tenemos allí. A partir de ahí, conocí a Fernando Marmolejo quien nos ha donado cosas maravillosas como el Belén que tenemos o sus herramientas de trabajo.

Conocí al hermano mayor del Gran Poder, que se volcó. Los toreros lo mismo, casi se peleaban por colocar cosas suyas, sobre todo los retirados.

Poder tener el primer traje que utilizó Espartaco con 12 años y que fue la primera vez que se vistió de luces, o el capote de paseo de los cinco hermanos Ordóñez, es algo único; o contar con el fundón que le robaron a Morante de la Puebla en un viaje a México.

Cada objeto tiene su pequeña historia. Lo único que tenemos que es una réplica es el vestido de Grace Kelly.

Queremos involucrar al cliente con Sevilla y  Sevilla con el cliente y con el empleado que lo cuenta con tanto orgullo, y eso muy bonito.

Igual pasa con la literatura o las plantas dedicadas a distintos pintores, muchas de esas obras están en el Museo de Bellas Artes que tenemos aquí al lado.

Mª José Andrade: Además, está muy bien tematizado porque lo mismo te das la vuelta al mundo que haces la carrera oficial de la Semana Santa, o haces una visita panorámica por la Expo del 29 de Aníbal González .

Ves los capotes de los toreros, los vestidos de los toreros y todo lo que significa, porque además es nuestro “santo y seña” auténtico. Lo que somos de verdad. ¿La gente lo ve tal y como se intenta explicar?

Rosana González: ¡Es verdad… Tenemos la estantería de la vuelta al mundo con Magallanes!

Y sí, yo creo que sí. El otro día estábamos con un grupo de agencias de viaje de mucho lujo americanas y tuvimos la suerte de visitar la Basílica de la Macarena y que nos explicaran la gran labor que hacen las hermandades. Me las llevé a todas para que nos explicaran la gran labor que hacen las hermandades, y en este caso la Hermandad de la Macarena.

Fueron tan, tan, tan agradecidos que nos enseñaron hasta el camarín de la Virgen. Estaba con nosotros la guía que había estado enseñándole Sevilla y ella decía todo el tiempo: “No hace falta venir aquí, esto es un momento único e incomparable. Por favor, quédense en el hotel y vayan mirando cada detalle porque hay cosas que uno sueña con poder ver una vez en su vida y están en el Hotel Colón, puestas y son originales”.

Entonces me quedé y dije: “Pues sí, la gente sí que se da cuenta”.

 

 

 

Mª José Andrade: Rosana,  ¿de todos los tesoros que tienes aquí, con cuál te quedarías? Te doy a elegir tres.

Rosana González: Vale. Yo creo que el traje de flamenca de Lina, porque tengo devoción por Rocío y Mila, y poder conocer ese cariño que ponen a todo. Creo que Lina y sus hijas son, sin duda, algo muy grande en Sevilla como personas,  y no me extraña cuando Antonio Burgos denominó a su madre la Balenciaga de los vestidos de flamenca… Tuve la suerte de conocerla, de tenerla aquí en el hotel y mantener una relación con ella.

Luego, creo que el vestido de Espartaco, por ese momento único y porque él me dijo: “Te voy a dejar este vestido que es único y que está separado de todos los demás en mi casa. Ahora vete y diles a los demás que yo te he dado esto, a ver qué te dan ellos”.

Lo mismo hizo la Hermandad Macarena, cuya Junta de Gobierno, nos cedió todo lo que tenemos expuesto, como el casco de los armados que vienen y lo recogen para Semana Santa.

Este fue un primer paso que trajo muchas buenas posteriormente y que supuso un empujón para el hotel.

 

Creo que ellos tres son origen en Sevilla y resultado del Colón

 

Mª José Andrade: Rosana, lo has dicho antes, eres una disfrutona de la vida y vives el presente, el momento, el aquí y ahora, pero ¿Cuál es el momento de tu vida que más te ha impactado y con el que te quedarías? Aquí no te voy a dejar elegir tres.

Rosana González: Me siento muy afortunada. Cada paso que he dado hacia adelante me ha recompensado con muchísimas medallas personales de desarrollo personal.

Creo que quizás es cuando decidí que quería montar en una cometa y hacer kitesurf. Ha sido de las cosas que más me han marcado, porque durante mucho tiempo he pasado mucho miedo metiéndome al agua.

Me sentía segura en el agua porque soy como un pececillo, pero en el trayecto de la cometa por la arena, a veces he pasado un poco de miedo y ansiedad. Me he retado a mí misma hasta conseguirlo. Quizás eso eso un poco yo, me reto mucho a mí misma y no me dejo vencer, lo consigo.

Mª José Andrade: Y cuando estás ahí arriba con la cometa, ¿qué ves?

Rosana González: Pues yo no salto, me deslizo por el agua porque tengo todos los elementos: el agua, el viento, el aroma de la sal, el sol, el tacto del agua que te moja y te entra en los ojos, y también el sabor del agua con arena. Pero siento absoluta libertad.

Mª José Andrade: ¿Cuánto te queda por hacer, por vivir, por experimentar, por construir, por dar, por recibir? ¿Cuánto te queda?

Rosana González: Espero que mucho, mucho, mucho, mucho, porque soy disfrutona y quiero seguir dando y disfrutando de esa manera con todo el mundo. Y sobre todo, a mis padres, a mi vida personal, que a veces les resto muchas horas por mi pasión, que es el trabajo también.

Mª José Andrade: ¿Alguna vez le has preguntado a la vida algo y no te ha dado respuesta?

Rosana González: Con el tiempo siempre te da respuesta.

Yo te haría mil preguntas, Rosana, pero como voy a venir otro día a hacer el reportaje y nos vamos a meter en las tripas del Colón, seguiremos hablando.

Tenía muchísimas ganas de descubrir a la mujer que eres, a la profesional que eres, al corazón que se encierra en esa cabeza tan bien amueblada y que lo tiene todo tan claro. Que quiere tanto a Sevilla siendo burgalesa y que Sevilla tanto te quiere… Porque que lo sepas: Sevilla te quiere.

Los amigos te queremos, eres una mujer muy admirada. Yo la primera vez que te vi y te escuché, dije: “Yo quiero ser amiga de Rosana González” y creo que al final lo hemos conseguido. Por eso quiero agradecerte que me hayas hecho sentir por segunda vez como en mi casa, porque es así. Cuando vengo aquí y estoy un ratito contigo me siento como en mi casa…

 

Muchísimas gracias 

 

Rosana González: Gracias a ti, gracias por lo que nos das a todas con Mujeres Valientes. Y gracias por tu paciencia conmigo, que es eterna.

Mª José Andrade: La vida es esperar, que no se te olvide, porque siempre es bueno lo que llega detrás. 

Rosana González: Eso es verdad. Gracias a ti.

 

Escucha la entrevista completa en el canal de podcast de Mujeres Valientes

 

 

 

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