Cuando el Reino Unido sufre una ola de calor

 

 

Cuando el Reino Unido se derrite por una ola de calor… y nadie sabe muy bien qué hacer

 

Si alguien me hubiera dicho hace unos años que iba a escribir un artículo sobre las olas de calor en Inglaterra, probablemente me habría reído. Porque cuando pensamos en Reino Unido, pensamos en lluvia, paraguas, cielos grises y ese jersey que siempre hace falta, y no pensamos precisamente en una ola de calor tras otra. Y, sin embargo, aquí estamos.

En los últimos meses hemos vivido tres olas de calor, algo totalmente inusual para este país. El propio Met Office ha confirmado esta tercera ola de calor del año y que 2026 está siendo un año histórico por las temperaturas registradas. (Met Office) Lo más triste es que el calor aquí no es solo una molestia, también mata.

Hace apenas unos días se publicó un estudio elaborado por investigadores del Imperial College London, el Met Office y la London School of Hygiene & Tropical Medicine que dice que más de 2.700 personas fallecieron en Inglaterra y Gales durante las olas de calor de mayo y junio, y que alrededor del 42 % de esas muertes están relacionadas con el aumento de temperaturas provocado por el cambio climático. (Met Office)

 

Y, sinceramente, entiendo que a muchos españoles estas cifras nos sorprendan

 

Yo he vivido muchos veranos en Sevilla. He sufrido esos cuarenta y tantos grados que parecen derretir el asfalto y que convierten salir a la calle a las tres de la tarde en una actividad de riesgo. Por eso, cuando aquí hablan de calor extremo, muchas veces pienso que, objetivamente, no es un calor tan intenso como el que estamos acostumbrados a soportar en gran parte de España. Pero enseguida me doy cuenta de que la comparación no es justa.

Porque el problema no es sólo la temperatura, el problema es que Reino Unido está preparado para la lluvia y el frío, no para el calor. Muy pocas viviendas tienen aire acondicionado y los colegios tampoco. Muchos trenes funcionan con dificultad cuando las vías alcanzan determinadas temperaturas, hay oficinas que parecen invernaderos y casas que conservan el calor como si fueran hornos porque fueron construidas precisamente para mantener la temperatura durante el invierno, y eso se nota.

Durante estas semanas los periódicos no dejan de publicar recomendaciones sobre cómo protegerse del calor: beber agua constantemente, cerrar cortinas durante las horas centrales del día, evitar hacer ejercicio, vigilar especialmente a las personas mayores y a los niños… Incluso muchos ayuntamientos elaboran listas de bibliotecas, centros comunitarios, museos y otros edificios con aire acondicionado para que quienes lo necesiten puedan refugiarse allí durante las horas de más calor. Aquí una ola de calor se trata casi como una emergencia nacional.

Y quizá te estés preguntando qué hemos hecho nosotros durante esta última ola de calor. Pues te cuento. Hemos hecho exactamente lo que haría cualquier persona de vacaciones… adaptarnos.

Estos días he tenido la suerte de recibir la visita de una de mis hermanas. La pobre venía buscando el fresquito inglés, las nubes y esa lluvia de la que siempre nos quejamos quienes vivimos aquí. Pero lo que se encontró fue una Inglaterra más propia de Andalucía que del sur de Londres. Pero eso, por supuesto, no nos impidió disfrutar.

 

 

Uno de los días nos fuimos al torneo de tenis de Wimbledon. Nos sentamos tranquilamente a tomar unos Pimm’s, probablemente la bebida más típica del verano británico. Si nunca lo has probado, te lo recomiendo. En cuanto sale el sol, es difícil encontrar un jardín, una terraza o un torneo de tenis donde no haya alguien disfrutando de un vaso de Pimm’s.

Y, cómo no, también tomamos unas fresas con nata, otro de los grandes clásicos del verano inglés gracias al torneo de Wimbledon.

Pasamos el día viendo partidos de jóvenes promesas del tenis y disfrutando de ese ambiente tan especial que convierte a Wimbledon en la capital mundial del tenis durante unas semanas. Eso sí… sudamos la gota gorda.

Durante estos días también hemos salido a comer varias veces, hemos disfrutado de algún brunch (reconozco que no perdono unos buenos huevos Benedictinos), hemos ido a ver el musical Mamma Mia!, hemos vivido los partidos de España en un pub rodeadas de aficionados ingleses que, para mi sorpresa, nos animaban, celebraban los goles con nosotros e incluso pedían hacerse fotos con nuestras camisetas de España.

 

 

Y también hemos encontrado tiempo para hacer una buena paella en casa con amigos. Porque hay tradiciones que una nunca pierde, por muchos años que lleve viviendo fuera.

Al final, mi hermana no encontró el verano inglés que esperaba. No hubo paraguas, ni chaquetas, pero sí encontró algo mucho más importante. Encontró un Reino Unido diferente al de los tópicos. Un país que también se derrite cuando aprieta el sol, que intenta adaptarse a un clima que está cambiando más deprisa de lo que muchos imaginaban y que, aun en plena ola de calor, sigue llenando los pubs, los parques y las pistas de tenis para disfrutar del verano.

Después de vivir tantos años aquí, he aprendido que Reino Unido siempre consigue sorprenderme: unos años por la lluvia interminable y otros por un calor que nadie esperaba. Porque vivir en otro país también consiste en eso: descubrir que los tópicos cambian, que los lugares evolucionan y que siempre hay una historia que contar aquí en Mujeres Valientes

 

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