Queridos Reyes Magos: Un regalo para todos los expatriados

 

Carta a los Reyes Magos de una expatriada

 

La Navidad, para mí, siempre comienza el 22 de diciembre, ese día mágico en el que España entera se detiene para escuchar el sorteo de El Gordo’. Desde pequeña, este día era sinónimo de ilusión, de sueños compartidos y de momentos en familia. Me transporta a recuerdos inolvidables: mi madre preparando el puchero mientras la televisión anunciaba los números ganadores y mis hermanas y yo, sentadas alrededor de la mesa, imaginábamos qué haríamos si nos tocara un pellizquito de suerte.

Ahora que vivo lejos de mi país, esas imágenes regresan con más fuerza cada diciembre. No puedo evitar explicarle a mis alumnos la magia de este día: cómo en España todos soñamos, aunque sea con un premio pequeño, y cómo el sorteo trae consigo historias entrañables, alegrías inesperadas y una chispa de esperanza.

Suelo mostrarles los anuncios de la lotería de Navidad, que ya se han convertido en un clásico en mis clases por estas fechas. Además, les explico que cada año sigo viendo las noticias del sorteo, con las caras radiantes de quienes han tenido suerte y los pueblos celebrando los premios unidos. Ojalá este año la fortuna vuelva a repartirse bien.

Sin embargo, hoy no quería escribir solo de loterías. Inspirándome en esta época llena de deseos y generosidad, me atrevo a escribir mi propia carta a los Reyes Magos.

Queridos Reyes Magos,

Este año no quiero nada material para mí. Mi lista de deseos es un poco distinta, y espero que la consideréis con especial cariño:

Para las familias separadas por la distancia, os pido un saco lleno de abrazos que crucen fronteras: llamadas inesperadas, recuerdos compartidos y momentos mágicos, aunque sean a través de una pantalla.

Para los que acaban de comenzar su aventura lejos de casa, regaladles una caja repleta de confianza, resiliencia y calidez. Que encuentren amistades nuevas que los hagan sentir acogidos.

Para quienes llevan años lejos, dejad bajo su árbol la capacidad de mantener vivas sus tradiciones mientras abrazan las del lugar que ahora llaman hogar.

Para todos los expatriados, repartid muchísima salud, porque con ella podemos enfrentarnos a cualquier reto y seguir construyendo nuestras vidas con alegría.

A veces, vivir lejos me hace valorar aún más lo que echo de menos: el aroma de las comidas caseras, el bullicio de las reuniones familiares, las conversaciones interminables alrededor de una mesa. Los españoles que vivimos fuera solemos hablar mucho de nuestra comida. En esta época, especialmente, añoro mis gambas blancas de Huelva, las chacinas y carnes ibéricas, y, cómo no, los mantecados de la pastelería Dolago de Punta Umbría, que para mí son los mejores.

Sin embargo, también pienso en todo lo que tengo. Aquí, en mi hogar lejos de casa, cuento con una vida que me llena: una casa donde me siento cómoda, un trabajo que me apasiona y una familia increíble, con sus cosas, como todas, pero que no cambiaría por nada del mundo. Y, sobre todo, tengo salud.

Hace un tiempo enfrenté una etapa difícil que me enseñó a mirar cada día con gratitud y a ser valiente. Por eso, hoy puedo decir que ya me ha tocado El Gordo: estoy aquí, disfrutando de todo lo bueno que la vida me da, con la fuerza y la alegría de alguien que ha aprendido a celebrar cada instante.

A quienes me leen, quiero desearos unas fiestas llenas de momentos entrañables. Donde quiera que estéis, que la Navidad os traiga la calidez de un hogar, la fuerza de los recuerdos y la ilusión de todo lo bueno que está por venir.

Así que, y sin más… ¡FELIZ NAVIDAD!

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Diana Granada
dianagran1@hotmail.com
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