Procrastinar... O el vicio de dejar las cosas para más tarde. Mujeres Valientes

Procrastinar… O el vicio de dejar las cosas para más tarde

Procrastinar... O el vicio de dejar las cosas para más tarde. Mujeres Valientes

Procrastinar… El «arte» de dejar para mañana lo que podemos hacer hoy

 

Esta palabra, tan compleja y complicada de decir de un golpe, hace referencia al hábito de retrasar actividades o situaciones que, deben atenderse y que además terminan siendo sustituidas por otras acciones o situaciones, menos importantes y más agradables.

Según los académicos… «La procrastinación tiene lugar, no cuando decides dejar algo para mañana, sino cuando lo haces a sabiendas de que será perjudicial y va contra ti mismo. Ahí está el punto de irracionalidad. Procrastinar incide negativamente en nuestra moral, aumenta nuestro estrés y, en definitiva, no nos hace más felices” Francisco Sáez.

En este sentido, la procrastinación es ese tintineo, ese run run que tenemos en nuestra cabeza de forma permanente. Es esa tarea pendiente que, se mantiene de forma casi indefinida, mientras hacemos otras muchas cosas.

 

«Procrastinar incide negativamente en nuestra moral»

 

Pero muy en contra de lo que podamos pensar, la procrastinación no es una cuestión de desidia, cansancio u holgazanería. No se trata de un rasgo de personalidad, o de una predisposición genética. Incluso me atrevería a decir que, no se trata de una mala gestión del tiempo.

Más bien, se trata de un problema de regulación de emociones, se trata de tareas que postergamos, porque tienen asociada una emoción o una valoración de carácter negativo que, puede ir desde el aburrimiento hasta el dolor o la culpa más profunda.

Esto nos puede pasar con la realización de un informe, el dobladillo del pantalón por coser o con la mesa pendiente de barnizar. Con el cajón de los calcetines, la ropa de invierno o el libro que tenemos sobre la mesita de noche, desde hace 6 meses con el marcapáginas en el mismo sitio.

Y esto también sucede con cosas mucho más intangibles y no menos importantes, como puede ser: un café, una declaración de intenciones, una disculpa o un abrazo a tiempo.

La procrastinación es  esa dificultad, a la hora de comenzar y de comprometernos con esa actividad o esa decisión que tenemos pendiente, aún a pesar de ser importante, siendo evitada o sustituida no por la pérdida de tiempo sino, por la realización de otras muchas cosas mucho menos relevantes.

 

La clave está en la autoconciencia

 

El primer paso sería entender qué es la procrastinación e identificarnos con conductas de este tipo. Esto es esencial para poder intervenir en éstas. Lo segundo y no menos importante, es identificar por qué estamos procrastinando. Responder a esta pregunta puede ser realmente complicado.

Podemos procrastinar porque la tarea en sí no nos guste, nos resulte aburrida, innecesaria o porque venga impuesta y no percibamos el verdadero sentido de utilidad. Quizás el motivo sea, su falta de definición, es decir, no tenemos claro qué es lo que tenemos que hacer, ni tampoco conocimiento acerca de la mejor forma de hacerlo, por lo que te invade es ese “no saber por donde empezar”.

 

Quizás el motivo sea la necesidad de perfección o el miedo al fracaso

 

El tercer paso es reconocer los beneficios que nos reportará la ejecución de dicha tarea. Quizás hacer una lista acerca de los aspectos positivos frente a la ejecución de la tarea, nos ayude a proyectar su realización y la haga más posible.

 

El cuarto paso consiste, en dividir la tarea por objetivos o por acciones específicas que nos ayuden a ir avanzando en su ejecución y la vayan haciendo más real y posible. Por último, ponernos en marcha y tomar decisiones.

Esto nos hará sentir que asumimos el control de la ejecución de la tarea y el beneficio que nos reportará el ver que ya hemos empezado, nos proporcionará la satisfacción necesaria para seguir adelante en el cumplimiento de nuestros objetivos.

Estrés, ansiedad, baja autoestima, angustia o culpa son algunas de las emociones asociadas a ese ”dejar para después infinito” que asociamos a algunas tareas, y que en la mayor parte de las situaciones, nos provoca bastante malestar. Pero, lo que convierte en un vicio la procrastinación no es más que el alivio inmediato provocado por ese “lo haré más tarde”.

Por otra parte, la  búsqueda de la perfección y el miedo al fracaso, el pensar que podemos con todo, la complacencia o la necesidad de aceptación. Todos estos factores predisponen a que una persona procrastine determinas tareas o decisiones.

¿Qué podemos hacer? Aprender a diferenciar entre lo importante y lo urgente, lo aplazable y lo inaplazable. Estableciendo prioridades y respetando nuestros propios recursos de forma realista y asociando a cada tarea tiempos de ejecución.

Cuando descubres el significado de lo que es la procrastinación. Parece que todo lo que te había estado pasando encaja de repente y descubres el motivo real por el cual no habías estado siendo una persona productiva de un tiempo a esta parte o el por qué de tu insatisfacción a pesar de estar “haciendo cosas” y del cumplimiento de otras muchas tareas y obligaciones.

Rocío Fernández
rfernandez.diaz87@gmail.com
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