Peinados, mujeres y poder en el Renacimiento. Mujeres Valientes.

Peinados, mujeres y poder en el Renacimiento

Peinados, mujeres y poder en el Renacimiento. Mujeres Valientes.

 

Peinados… La forma de reivindicar el poder de la mujer.

 

El proyecto vicentino, comisariado por Howard Burns, Vincenzo Farinella y Mauro Mussolin, escoge a Faustina Mayor como musa inspiradora para afrontar por primera vez con un corte monográfico un aspecto fundamental del arte, de la cultura, de la sociedad y de los estudios anticuarios: el peinado femenino.

Y la elección no podía caer mejor: como el retrato de Anna Galeria Faustina (105-140), llamada Mayor para distinguirla de la hija homónima, con la marcada finura de su peinado denominado ‘de turbante’ o ‘de torre’, que se refiere a los tres tipos retratísticos adoptados por esta emperatriz.

La cara está enmarcada por una franja de la cabellera dividida en dos partes onduladas y simétricas, superadas por dos mechones retorcidos, en forma de rosita; por detrás cuatro trencitas se recogen en una elaborada espiral hacia lo alto de la nuca para formar una especie de torre.

 

Faustina Mayor… La musa del peinado femenino

 

De hecho, se trata de una evolución de los peinados de turbante ya de moda en la primera época Adriana, justo con forma de turbante, que con Faustina deviene más regular y cónico hacia la parte superior.

Por lo que respecta a la fecha de la pieza, aunque –la consonancia con el arquetipo, ideado probablemente en 138 con ocasión de su nombramiento de Augusta-, fuera evidente el resultado de los rasgos somáticos del rostro de la soberana.

Estos rasgos más dulces respecto a la precisa definición y casi dureza de los lineamientos de sus retratos realizados de viva, induce a pensar a una figuración póstuma, propagandística, queriendo afirmarse como símbolos del orden y del rigor moral que el nuevo curso del Principado quería encarnar.

 

 

De igual modo, la constancia y la frecuencia de la representación de Faustina Mayor, sola o en contacto con el marido, era claramente propensa a simbolizar la estabilidad del poder imperial y la continuidad del sistema dinástico, del que la diva Faustina se habría convertido en la deidad tutelar, dada su muerte y su divinización poco después de la subida al poder del consorte en el año 141.

A causa de la tardía identificación en el tercer decenio del siglo XX de la mujer retratada en el conocido busto con Faustina, -Augusta del imperio romano, perteneciente a la dinastia de los Antonini-, ha resultado difícil reconstruir la historia coleccionística de la obra.

Una historia presente con toda seguridad en las colecciones propiedad de los Uffizi, al menos desde 1914, y actualmente colocada en la Villa Medícea de Corsini en Castello.

Y ahora, valiéndose de una selección de 70 piezas cedidas por importantes instituciones nacionales e internacionales junto con la colección de Intesa Sanpaolo, (entre bustos, pinturas, esculturas, monedas antiguas, medallas modernas, dibujos así como tomos de imprenta), la exposición revive el universo fascinante y complejo de la cabellera de los siglos XV y XVI, las derivaciones artísticas que han ofrecido y su importancia en la sociedad y en la moda italiana.

 

El título recuerda uno de los peinados más espectaculares y famosos, el de la emperatriz Faustina Mayor, convertida en símbolo de concordia y amor conyugal

 

Su busto presente en las más famosas colecciones anticuarias renacentistas -sea de autores como Lorenzo Ghiberti y de Andrea Mantegna y de clientes como Lorenzo el Magnífico e Isabella d’Este-, se convirtió en un celebrado modelo artístico y por medio de numerosas copias dieron gran visibilidad a la excéntrica cabellera que acabó siendo adoptada por tantas mujeres, especialmente en Véneto.

Ocho salas se dividen el contenido para resaltar su propia importancia

 

Tras un prólogo dedicado al tema de la “melena de Berenice”, la primera sala describe el redescubrimiento de Faustina Mayor y de su particularísimo peinado; la segunda recorre la historia del retrato femenino en el arte griego y romano enfocando la gran variedad de ambas civilizaciones.

La tercera muestra la liberación de los cabellos de las mujeres, alcanzada en el siglo XV gracias al prestigio de los modelos clásicos. La cuarta propone una inevitable confrontación con los peinados masculinos, que sin ser menos de los femeninos, recuperaron los modelos clásicos con sensibilidad moderna.

La quinta narra el interés de Miguel Ángel por la figuración de los cabellos femeninos, examinando especialmente los dibujos con las “cabezas divinas”. La sexta considera los peinados testimonios de la nueva visibilidad de la mujer en la sociedad y de su capacidad de expresar códigos de costumbres según los contextos, desde las cortes a los burdeles.

La séptima se dedica a la atención reflejada en el cine por los peinados femeninos, antiguos y modernos; la octava y última sala documenta cómo el peinado de Faustina -hilo conductor de la galería expositiva- haya continuado a ejercer gran atracción incluso en la edad neoclásica y, sobre todo, en las retratística del gran escultor Antonio Cánova.

Se añade una serie de retratos de protagonistas del Renacimiento, entre las cuales Lucrecia Borgia, Isabella d’Este, Vittoria Colonna y Leonor de Toledo (a la que ya le dediqué una reseña en este espacio, tildada de “influencer” de su época, debido a su exquisita elegancia), ahondando en la expresividad de los peinados de la retratística oficial, y subrayando cómo las mismas mujeres lo utilizaban para simbolizar valores culturales y modelos de comportamiento.

 

Rememorando su curso, el primer peinado de la historia fue probablemente trenzado

 

Veinte mil años a.C., las Venus primitivas estaban representadas con peinados de elaborados rizos ordenados alrededor de la cabeza. Desde la antigua Grecia, el peinado estaba considerado muy importante y requería particulares cuidados.

Solo en el año 300 a.C. empezaron a aparecer en Roma los primeros barberos procedentes de Sicilia, mientras para las mujeres se difundía la costumbre de anudar los cabellos en trenzas. En la Edad Media el modo en que se llevaba el pelo debajo del tocado no era muy importante y las mujeres de entonces preferían concentrarse en la comodidad.

La solución más común era determinada por una raya central acompañada de peinados estrechos y recogidos en la parte posterior de la nuca, similares a las trenzas modernas.

Y así sucesivamente…

LAS TRENZAS DE FAUSTINA. Peinados, mujeres y poder en el Renacimiento.

Galerías de Italia- Palacio Leoni Montanari – Vicenza (Hasta el 7 de abril 2024)

Carmen del Vando
mjandrade@rtva.es
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