
29 Jul El pebbling como mecanismo de control emocional
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Pebbling: el lenguaje afectivo que triunfa entre la juventud
Este artículo para Mujeres Valientes nace de la controversia, de la experiencia directa en consulta, del recuerdo de algún que otro amor, de esos que se recuerdan para siempre. Y de términos encontrados como es el amor y la violencia, solapados, ejecutados a la par, de forma innegablemente indivisibles.
Incómoda a la escritura, dolorosamente difuso en sus manifestaciones.
EL AMOR
Nos enviábamos cartas, de esas que guardábamos arrugadas en la palma de la mano o un poco más formales, de esas con sello y remitente. Jugábamos a coincidir, alternando lo que se esperaba del presente y del futuro. Y hacíamos cosas de esas que implicaban tiempo, secreto y compromiso. Diarios, llamadas perdidas, o mensajes de texto sin espacio. Usábamos frases cursis o comprábamos revistas desacertadas, para ver si era o no el momento oportuno, según decía el horóscopo.
Éramos transgresoras y por eso les regalábamos flores a ellos o nos vestíamos de rojo cuando se suponía que debíamos ir de negro. La feria del pueblo, los trajes cosidos, los farolillos o el Canguro. Nos queremos igual que antes, pero ciertamente no lo hacemos de la misma forma. Y esto simplemente forma parte de este devenir de las cosas. Antes, lento, confuso, itinerante, controvertido. Disperso, a escondidas, en secreto, selectivo, vulnerable, sin exposición, arriesgado.
El desarrollo tecnológico, la creación de nuevos canales de comunicación y la pandemia, entre otros muchos factores, han supuesto un antes y un después en el desarrollo de las relaciones. En la manera de conectar, de interactuar, de ser y de querernos. Y esto, de forma inevitable a quienes más afecta es a nuestra población más joven, aunque bien es cierto que nos repercute a todos y a todas, en mayor o en menor medida.
EL PEBBLING
El pebbling, que no es más que una de las tantas formas que actualmente hay de quererse, se relaciona con la teoría del apego, con el lenguaje del amor y se fundamenta en la psicología y en la neurociencia.
El pebbling no es más que una forma de querer y quererse basada, en el cortejo, la sencillez que se esconde en lo cotidiano y se alimenta de los detalles simples.
Pero no me refiero a una relación a la antigua usanza o como las de antes, me refiero a una relación marcada por una intensa comunicación digital, llenando los vacíos con simbolismo y significado, haciéndose presente de forma prácticamente continua y valorando y validando la importancia de la inmediatez en las respuestas.Acortar con IA
Pero ¿Nos referimos a gestos de amor? o ¿Estamos más bien hablando de herramientas de control? Porque con estos matices y en este contexto, el pebbling podría ser entendido como el terreno fértil para la creación de conductas posesivas y manipuladoras, especialmente en relaciones inmaduras o frente a relaciones que no se han construido relaciones sobre un apego seguro.
Por lo que, en este caso, el pebbling, pasaría a ser entendido como mecanismo de control emocional. Como parte de una estrategia compleja basada en la deuda emocional, generador de confusión (a través del refuerzo intermitente) e interfiriendo sobre la anulación de la autonomía.
Hablamos de jóvenes con dificultades para hablar de sus emociones de forma directa. Jóvenes, me atrevería a decir la mayoría, que a causa del uso excesivo y el aislamiento social provocado por el desarrollo tecnológico han determinado la forma de gestionar y gestionarnos. Jóvenes intolerantes al vacío que supone la frustración, explosiones emocionales como mecanismos de autogestión e incluso conductas de carácter autolesivo frente a situaciones de difícil comprensión o que suponen “mirar hacía dentro” y sentir vacío o enfrentar soledad sin sentido.
Jóvenes con estos perfiles que inician relaciones emocionales y/o afectivas con estas características
Emociones que se construyen sobre un tipo de apego inconsistente que, de forma irrevocable, terminan sucumbiendo a la trampa mecanismos tales como: las autojustificaciones, las microagresiones,el llamado gaslighting o el love bombing.
Pero, ¿Cómo diferenciar entre una relación sana o una con matices manipulativos? ¿Cómo poder detectar entre nuestros jóvenes y nuestras jóvenes si lo que se está gestando, es una relación de violencia encubierta? ¿Cómo saber si detrás de esa videollamada frecuente de nuestro hijo o de nuestra hija, no se esconde una relación basada en el control?
El pebblling sano, parte de una dinámica recíproca y libre, refuerza la individualidad, respeta la autonomía y la libertad en las partes. Además, se desarrolla sin expectativas, sin esperar una medida concreta y el intercambio afectivo se considera valioso para las dos partes. Por el contrario, es cuando el intercambio emocional genera presión o refuerza la dependencia, cuando os planteamos que no se trata de una relación sana, independientemente de la tipología de relación a la que, nos estemos refiriendo.
Si el vínculo afectivo que se establece, se usa para ejercer control o evaluar de forma constante a la otra persona o si la exposición o lo que se comparte, se efectúa con la necesidad de generar validación por parte de la otra persona, estamos entrando en una dinámica afectiva poco recomendada en la que. las partes de confunden en vez de fortalecerse a través del disfrute y desarrollo de las individualidades.
Podríamos preguntarnos, ¿de qué forma repercute esto en quien lo sufre? A nivel emocional y/o psicológico, podríamos hablar de confusión
La confusión es esa necesidad casi constante de “interpretar el mensaje detrás del mensaje” dentro de la pareja. Otro factor determinante es el sentimiento de culpa sin razón clara, respuestas de carácter ansioso o nerviosismo no esperados frente a detalles para los que se espera la conducta contraria y la autojustificación constante de la relación, esta es la necesidad de convencimiento hacia sí mismo o misma para mantenerse dentro de la relación establecida.
Pero también hay cambios a nivel de percepción y en lo que se refiere a la toma de decisiones. Esto se mide a través de la necesidad de aprobación y/o búsqueda constante de validación por parte de la pareja, dificultad para identificar la manipulación y sensación de estar en deuda de forma constante. A nivel conductual, se produce un aislamiento progresivo, se finge ese estado de “plenitud y felicidad” y la tendencia a minimizar o exculpar comportamientos tóxicos que se convierten en justificaciones constantes de las faltas de respeto reiteradas y repetitivas provocadas por parte de la pareja.
Pero, ¿Cuáles son las señales de alerta a las que padres y madres debemos atender para saber si nuestro hijo o nuestra hija está envuelto o envuelta en un tipo de relación muy alejada de aquello que se ve o se muestra? Debemos atender a posibles cambios emocionales repetitivos o que incluso podríamos tratar como inexplicables: tristeza, ansiedad, irritabilidad, distracciones. Excusas constantes para no asistir a situaciones sociales, de las que antes disfrutaban y que ahora se evitan, acompañadas de esa pregunta frecuente, sobre si puede o no ir la pareja.
Cambios conductuales manifestados a través de evitaciones, cosas que dejan de decir o hacer “por no molestar”. Relato contradictorio de la relación, esto es, te están contando lo atento o lo atenta que es en alternancia con peleas frecuentes y/o enfados, minimizando comportamientos preocupantes o realizando justificaciones del tipo “eso lo hace porque me quiere”. Cambios en la autoestima e influencia sobre la autopercepción. Se culpan a pesar de no ser la persona responsable, y muestran miedo o ansiedad a desagradar o perder a su pareja. Otro factor determinante, es la hipervigilancia digital y el control sobre el teléfono y las redes sociales.
¿Qué debemos hacer como padres, madres o figuras de referencia? Te doy 7 recomendaciones, 1 principio fundamental y 1 clave
- Trabajar relaciones familiares basadas en un tipo de apego seguro: esto es, crear un espacio seguro con relaciones estables.
- Hablar de relaciones sanas con anticipación: desmontar mitos y hablar de realidades no predispone, protege.
- Fomentar el vínculo de confianza desde lo cotidiano: escuchar sin interrogar.
- Abrir canales de comunicación: escuchar sin prejuzgar.
- Ayudar a nombrar lo que sienten.
- Observar los cambios sin invadir a través del respeto.
- Prestar atención al uso de redes sociales y tecnologías
Principio fundamental: No juzgar y/o criticar directamente a su pareja, esto se hace no perdiendo el propósito o lo que es lo mismo, centrándote en cómo se sintió tu hijo o tu hija cuando él o ella los trató de aquella forma o les dijo aquella cosa.

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