Mujeres y meritocracia... Tanto tienes, tanto vales

Mujeres y meritocracia… Tanto tienes, tanto vales

 

 

Mujeres y meritocracia…

 

… Tanto vales… Si hay frases que han impactado negativamente en nuestro imaginario colectivo y en la manera en la que nos autopercibimos, esta es una de las que más. Y si a continuación añadimos “Tienes en función de lo que vales y te esfuerzas”, el cóctel está servido.

Porque, ¿Qué se puede deducir de esa forma de ver el mundo?

  1. Si aún no he conseguido lo que deseo (y es esperable para mí), es porque probablemente no valgo; no tengo el talento o la capacidad para alcanzarlo.
  2. Mis esfuerzos no sirven.
  3. Luego, si aún poniendo mi esfuerzo y talentos no alcanzo mi meta, lo mejor será que me olvide y me conforme porque “el éxito no es para mi”.

Este sería, de forma resumida, el círculo vicioso que va mermando la confianza en nuestras posibilidades y del que se alimenta nuestra impostora.

 

Seguro que te suena y sabes de lo que hablo. Entramos en el mundo de la meritocracia

 

Esta forma de evaluar (y etiquetar) a las personas en función de los resultados, crea desigualdad en general y afecta a las mujeres de una forma particular, ya que obvia muchas variables que influyen en la consecución de logros.

Algunas de estas variables son bastante claras: lugar de nacimiento, posición socioeconómica familiar, pertenencia a determinado grupo (sexo, etnia, religión,…), etc; todas ellas son medibles pero escapan de nuestro control. Nacemos y automáticamente adquirimos una posición en el tablero del juego.

Otras variables, cuesta más identificarlas pero también son determinantes: la seguridad para mostrar cómo somos o la confianza a la hora de desempeñar nuestro trabajo. Estas sí son modulables; son caracteres aprendidos con la educación recibida y las experiencias propias. Así que como todo lo aprendido, se puede desaprender. Difícil, pero posible.

El gran problema es que esta manera de valorarnos a nosotros mismos y a los demás, está tan intrínsecamente arraigada en la sociedad, en nuestro sistema de valores y creencias, que nos cuesta verlo y cuestionarlo.

Medir solo los resultados sin tener en cuenta los recursos de los que la persona dispone para lograrlos, directamente, falsea las conclusiones. Esto, en cualquier estudio serio, es lo primero a tener en cuenta: las diferentes condiciones de las muestras estudiadas.

En el caso de las mujeres, en particular, se obvia la estructura social en la que viven y la distribución de tareas asociadas a ellas en dicha sociedad, generando una visión sesgada de la valía femenina.

Cogiendo las palabras de M. Àngels Viladot, doctora en Psicología Social y autora de una docena de libros, entre ellos uno publicado por la editorial UOC y titulado Género y poder en las organizaciones, «Decir que gracias a la meritocracia las mujeres llegan más arriba y que, si eres mujer y no subes, es por carencias profesionales o de personalidad es una gran mentira». Un porcentaje bajo de mujeres directivas «solo justifica el statu quo y no permite que las mujeres puedan cambiar las reglas, por ejemplo, para mejorar la conciliación», que es uno de los mayores frenos a los que nos enfrentamos hoy en día.

 

Pero algo podremos hacer, ¿no?

 

Como le decía hace unos días a mi hija de 9 años: “no es lo mismo el valor de tu trabajo que la nota que te pongan. Puede que no esté perfecto, pero tu trabajo y el tiempo que le has dedicado valen mucho. No lo infravalores nunca. Muéstralo, independientemente de cómo lo vayan a calificar”. Para mí esto es un punto crucial: no desvalorizar quiénes somos, lo que hacemos y lo que tenemos.

Por otro lado, aceptando que la realidad es la que es y que no todo el mundo recibe las mismas cartas ni tampoco le van a llegar las mismas oportunidades, nos queda una baza importante por jugar: la de no rendirnos… ¿Es injusto? Sí, porque recae todo el peso sobre nosotras y en nuestra actitud para darle la vuelta y es cansado. Pero también tenemos la oportunidad de derribar las expectativas, de ejercer esa pequeña rebeldía.

La partida se va a jugar de todas formas, te gusten las reglas o no. Y como diría El Chojin “o te mueves tú o te mueven ellos”. Mueve tú, siempre.

#Mujeresreferentes #mujeresvalientes

 

 

 

 

Raquel González
rq.glez.ruiz@gmail.com
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