
23 Oct Mujeres y meritocracia… Tanto tienes, tanto vales
Mujeres y meritocracia…
… Tanto vales… Si hay frases que han impactado negativamente en nuestro imaginario colectivo y en la manera en la que nos autopercibimos, esta es una de las que más. Y si a continuación añadimos “Tienes en función de lo que vales y te esfuerzas”, el cóctel está servido.
Porque, ¿Qué se puede deducir de esa forma de ver el mundo?
- Si aún no he conseguido lo que deseo (y es esperable para mí), es porque probablemente no valgo; no tengo el talento o la capacidad para alcanzarlo.
- Mis esfuerzos no sirven.
- Luego, si aún poniendo mi esfuerzo y talentos no alcanzo mi meta, lo mejor será que me olvide y me conforme porque “el éxito no es para mi”.
Este sería, de forma resumida, el círculo vicioso que va mermando la confianza en nuestras posibilidades y del que se alimenta nuestra impostora.
Seguro que te suena y sabes de lo que hablo. Entramos en el mundo de la meritocracia
Esta forma de evaluar (y etiquetar) a las personas en función de los resultados, crea desigualdad en general y afecta a las mujeres de una forma particular, ya que obvia muchas variables que influyen en la consecución de logros.
Algunas de estas variables son bastante claras: lugar de nacimiento, posición socioeconómica familiar, pertenencia a determinado grupo (sexo, etnia, religión,…), etc; todas ellas son medibles pero escapan de nuestro control. Nacemos y automáticamente adquirimos una posición en el tablero del juego.
Otras variables, cuesta más identificarlas pero también son determinantes: la seguridad para mostrar cómo somos o la confianza a la hora de desempeñar nuestro trabajo. Estas sí son modulables; son caracteres aprendidos con la educación recibida y las experiencias propias. Así que como todo lo aprendido, se puede desaprender. Difícil, pero posible.
El gran problema es que esta manera de valorarnos a nosotros mismos y a los demás, está tan intrínsecamente arraigada en la sociedad, en nuestro sistema de valores y creencias, que nos cuesta verlo y cuestionarlo.
Medir solo los resultados sin tener en cuenta los recursos de los que la persona dispone para lograrlos, directamente, falsea las conclusiones. Esto, en cualquier estudio serio, es lo primero a tener en cuenta: las diferentes condiciones de las muestras estudiadas.
En el caso de las mujeres, en particular, se obvia la estructura social en la que viven y la distribución de tareas asociadas a ellas en dicha sociedad, generando una visión sesgada de la valía femenina.
Cogiendo las palabras de M. Àngels Viladot, doctora en Psicología Social y autora de una docena de libros, entre ellos uno publicado por la editorial UOC y titulado Género y poder en las organizaciones, «Decir que gracias a la meritocracia las mujeres llegan más arriba y que, si eres mujer y no subes, es por carencias profesionales o de personalidad es una gran mentira». Un porcentaje bajo de mujeres directivas «solo justifica el statu quo y no permite que las mujeres puedan cambiar las reglas, por ejemplo, para mejorar la conciliación», que es uno de los mayores frenos a los que nos enfrentamos hoy en día.
Pero algo podremos hacer, ¿no?
Como le decía hace unos días a mi hija de 9 años: “no es lo mismo el valor de tu trabajo que la nota que te pongan. Puede que no esté perfecto, pero tu trabajo y el tiempo que le has dedicado valen mucho. No lo infravalores nunca. Muéstralo, independientemente de cómo lo vayan a calificar”. Para mí esto es un punto crucial: no desvalorizar quiénes somos, lo que hacemos y lo que tenemos.
Por otro lado, aceptando que la realidad es la que es y que no todo el mundo recibe las mismas cartas ni tampoco le van a llegar las mismas oportunidades, nos queda una baza importante por jugar: la de no rendirnos… ¿Es injusto? Sí, porque recae todo el peso sobre nosotras y en nuestra actitud para darle la vuelta y es cansado. Pero también tenemos la oportunidad de derribar las expectativas, de ejercer esa pequeña rebeldía.
La partida se va a jugar de todas formas, te gusten las reglas o no. Y como diría El Chojin “o te mueves tú o te mueven ellos”. Mueve tú, siempre.
#Mujeresreferentes #mujeresvalientes

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