Mujeres del Cuerpo Nacional de Policía… Simplemente extraordinarias

Mujeres del Cuerpo Nacional de Policía… Simplemente extraordinarias

¿Quién de pequeña no ha querido salvar el mundo? Yo la primera, pero nunca se me ocurrió decir que elegiría como profesión ser policía. Quizás porque eran otros tiempos y las mujeres aún no ocupaban profesiones en las que ahora se ven desempeñando un papel principal con total normalidad.

Siempre he sentido un profundo respeto por las personas que trabajan para los demás. Por eso este reportaje está dedicado a esas mujeres que forman parte de las distintas unidades del Cuerpo Nacional de Policía (CNP). Ellas son mujeres, madres, esposas, hijas, hermanas, amigas pero sobre todo, y por encima de todo, son Policías con mayúsculas.

Ellas son Sonia, Natalia, Macarena, Mercedes, Cristina y Mónica… Esta es su historia y este el homenaje que se merecen.

 

 

Sonia P. Unidad de Prevención y Reacción.UPR

 

 

Una sonrisa llamada Sonia me espera a la entrada de la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de Blas Infante de Sevilla. Un torrente de pura energía que comienza a contarme, desde el principio, cómo es la vida de una mujer policía.

Me presenta a sus compañeros, Antonio, José Carlos y Pablo, y rápidamente menciona a todos los que faltan, “normalmente somos cinco contando con Soler, Rubén, Jairo, Álvaro y Rubén”. Un equipo, perfectamente cronometrado, que trabaja, diariamente, brindando protección a los sevillanos.

Parecen invisibles, pero no lo son. Pasan inadvertidos a no ser que tengan que realizar alguna actuación y consiguen, como por arte de magia, que un furgón llamativo forme parte del paisaje diario de una ciudad que duerme y se despierta al cuidado de un cuerpo en el que la mujer está muy presente (más de 9.000 mujeres forman parte del Cuerpo Nacional de Policía en toda España).

Sonia es diplomada en turismo y licenciada en psicología y psiquiatría forense. Habla francés e inglés; y así, sobradamente preparada, comienza junto a sus compañeros una jornada de trabajo que se sabe cómo comienza pero no cómo terminará.

Hablan, bromean, escuchan música (muy bajita porque tienen que oír los equipos); y si no fuera por el uniforme, las armas reglamentarias y el trabajo al que se dedican, se diría que es como cualquier otro.

Sonia habla de sus compañeros y se refiere a ellos de forma tajante: “son los mejores” me dice mientras tomamos un café en la cafetería del Cortijo del Cuarto. Sale el tema de Cataluña y es que ella lo vivió junto a ellos en la llamada Operación Copérnico es más duro de lo que se vio  en televisión”.

Nos vamos hasta Las Tres Mil Viviendas (Las Vegas), uno de los barrios más difíciles y conflictivos de España. Por el camino, y a pesar de que hace apenas una hora que nos conocemos, tengo la sensación de formar parte de ellos. Hablamos de todo pero pronto surge la respuesta a la curiosidad por saber por qué decidió eligir esta profesión “Me encanta ayudar a las personas y tengo interiorizada esta profesión… Una profesión en la que hay mucho que aprender…. Recuerdo que siempre quise ser policía. Fíjate si ésto es así que cuando era pequeña y veía un coche de la policía,  le tiraba besos porque quería ser como ellos

Yo, que soy bastante “debilucha”, pienso en las pruebas físicas que deben superar estas mujeres para conseguir su placa; unos circuitos que son iguales, tanto para ellos como para ellas, pero que en el caso de las mujeres se les dan más tiempo para realizarlas. Sonia es partidaria de que si van a llevar a cabo el mismo trabajo tienen que hacer las mismas pruebas e igual tiempo porque afirma que “preparándolas con tiempo, con esfuerzo y con disciplina se consigue

La agente reconoce que piensa mucho en su madre y en lo poco que le cuenta porque probablemente se asustaría, “Mi madre me dijo que estaba loca cuando les comuniqué a mis padres que iba a ser policía pero yo ya lo tenía decidido y aunque sé que se alarmó mucho, tanto ella como mi padre están muy orgullosos de dónde estoy y de lo que hago”.

Entramos en “Las Tres Mil”. El coche se detiene porque otra patrulla está identificando a un chico joven. Es la primera vez que entro en este barrio y tengo que reconocer que no siento miedo por la compañía que llevo y porque Sonia me cuenta las condiciones en las que se encuentra… Tengo la impresión de estar en otro mundo. Un mundo paralelo al que damos la espalda pero que está ahí… Mucho más cerca de lo que imaginamos.

Sonia sabe de qué habla cuando me confirma  lo preparada que tiene que estar para trabajar como policía “pasas por cosas que se te quedan en la memoria: un caso de violencia de género, una agresión… Sí es cierto que te vas a casa sin poder desconectar porque has vivido situaciones muy difíciles… No se te va de la cabeza lo que has visto en ese momento… Violaciones, actos de pederastia a menores… Es difícil de olvidar y tienes que actuar con la mente muy fría…Te huelen del miedo y siempre tienes que ir a cada actuación con congruencia y con cabeza fría porque la situación más fácil se puede complicar… Es cuestión de segundos”

Sí, responde rotunda cuando le pregunto si ha tenido miedo. “En Madrid en Vallecas, me sacaron una pistola… Corría tras un hombre que esgrimía un arma. Al principio vas con tanta adrenalina que no piensas en nada y eres capaz de todo. Actúo con cabeza pero no me paro a pensar en las consecuencias negativas que me pueda acarrear una actuación… Es a posteriori cuando veo lo que podría haberme pasado”.

Escuchamos a nuestro paso silbidos. Es la señal de que la Policía está pasando. Es el aviso de que están en terreno que no es el suyo y es ahí donde eres consciente de la importancia de un trabajo que para ella es muy gratificante cuando alguien se le acerca a darle las gracias. Un momento que te hace saber que “tu trabajo ha ido bien porque hemos que salimos de base juntos y volvemos juntos… Yo quiero volver con los que me he ido”.

Hay momentos muy dolorosos. Uno de los peores en cuando tienen que comunicar a unos padres que su hijo a muerto… “Yo he llorado cuando me ha tocado hacerlo. Fue un homicidio imprudente. Un chico que fue atropellado y abandonado, y que cuando llegó la ambulancia estaba en coma. ¡Cómo le cuentas a una madre que su hijo ha fallecido en un accidente y ha sido abandonado. Es terrible!

MJAndrade.- ¿Cómo te sientes cuando te insultan?

Sonia.- Sé que me van a humillar. Sé que me van a insultar, pero también sé que me van a necesitar y siempre voy a estar ahí… Soy capaz de dar mi vida.

 Lánzame a los lobos y me verás luchar con la manada… 

Ese es el lema de un equipo que va de la mano y hombro con hombro… “siempre juntos porque si cae uno, caemos todos”

Sonia forma parte de la UPR, la Unidad de Prevención y Reacción. Una unidad que da protección a personalidades; actúa en eventos, concentraciones, manifestaciones. Cubren puntos negros en Sevilla y también realizan acciones antiterroristas, y dan respuestas inminentes de auxilio a las personas. Una unidad que en Sevilla está compuesta por tres grupos. Se denominan rayos y Sonia es el rayo 26. Hay otro grupo; el denominado EME de moto pero ella es la única mujer del segundo grupo.

Sonríe al contarme que cuando va a realizar alguna identificación, la miran, por ser mujer, como un elemento débil pero también lo hace cuando recuerda la primera vez que se puso el uniforme y “no paré de llorar porque para que una mujer llegue hasta aquí hay que recorrer un camino muy largo.

 MJA.- ¿Y tu madre cómo lo pasa sabiendo que su hija es policía?

Sonia.- Mi madre pasa las noches en vela cuando me toca trabajar en ese turno… No sé lo que me voy a encontrar detrás de la puerta porque ahí está el “malo” y no sabemos qué es lo va a pasar… Lo pasa mal porque además tengo una hermana que es militar y muchas veces se pregunta que por qué no tendrá unas hijas normales.

Sonia no tiene pareja, “no quiero”, dice contundente.Tampoco tiene hijos pero es “Madre perruna” .

El índice de divorcios en grupos como el suyo es muy alto porque es muy complicado llegar a tener una conciliación. Muchas veces el servicio requiere estar fuera y tienen que irse y ausentarse más de tres semanas. “Si tuviese pareja tendría que asumir a lo que me dedico porque mi trabajo, junto a mi familia y el deporte es lo principal y hay muchos hombres que no lo entiende”.

Es difícil conciliar en cualquier trabajo pero en la policía es mucho más. Aquí no hay horario porque cuando tienen que acudir a una intervención no pueden dejarla a medias…”Yo tengo un perro y conciliar con él es dificilísimo, así que imagínate para las madres. Los horarios, las salidas… Es muy complicado”.

Hablamos de la violencia de género; de cuando tiene que acudir a alguna llamada y de la percepción que tiene sobre cómo lo viven algunas mujeres “Algunas no pueden dejar de vivir sin su verdugo… No se imaginan su vida sin su agresor y lo más duro de todo es que no hay edad en la violencia de género”. Le brillan los ojos cuando me dice que se siente impotente cuando acude a una llamada de violencia y la mujer no quiere denunciar por dependencia, por miedo o por el qué dirán.

Una agresión sexual a una menor es lo que más le ha afectado “era una niña de siete años. Fue violada por un amigo de la familia… Fue terrible porque tuve que estar presente cuando el médico forense le realizó la inspección. Eso ha sido lo más desagradable que he vivido. El tema de menores lo llevo muy mal… Eso… y llevar el féretro de un compañero de La Línea de la Concepción. Se suicidó… No lo olvidaré nunca”

 MJA.- ¿Y si tuvieras una hija y te dijera que quiere ser policía?

Sonia.- Yo la apoyaría porque es una profesión muy bonita.

Nunca se ha sentido marginada por sus compañeros y siempre ha sido tratada como una más. “Yo no sabía nada de orden público y fueron ellos los que me enseñaron y me apoyaron. Yo no quiero que me tengan consideración por ser mujer; yo lo que quiero es que me traten como a una más

Sonia vive el día a día porque no sabe lo que le va a pasar mañana y no se plantea mirar a un futuro más lejano que hoy…No dejaría su trabajo nunca y menos por un hombre “¡JAMAS!…  No lo tiraría por tierra, aunque si fuese mi madre o mi hijo quién me lo pidiera  lo dejaría, con todo el dolor de mi corazón y me iría a un sitio en el que no estuviera expuesta…

La tarde en Sevilla se ha tornado en noche. Demoramos la despedida porque la vivencia ha sido muy intensa. Una pequeña de cuatro años se acerca tímida a Sonia y a sus compañeros con la mirada inocente y llena de admiración.de ver a unos héroes de cerca y les da un beso a cada uno… “Ves? estas son las cosas que te dan satisfacción… “

Sonia.- Y tú qué quieres ser de mayor? – Le pregunta Sonia a Carla (así nos dice su padre que se llama cuando le preguntamos su nombre)

Carla.-  “Yo quiero ser princesa”

Todos nos reímos; y así, entre risas y el calor de esta mujer extraordinaria, descubro y entiendo porque Sonia vive con tanta intensidad esta profesión en la que el servicio público y el seguir cuidando a los demás, es el motor de una vida entregada y llena de sacrificios.

Natalia J.P. Unidad Especial de Guías Caninos

 

Si ayer era la agente Sonia Pérez de la UPR la que me recibió uniformada y a punto de subir al furgón, hoy me encuentro con Natalia en medio de un lugar ruidoso, por los ladridos de los perros, acompañada por un “peluche” llamado Rayo.

Estoy en la Unidad de Guías Caninos y el peluche, que es un provocador con sus compañeros, consigue que todos comiencen a ladrar dirigidos por la batuta de este can juguetón.

Cada guía tiene dos perros porque hay dos especialidades: explosivos y estupefaciente y Rayo, el “golfillo” de este cuerpo imprescindible, es el encargado de encontrar billetes de curso legal y armas.

Es Natalia la que enseguida me sitúa en la realidad del lugar en el que estoy. Ella es una mujer serena y respetuosa con estos peculiares compañeros. Unos compañeros que son uno más y que forman, no sólo parte de su día a día, sino de su vida (los agentes se pueden quedar con sus perros cuando su vida activa termina y los jubilan).

Natalia accedió al Cuerpo Nacional de Policía en Seguridad Ciudadana; pasó por científica y lleva cinco años trabajando en esta unidad rodeada de perros. “Me encantan los perros y no lo dudo porque se le ilumina la cara cuando lo dice y cuando veo cómo trabaja y ejercita a estos animales fieles y leales.

Ella es, en este momento,  la única mujer de un equipo compuesto por trece personas. Estudió farmacia pero siempre le gustó la policía, la Guardia Civil y la vida militar. Casada y con dos hijas, afirma que compagina muy bien su vida laboral con la familiar Con organización y planificación, aunque de vez en cuando necesito de la ayuda de algún familiar para poder llevar a cabo los turnos de noche

También en esta unidad el trabajo en equipo es fundamental. De hecho, cuando hacen algún tipo de intervención lo hacen de dos en dos porque un agente saca al perro y el otro se queda en el coche; ya que tienen que estar pendiente del otro y de su seguridad.

“Miedo no… pero siempre estoy en alerta”

Tampoco ella se ha sentido discriminada en ninguna de las unidades en las que ha estado trabajando.

Natalia pertenece a una unidad que apoya a las demás unidades del Cuerpo Nacional de Policía. “Tienes que salir a estaciones cuando se tiene la sospecha de pueda haber droga o armas, o cuando se produce la visita  del rey o de algún mandatario”.

Cuando hablamos de todo el esfuerzo que tuvo que hacer para convertirse en la policía que es, rememora el día en el que su hija cumplía un año y tuvo que desplazarse a Madrid para realizar el curso de guía canino “parecía que tenía la custodia compartida con mi marido porque una semana estaba conmigo y otra con él porque estuve viviendo fuera cuatro meses”

Y llega el momento del ejercicio… Sus perros la esperan para iniciar la rutina de un entrenamiento duro. Unos animales que son parte fundamental del éxito de cualquier operación que se lleve a cabo y en la que ellos tienen que intervenir poniendo su vida en riesgo, en numerosas ocasiones.

Esta entrevista se grabó en el campo mientras Natalia ejercitaba a Satán y a Zar, es por eso que escucharán el sonido de nuestras pisadas y de los coches que pasaron junto a nosotras mientras se realizaba.

Entrevista en la Unidad de Guías Caninos del Cuerpo Nacional de Policía

by Natalia J.P. Agente de la Unidad de Guías Caninos del Cuerpo Nacional de Policía

Macarena L. Seguridad Ciudadana

   

Macarena tiene 34 años. Una auténtica luchadora que aprobó la oposición con solo diecinueve años, y que trabajó durante años hasta conseguir la meta que se propuso: ser una agente del Cuerpo Nacional de Policía.

Ha hecho de todo: ha limpiando casas, bloques y también ha sido repartidora de pizza… Una gran experiencia de contacto con el ciudadano que le ha valido para tener un gran conocimiento de las personas y también en su labor diaria “Cuando has trabajado en otro sitio te das cuenta de que estás haciendo un trabajo que gusta a pesar lo peligroso que es

Mª José Andrade.- ¿Qué dijeron en tu familia cuando anunciaste que ibas a ser policía?

Macarena.-  En mi familia fue un disgusto porque todo el mundo es guardia civil… Mi madre no se podía creer que fuera policía. No era consciente de que estaba preparándome para policía

Macarena ha estado destinada en Segovia, en Valencia, en Madrid, en Ceuta, en Melilla y en servicios internacionales como Pakistán, Colombia y Mauritania… Ella ha sido, como dice su Juan, su compañero, policía nacional e internacional “he aprendido mucho fuera… sobre todo cosas buenas y ha sido toda una experiencia

Quince años en el cuerpo le ha dado para mucho, a pesar de que el tiempo pasa muy rápido. Siempre ha aspirado a ser policía aunque con cinco años quería ser veterinaria “bueno, quería ser veterinaria y policía pero al final me salió la vena de policía”

Juan y Macarena son amigos fuera del trabajo y casi siempre coinciden en el mismo turno para trabajar en una ciudad como Sevilla. “Por la noche ves cosas que no pasan por el día. Se ve lo mejor y lo peor de la sociedad: al Cecop llevando comida a los indigentes, a ciudadanos que ayudan, a las monjitas que se desplazan a barrios conflictivos… ”

 “Lo mejor que he vivido en la policia es…. ¡TODO!. He tenido jefes muy buenos y compañeros estupendos que se han convertido en familia que te ayudan mucho”

 MJA.- ¿Y lo peor?

Macarena.- … Lo peor cuando tuvimos que intervenir porque mataron a un chico. Iba con un chaval de prácticas y cuando llegamos estaba vivo y nos hablaba pero falleció en el lugar en el que lo atacaron… Cada vez que paso por la calle en la que ocurrió siempre pienso en él.

Cuando escucho a Macarena me vienen a la cabeza las enfermeras de la UCI Pediátrica del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, porque al igual que ellas, también esta agente se va a su casa pensando en las cosas que han ocurrido durante el día. Y también afirma que “Siempre hay algo bueno porque cuando acudes a una llamada y puedes ayudar, eso te reconforta, te sientes útil”

Son muchas horas de trabajo juntos y sólo se separan por necesidades del servicio. Juan, como dice Macarena bromeando, es su “pareja” profesional. En cuanto a su pareja sentimental, éste también forma parte del Cuerpo Nacional de Policía, algo que ve como una ventaja porque “me comprende más”

Se hace el silencio en el coche y tienen que contestar a los compañeros que les requieren para una actuación. Inmediatamente accionan las sirenas y vamos a toda velocidad hacia la Avenida de Jerez. Macarena dice que se concentran pero yo voy muerta de miedo. La tensión es máxima y ambos actúan como la maquinaria perfecta de un reloj… En el coche la sincronía es total… Después de recorrer Sevilla de punta a punta sería imposible que llegaran a su destino si no fuera porque los ángulos muertos de uno son los ojos de su compañera. “Cuidado a la izquierda… Viene uno de frente… Frena un poco que creo que el coche de la derecha viene demasiado rápido… El semáforo“.

Las indicaciones son precisas para llegar rápidamente y para no provocar ningún accidente. De pronto la calle se paraliza y el coche se desplaza como si volara. Comprueban la llamada pero cuando llegamos ha sido una falsa alarma…. Volvemos al coche y de nuevo el ruido de las sirenas y el silencio de dos compañeros que ven y piensan como una sola persona.

Hoy no es ella la que conduce porque tiene que responder a mis preguntas pero siempre pide, como dice ella, conducir… ¡Vértigo total por la avenida de la Palmera! y en un minuto estamos al otro lado de la ciudad.

En el coche de patrulla, los agentes son los que tienen la autoridad, y cuando les insultan,  invitan a esa persona a que corrija su proceder pero si cometen algún tipo de delito actúan. “Se viven situaciones muy tensas pero en algunas ocasiones, cuando se calman incluso perdón”

MJA.- ¿Y cómo se organiza una mujer policía con su pareja también compañero?

Macarena.- Pues llevo muy bien la conciliación… Si no puedo dormir y llego de saliente, me pongo a fregar. Mi pareja cocina y además como tenemos los dos el mismo turno nos compaginamos muy bien. En cuanto a la familia… te pierdes muchas cosas porque los horarios te condicionan mucho pero la verdad es que lo llevamos bien.

De nuevo una actuación. Esta vez en la Avenida de La Paz… Tienen que atender un caso de violencia de género. Juan, el compañero de Macarena afirma que cuando se hacen cargo de un caso de violencia a la mujer, ésta se siente más reconfortada cuando es una mujer policía la que lo hace. Macarena estuvo dos años en la UFAM (Unidades de Familia y Mujer), la unidad  que se ocupa de las mujeres que han sufrido violencia de género y por eso es especialmente sensible a este tipo de casos.

MJA.- ¿Os quitáis alguna vez el uniforme?

Macarena.-  Nunca. Ser policía es un trabajo pero también es una forma de vida porque no haces cosas que hacen otros. Tienes que tener más cuidado… Salgo a comer con mis amigas y estoy pendiente… No dejo de ser policía. Miro todo lo que está alrededor. Es deformación profesional…. Hace poco salí a cenar con mis hermanas y había un chico de 14 años y un joven intentó quitarle el patinete; cuando lo vi forcejear… no te lo piensas y actúas. Este trabajo no es un trabajo de ocho horas y aunque dejas el uniforme en la taquilla, siempre lo llevas puesto. No voy a dejar de auxiliar a las personas cuando estoy de paisano pero llamo a los compañeros para que los atiendan mejor.  Somos policía y siempre vamos a atender a quién lo necesite.

Juan mide 1,90. Es un hombre imponente por su envergadura y altura pero Macarena, siendo mujer y más pequeña, se ha tenido que enfrentar a personas de esas dimensiones. Le han roto el escafoide, el labio más de una vez de un puñetazo y también le han arrancado algún que otro mechón de pelo… Lo cuenta como si se tratará de una anécdota más y estoy segura de que no es consciente de lo peligroso que es ser policía. Es tal el sentido de servicio público que tiene ella y todas sus compañeras, que solo cuando terminan una actuación “me doy cuenta del peligro que he corrido”.

De nuevo un aviso… De nuevo sirenas. Esta vez hasta el Centro Comercial los Arcos, donde un chico,” con evidentes signos de síndrome de abstinencia” (como confirma la seguridad privada del centro), ha sustraído dos pantalones. Se le hace un juicio inmediato por delito leve y sobre la marcha se toman todos los datos. Es una actuación rápida, en equipo y hay que hacer hincapié en esta circunstancia porque es un trabajo de dos, en este caso de Macarena y Juan… “Somo siameses” afirma riendo Macarena. No se separan porque la vida de Macarena y la vida de Juan depende de cada uno de ellos (sí, lo están leyendo bien).

Macarena es una mujer que siente que no tiene que demostrar nada porque sus compañeros la respetan y se lo reconocen y, lo más importante, “me lo dicen”. Ahora está opositando para la escala de subinspección y  según Juan, “tiene una carrera por delante porque entró en el cuerpo siendo muy joven”

Ella es Macarena y ayudar y auxiliar a las personas es el primer mandamiento que diariamente se repite mientras cruza la ciudad junto a un compañero, Juan,  que habla de ella con admiración, respeto y cariño.

Mercedes R. y Cristina M. Unidad Especial de Caballería

 

Quizás una de las Unidades del Cuerpo Nacional de Policía más llamativa y espectacular sea la Unidad Especial de Caballería. Los agentes a caballo representan la autoridad  de una de las unidades más antiguas de la policía. Una policía que participa en dispositivos en los que hay una gran concentración de personas como es el caso de los partidos de fútbol o la cabalgata de Reyes Magos, además de llegar hasta zonas de muy difícil acceso y protección a personalidades.

Las cuadras del Cuerpo Nacional de Policía están en plena ebullición desde primeras horas de la mañana y es Mercedes R. la que me recibe. Mercedes es una mujer que confiere seguridad, aunque ya he aprendido, porque esta es mi cuarta entrevista con una de estas mujeres extraordinarias, que todas ellas tienen un gran aplomo y serenidad.

Enseguida se nos une Cristina M. Ella se encarga de la doma de potros. Es enérgica y decidida. Ella es el complemento ideal para que esta entrevista a dos se convierta en una charla distendida en uno de los pasillos de las cuadras entre relinchos de caballos, y el trajinar de todos los que allí trabajan.

Ocuparse de estos animales es muy gratificantes para estas mujeres. En una unidad en la que la mayoría son hombres, ellas trabajan con sus monturas y las cuidan como si se trataran de un bien preciado. Porque no sólo es el momento de montar. Antes y después de eso hay un trabajo de horas: días de doma y de cuidados; de preparación previa al evento y tras el mismo… Un esfuerzo que supone un valor añadido a estas mujeres que tienen familia e hijos como es el caso de Mercedes.

El caballo es parte esencial y la mitad de esta unidad. Unos animales que tienen una potencia y una fuerza descomunal pero que en ocasiones se tienen que enfrentar a situaciones de muchísimo estrés como es el caso de la celebración de algún derby en la ciudad… Caballos llenos de nervios que tienen que responder ante cualquier situación y que estas mujeres son capaces de dominar con destreza, sentido común y, lo más importante, respeto y cariño.

Mercedes y Cristina forman un tándem inseparable con uno de los animales más imponentes que nos ha brindado la naturaleza. Se emocionan cuando se refieren a ellos y lo hacen no porque sean mujeres, sino porque son capaces de reconocer la nobleza de esa otra mitad que les ha salvado y ayudado en numerosas ocasiones.

Esta entrevista está realizada en las instalaciones de la Unidad Especial de Caballería.

Entrevista Unidad Especial de Caballería.

by Mercedes R. y Cristina M. agentes del Cuerpo Nacional de Policía

Mónica E.G. Unidad de Subsuelo y Protección Ambiental

 

Vuelvo a las instalaciones del Cuerpo Nacional de Policía en el Cortijo del Cuarto de Sevilla. Es la cuarta vez que me desplazo hasta un lugar que comienza a ser familiar para mi y reconozco que, siendo esta la última entrevista, siento cierta pena porque esta aventura está llegando a su fin.

Esta vez es una mujer que no solo es valiente y decidida es que además trabaja en una unidad muy complicada y peligrosa: la Unidad de Subsuelo y Protección Ambiental.

Mónica me presenta a todo su equipo. Daniel es el responsable del grupo y junto a él se sientan, Flores y Paquito. Rafael, el agente que conduce el furgón, es el más veterano. Cierra el equipo la única mujer en Andalucía que forma parte de esta unidad tan técnica y “especial” por sus características y porque bajan al infierno todos los días… “Es un orgullo para nosotros que Mónica esté en esta unidad porque es la única mujer en Andalucía… Es una compañera en todos los sentidos”  Es Rafael el que lo dice y todos asienten ante una mujer tímida que habla con pasión de una unidad en la que el trabajo de todos y por todos es fundamental para seguir vivos.

Mónica aporta a la unidad muy buen rollo. Es optimista y predispuesta y cómo dice Rafa, estamos muy orgulloso de que forme parte de nuestro equipo” El que así habla es Daniel. Un hombre muy templado y del que recibo una clase magistral de lo que significa esta unidad tan peculiar.

Trabajan en un espacio confinado, reducido… casi mínimo y en el que “los de arriba, tienen que dar seguridad y cuidar a los de abajo”. Trabajan sin apenas aire en zonas en las que resulta muy difícil moverse.

Son áreas oscuras, angostas, con aberturas limitadas de entrada y salida, y con una ventilación natural desfavorable, además de estar llenas de gases tóxicos e inflamables, aguas fecales, ratas y cucarachas… Éste es el resumen de lo que supone esta unidad y cuando te acercas a la alcantarilla abierta, te asomas a ese “acantilado” en el que ves lo que no puedes ver y hueles el submundo, te das cuenta de lo importante que es este equipo para la seguridad de todos.

La muerte en cadena es un peligro con el que se pueden encontrar todos los días, por lo que deben tener mucha sangre fría para contener el impulso de acudir rápidamente a rescatar al compañero. Un impulso que viene marcado por protocolos de seguridad muy estrictos y que obligan a que tres personas se queden fuera mientras son dos los que hacen la inspección, de 25 en 25 metros, en las entrañas de la ciudad.

Cinco personas en formación de sólo una para que no ocurra nada y que se encargan de anticiparse a lo que pueda pasar. Cinco personas y entre ellos la única mujer en Andalucía que entra y protege a sus compañeros como si fuera algo normal. Y sí, aunque parezca increíble, en su vida lo es y lo cuentan con una naturalidad que abruma.

Lo comprueban absolutamente todo para que nada salga mal. Abren las tapas de las alcantarillas para airear, miden los niveles de gases y el equipo de protección de cada uno de ellos para que nada falle en ese espacio confinado y al cien por cien de humedad. Protección, protección y protección en una especialización alta y en el que todos se equipan y repasan sus equipos una y otra vez para acceder a colectores, llegar a pozos de profundidad llenos de agua movedizas, y siempre sintiendo y sabiendo que también en el subsuelo ellos son necesarios.

Ese equipo además cuenta con dos taquillas (una para la ropa de trabajo y otra para la personal) porque a la ropa de protección que utilizan pueden adherirse bacterias y virus que no pueden llevar a casa por protocolo. Están tan expuestos que tienen que separarlas en el mismo trabajo y lavarlas allí mismo… Lo que sí se llevan a casa es ese afán por cuidar de los demás sin esperar el reconocimiento explícito.

Mónica no es sólo una más de Unidad de Subsuelo y Protección Ambiental, es además una mujer que sobresale por ser madre soltera y saber conjugar una vida profesional al límite con una vida personal en la que un niño pequeño espera a una madre que, por mucho que ella se empeñe, no es como las demás.

Esta entrevista está realizada en el mismo lugar en el se llevó a cabo la inspección por parte del equipo de la Unidad de Susbsuelo y Protección Ambiental.

Entrevista Mónica E.G. Unidad Subsuelo y Protección Ambiental

by Monica E.G. Agente de la Unidad de Subsuelo y Protección ambiental

Ana Cambón y Macarena de la Palma. Gabinete de Prensa y Protocolo de la Jefatura Superior de Policía de Andalucía Occidental

   

Ellas son Ana Cambón (inspectora jefa de la sección de la Unidad de Prensa y Protocolo de la Jefatura Superior de Policía de Andalucía Occidental) y Macarena de la Palma (policía en la Unidad de Prensa y Protocolo). Sin ellas, su paciencia infinita y todas las facilidades que me han dado durante todos estos meses, este reportaje no habría sido posible.

Estas Mujeres Valientes con mayúsculas confiaron plenamente en mi y en el nombre que me abrió las puertas para llegar hasta el sitio en el que Sonia, Natalia, Macarena, Mercedes, Cristina y Mónica trabajan en silencio y sin apenas notoriedad para que todos estemos seguros.

Todas se juegan la vida (y es algo que no hay que dejar de repetir) junto a un equipo que responde a un solo cuerpo. Están en una liga difícil de jugar. Son arrojadas, fuertes, sinceras… VALIENTES. Sufren, lloran, ríen, se emocionan, bromean con sus compañeros en las horas infinitas que pasan juntos y les brillan los ojos cuando hablan de sus hijos, sus parejas o su familia.

La sonrisa franca de todas y las conversaciones fuera de micro se quedan para mi y aunque todas fueron igual de sinceras cuando realizamos las entrevistas, me siento en deuda con ellas porque no dudaron en abrir su corazón a esta desconocida.

Sonia, Natalia, Macarena, Mercedes, Cristina y Mónica ya forman parte de mi vida…. Forman parte de Mujeres Valientes

A partir de ahora, cuando os crucéis con alguna de ellas y sus compañeros, no olvidéis que sus vidas son muy valiosas… Y lo son porque las ponen en nuestras manos para vivamos en la seguridad y en el calor de su protección.

 

A todas estas mujeres extraordinarias, simplemente…, ¡GRACIAS!

 

Gracias a Antonio, a José Carlos, a Pablo, a Juan, a Daniel, a Rafael, a Flores, a Paquito, a Paco, el veterano de Subsuelo, a Daniel (no me he equivocado porque son dos). Gracias al inspector Jefe de las Unidades Especiales, Pedro González Almansa y a todos aquellos de los que desconozco sus nombres porque sin el trabajo en común de estos hombres y mujeres, el Cuerpo Nacional de Policía no sería como lo conocemos… Gracias porque ellos han dejado que sus compañeras sean protagonistas, aún siendo parte de un gran equipo ejemplo a seguir, para muchos cuerpos de policías internacionales, por su grado de compromiso, responsabilidad y profesionalidad.

Mj. Andrade
María José Andrade Alonso
marandalo67@gmail.com
11 Comentarios
  • José alberto gonzalez
    Escrito 20:39h, 19 enero Responder

    Esto es lo que le hace falta a España ya era hora que tenga los cuerpos de seguridad del Estado a mujeres tambien valientes y falta ya poco para la equiparación con los demás cuerpos

    • Mujeres Valientes
      Escrito 19:09h, 20 enero Responder

      Son mujeres increíbles. Con una fuerza de sacrificio fuera de lo normal. Pertenecer a los cuerpos de seguridad del Estado no es fácil, pero efectivamente hacen falta más mujeres… pero tienes que ser arrojadas y se consciente de que diariamente ponen en juego su vida en pro de los demás. Gracias por dejar su comentario.

      • Roberto
        Escrito 22:23h, 21 enero Responder

        Si si, pregúnteselo a ellas, las que van a hacer las pruebas este mes, todo muy bonito lo de luchadoras y tal, pero hay que ser justo. Mismas pruebas si, pero mismas marcas no es justo.

        • Pablo
          Escrito 17:19h, 24 enero Responder

          Perdona, pero lo que no es justo es que haya desigualdad en pruebas y/o marcas. ¿Acaso el malo va a correr menos o pegar más flojo porque quien le intente detener sea una mujer?

          El argumento de que son más débiles por la genética y tal no me vale, yo mismo he visto a bastantes mujeres hacer más dominadas que la inmensa mayoría de hombres (hablo de verlas hacer +20 dominadas perfectas), correr más rápido, mayor agilidad, etc.

          Una rebaja en las pruebas físicas es un insulto para las mujeres que sí se machacan día a día para tener una buena forma física y rendir adecuadamente en su trabajo.

  • Roberto
    Escrito 08:52h, 20 enero Responder

    Me resulta curiosa una cosa, por que se ha puesto las mismas pruebas físicas y mismas marcas para hombres y mujeres para acceder a la unidad de caballería? Una mujer tiene que lanzar un balón medicinal de 4 kg a 6’15 m para sacar un 1, correr 2km a 8’55m para un 1, saltar 1’30cm con los pies juntos para sacar un 1. No sé si se pretende limitar el número de mujeres en este tipo de unidedades, ¿será por las bajas de maternidad?

    • Mujeres Valientes
      Escrito 19:07h, 20 enero Responder

      Ellas mismas han pedido que así sea. Gracias por su comentario.

  • Mimoun Lasfar
    Escrito 12:55h, 23 enero Responder

    Viva Policia Nacional Viva espana Hala MADRID

  • Esperanza
    Escrito 01:40h, 08 febrero Responder

    Las mujeres envejecemos antes que los hombres y con el trabajo a turnos se acentúa, muchas tenemos problemas de fertilidad,ansiedad depresión y la menopausia no es todo tan bonito nena

    • Mujeres Valientes
      Escrito 09:13h, 09 febrero Responder

      Pues no, no es todo tan bonito pero lo que hemos querido mostrar en el reportaje es el trabajo que realizan y los sacrificios que tienen que hacer… Tratar de que la sociedad tome conciencia de lo importantes que son para nuestra seguridad

  • Esperanza
    Escrito 15:58h, 10 febrero Responder

    En mi opinión se nos da demasiado mérito ,la gran mayoría de delincuentes son hombres .En las pruebas físicas de acceso se facita mucho ya en las marcas establecidas como en el momento de hacerlas llegando los hacer ejercicios de manera ridícula y pasarlas.En la entrevista de acceso son mayormente mujeres que eligen a policías varones.Tenemos una muy alta tasa de suicidios en el colectivo. Y Tampoco es que estemos en México como para estar tan asustadas.

  • Esperanza
    Escrito 16:40h, 10 febrero Responder

    Cuando seamos 9000 policías ancianas,sera un problema.

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