
05 Sep Mujeres artistas… Aquellas que rompieron el silencio en España
Mujeres artistas olvidadas… Las que fueron invisibles
Durante siglos, las mujeres artistas en España fueron invisibles. Apenas eran conocidas o reconocidas, no porque no existieran, sino porque el relato oficial del arte decidió ignorarlas, apartarlas y borrar los nombres que nunca pudieron reconocer una obra llena de matices y en las que ellas, dejaron algo más que sus huellas. Porque ellas estaban ahí. Ellas estaban creando, enseñando, resistiendo.
El tiempo ha pasado y hoy, más que nunca sus nombres nos llegan con fuerza, porque aunque ellas ya no estén, su arte se niega a desaparecer. Homenajear a estas mujeres, es no sólo darles visibilidad, sino también ofrecer la posibilidad de ver cómo sus obras guardaron para siempre su mirada. Una mirada profunda y propia, y cuyo arte hoy sí tiene voz de mujer.
Aquellas que fueron invisibles, fueron la que rompieron el silencio en una España, en una época y en un tiempo en la que su presencia pasaba desapercibida. Rosario Weiss, María Luisa Rivas, Eulalia Abaitua, o Juana Francés deberían de haber ocupado un lugar en la Historia del Arte, pero no fue así.
Ellas fueron artistas que superaron al maestro, como es el caso de Rosario Weiss. Hija adoptiva de Francisco de Goya, Rosario no fue sólo una sombra del genio aragonés. Ella fue una artista con luz propia, una dibujante excepcional que rompió los moldes de un tiempo en el que el protagonismo de una mujer en la corte era impensable. Pero ella sí tuvo presencia, enseñó arte en la corte de Isabel II. Su obra, delicada y firme siempre reveló una sensibilidad que no sólo se limitaba a la imitación sino que se transformó por Weiss supo imprimir en su obra su estudio e intelectualidad porque entendía el arte como una herramienta de educación y emancipación.
María Luisa de la Riva fue otra contemporánea de una época en la que lo femenino quedaba confinado en la casa. Y ahí, en la intimidad de su hogar, convirtió lo doméstico en arte. Inolvidables sus bodegones y escenas cotidianas. Irrepetibles, ya que ella no se limitaba a hacer una simple reproducción, sino auténticas declaraciones de su amor por lo cercano a través de una técnica impecable y una manera de ver que la llevó a elevar lo íntimo a lo universal.
Ella creó un universo propio porque con su obra hizo una reivindicación de un arte, mal llamado “menor” por que era hecho por una mujer y supo llevarlo a lo más alto, convirtiendo un arte que era menospreciado en una expresión llena de inteligencia identidad propia, sensibilidad y resistencia femenina.
Una resistencia femenina que también demostró la fotógrafa, Eulalia Abaitua. A través de su cámara capturó la vida. Mientras los hombres retrataban grandes gestas, Eulalia se dedicó a capturar la vida real: mujeres trabajando, niños jugando, calles respirando. Su fotografía es cruda, honesta, profundamente humana, real. En un mundo que apenas reconocía a las mujeres como artistas, ella se convirtió en cronista visual de una sociedad que la ignoraba, pero que no pudo evitar ser retratada por su lente, y a ser reconocida en unas fotografías que llevaban más que impreso el nombre de una mujer que supo, como pocas (y pocos) mostrar la vida con una perspectiva coherente con la suya propia.
Era un tiempo en el que romper moldes era mucho más que una declaración de intenciones. No era simplemente dejar de lado el lugar que les correspondía, sino que además debían gritar al mundo que eran ellas y estaban aquí. Y eso es lo que hizo Juana Francés y su arte abstracto.
Juana fue la única mujer fundadora del grupo artístico El Paso y su obra fue es grito contenido al mundo que ella convirtió en una explosión de materia y emoción. Una emoción que supo traducir en una obra en la que ella apenas se dio concesiones y que llenó de fuerza, rabia y belleza por igual porque fue una artista que se negó a pedir permiso y, “simplemente” creó para dejar claro que el arte no tiene género, pero sí historia.
Rosario Weiss, María Luisa Rivas, Eulalia Abaitua, o Juana Francés, y muchas más, no sólo crearon arte: crearon espacio para desde las academias, salones y estudios luchar contra el silencio impuesto.
Fueron maestras, mentoras, pioneras. Y aunque sus nombres fueron borrados de los libros, hoy lo escribimos en Mujeres Valientes.

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