Miedo… El gran aliado para entender al coronavirus

Miedo... El gran aliado para entender al coronavirus. María Donoso. Mujeres Valientes

Miedo… El gran aliado para entender al coronavirus

Miedo... El gran aliado para entender al coronavirus 1

Recuerdo esos veranos de pequeña, cuando todos mis primos presumían de sus saltos en el trampolín de la piscina de mis abuelos, cuando competían entre ellos para ver quién hacía la pirueta más complicada, el salto más elevado, el más difícil todavía o a lo peor, el más improvisado. Y me veo a mí, relegada a un segundo plano con los ojos cerrados y posicionándome discretamente la última de la fila, de una línea ordenada, que se va organizando para mostrar cada un@ su proeza frente al agua.

Esperando como un corderillo degollado el temido turno para subir las escalerillas y ser la siguiente en saltar. Con las piernas rígidas, con un nudo en el estómago y con un frío sudor que me acompañaba  hasta llegar al final de la tabla, aparecía ante mis ojos ese abismo amenazante: la piscina.

Inmóvil y bloqueada, aterrorizada, escuchando a lo lejos  los gritos de mis primos, expectantes y hasta divertidos: “¡vamos, que no es para tanto!, ¡no seas cobarde, salta! ¡cierra los ojos y repítete por lo bajini,  no tengo miedo, no tengo miedo, no tengo miedo… y ya verás como se pasa!, ¡venga salta ya so caguetaaaaa!”.

 

Y claro, saltaba… ¡Ya lo creo que saltaba!

 

Al salir del agua, aturrullada y con una desagradable sensación de seguir flotando mientras daba tropezones por el bordillo de la piscina, me daba cuenta cuenta una vez más de que no, que no se pasa y peor aún, que al siguiente turno de saltos ya no podría ni siquiera acercarme caminando a la barandilla de la escalera del trampolín.

Cuántas veces nos hemos visto sometidos o sometidas a situaciones parecidas a lo largo de la vida.  Cuántas veces nos han dicho que para superar el miedo lo mejor es hacer como que no se tiene, cerrar los ojos y seguir adelante, hacer como que no existe, en otras palabras, anestesiarlo. Y cuantas veces lo hemos hecho pensando que así desaparecería, como por arte de magia,  pero desafortunadamente, éste,  lejos de permanecer dormido se despierta cuando menos lo esperamos y ocupa todo nuestro momento.

 

Pues yo quiero tener miedo y sentir miedo… No quiero anestesiarlo

 

Quiero conocerlo, entenderlo, hacerme su amiga y convertirlo en un miedo útil y funcional que me enseñe cosas, que me indique que algo no funciona para poder solucionarlo.

El miedo es una emoción básica, una percepción subjetiva y por eso mis miedos no tienen nada que ver con los tuyos. Se trata de un desequilibrio entre lo que me resulta amenazante y los recursos que tengo, o mejor creo tener para hacer frente a esa amenaza.

Es un gran aliado porque nos proporciona información de que existe un problema y nos da la opción para resolverlo. Es el sonido de la alarma de la casa que alerta para que venga la policía, es la luz roja que nos indica que el teléfono se está quedando sin batería y hay que cargarlo.

 

Es una valiosa señal de que algo pasa y en ningún caso hay que ignorarla

 

Podemos agravarlo si no lo escuchamos, sin nuestra reacción interior a ese miedo es de ignorancia, si lo anestesiamos a base de repetir “no tengo miedo”, porque de esta forma puede pasar que no detectemos nunca cuál es el problema que subyace al mismo y por tanto no lo vamos a poder solucionar. Además, el aspecto miedoso, al no ser escuchado, cada vez va pronosticando situaciones más y más catastróficas y esto hace que lo escuchemos cada vez menos (me voy a caer antes de llegar a la pasarela, no me voy a poder levantar para caminar y llegar a la pasarela..) y así sucesivamente.

Al hacerse crónico acabará agravándose y entonces invadirá muchos aspectos de nuestra vida. Incluso podemos llegar a no registrarlo y que arremetamos contra un desafío, como un kamikaze, sin evaluar bien los riesgos. Es lo que pasa cuando ponemos una tela a la luz roja de la batería del teléfono.

De igual manera, cuando estigmatizamos a una persona calificándola como valiente o como cobarde, la estamos etiquetando y por ende evitando que se relacione de una forma adecuada con los que siente y que son suyos.

 

Porque esta etiqueta va a perturbar enormemente la forma de relacionarse consigo misma y con los demás

 

Vamos a escucharlo, vamos a tener en cuenta al aspecto miedoso de cada un@, con respeto.  Porque sólo así podremos equilibrar la relación recursos-amenazas y reestablecer la colaboración necesaria.  Y es que,  dependiendo de la respuesta  interior que tengamos hacia lo experimentado podremos minimizarlo o agravarlo. Se trata de reconocer que existe y tratar de conocerlo lo mejor posible.

Para ello, es fundamental un cambio de actitud y pasar de percibirlo como un pesado lastre, como un enemigo a batir,  a considerarlo como la fuente de la que emana una valiosa información que nos va a permitir solucionar un problema a veces no es reconocible, pero que existe y está ahí.

Tenemos que saber que es una señal que puede alertar sobre una baja autoestima o la carencia de una habilidad determinada por ejemplo, y si lo ignoro, si no lo escucho, difícilmente podré curarlo.

 

Por eso… ¡QUE VIVA EL MIEDO! y que se convierta en mi mejor aliado para establecer una relación desde el respeto y la escucha

 

 

María Donoso
m.donoso@validaconsultores.com
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