
27 Ene Me quiero bajar del mundo
Cuando el mundo se vuelve “complicado”
Acabamos de estrenar 2026 y, sin embargo, observando a las personas de mi alrededor pareciera que ya estamos agotadas por todo lo que está ocurriendo en el mundo.
Las noticias a nivel internacional apuntan a un conflicto cada vez más inminente y el panorama nacional nos está dejando un reguero de momentos trágicos y dolorosos.
La política se percibe cada día como más impotente para dar respuesta y solución a los problemas de la ciudadanía.
Con este panorama es completamente normal sentirse afectada: La constante exposición a crisis, conflictos y tragedias puede generar ansiedad, desesperanza o fatiga emocional.
Pero, al mismo tiempo, nos exigen (y/o nos autoexigimos) como mujeres y como profesionales o empresarias, que el rendimiento no pare y que todo siga p’alante como si lo que ocurre en nuestro día a día no tuviera mayor importancia, sino parte de una trama de Netflix de la que podamos desconectar sin más.
Dime una cosa:
¿Cuántas veces has pensado en los últimos días o meses frases del tipo “me quiero bajar del mundo” o similar? ¿Tienes la impresión de que “el mundo cada vez va a peor”? En ese caso, no eres la única.
No es ninguna sorpresa en realidad: cuando perdemos la esperanza es más difícil que se produzca el cambio, vivimos en modo supervivencia y tomamos decisiones en el corto plazo porque el entorno que nos rodea nos resulta demasiado incierto.
Entonces, ¿debemos renunciar a nuestra empatía y sensibilidad para vivir sin que nos afecte o hay alguna manera de que podamos “cerrar la cremallera” para que la tristeza y la impotencia no nos paralice?
Probablemente, el momento actual sea uno de los más críticos de los últimos años en el que debamos mantener la cabeza enfocada y la suficiente serenidad como para no dejarnos arrastrar por la vorágine.
En mi libro ERES UNA MUJER REFERENTE propongo algunas medidas para que esto no ocurra:
- Hacer “dieta de noticias”.
Es importante saber en qué tablero de juego nos movemos, PERO sin un bombardeo continuo.
En la era digital, impera el sensacionalismo y la velocidad prima sobre la verificación y la profundidad, lo que puede llevar a difundir informaciones incompletas o especulativas que aumentan la ansiedad. Así que es fundamental elegir bien fuentes que sean confiables y contrastar aquello que nos llega.
Lo mejor es establecer horarios concretos (desactiva las notificaciones de apps) y evitar las noticias antes de dormir.
Si queremos que nuestra vida profesional y salud mental no se vean comprometidas, nos va a costar más si partimos de un estado de ánimo bajo y un sentimiento derrotista.
Realizar cambios necesita muchísima energía a nivel fisiológico. El cerebro humano está programado para prestar más atención a las amenazas (sesgo de negatividad) porque su principal función es nuestra supervivencia y hacer frente a los peligros que nos encontremos en nuestra vida diaria.
Y los medios, en su lucha por captar audiencia en un entorno hipercompetitivo, explotan este instinto.
Vivimos más distraídas y en una especie de hiperalerta, concentradas en amenazas externas o en la mera supervivencia, desviando la atención y haciéndonos perder el foco. Como suelo decir, vivimos en un eterno parque de “distracciones”.
Imagínate, si el imperativo interno es “mejor quédate como estás” y el externo te dice “para qué te vas a mover si está todo perdido”…¿Qué puede salir mal?
- Busca el equilibrio
En contra de lo que puede parecer, cada día pasan también historias bonitas y positivas. Sigue cuentas o medios que compartan noticias constructivas, soluciones o actos de solidaridad.
Las redes sociales también tienen un papel importante en todo esto y es que amplifican el contenido negativo. Lo mejor es reducir el tiempo, al igual que con el resto de medios de noticias y elegir bien las cuentas a seguir.
- Enfócate en lo que sí puedes controlar.
Ser proactiva (que es justamente lo que más nos cuesta) para salir de la inercia y rodearte de personas que actúen para cambiar las cosas.
De todo lo que nos rodea, nuestro entorno más cercano sí podemos elegirlo en gran medida.
Busca grupos de personas, cercanas o desconocidas, en el mundo presencial u online, que aporten cosas buenas.
Busca y si no los encuentras, ¡siempre puedes crear un grupo!
Estoy segura de que en tu ciudad o pueblo hay grupos que hacen cosas, gente que ayuda a otras, salidas culturales u ONGs. Actuar localmente a través de un voluntariado, ayudar en tu comunidad o participar en causas alineadas con tus valores puede contrarrestar la sensación de impotencia.
- Practica el autocuidado emocional
Rodearnos de personas con las que poder conversar de verdad, mediante la escucha real, probablemente sea de los mejores remedios que existen.
También la práctica de Meditación y mindfulness o leer libros, practicar un hobby, ejercicio o pasar tiempo al aire libre, que te de el sol (más importante de lo que pensamos), en la naturaleza puede ayudarte a reconectar contigo misma para centrarte en lo que de verdad quieres y necesitas.
También nos puede ayudar poner todo en perspectiva. Si lo pensamos, y aunque los problemas actuales son graves, la humanidad ha superado numerosas crisis antes.
Y por supuesto, si el malestar persiste, considera buscar apoyo profesional. La terapia puede darte herramientas específicas.
- Que puedes hacer para que no afecte a tu empresa.
De nuevo es importante buscar información en fuentes fiables (medios económicos o boletines sectoriales específicos) y eliminar el ruido.
Dedicar un tiempo limitado para consumir la información evitando la sobreinformación caótica.
Dedica 20 minutos a primera hora (nunca en la cama) a escanear noticias con una pregunta clara: “¿Qué hay hoy que pueda afectar DIRECTAMENTE a mi sector, mis clientes o mi cadena de suministro?”.
Antes de una reunión o una decisión importante, es imprescindible separar la ansiedad global de la evaluación concreta del problema empresarial.
También puedes llevar un registro donde anotes decisiones importantes, el estado emocional en que las tomaste y su resultado posterior. Esto te ayudará a identificar patrones.
Piensa que tu empresa no es el mundo, aunque todo esté interrelacionado. Tu ámbito de acción es limitado y determinado y ahí es donde puedes construir.
Siempre que sea posible y puedas, toma decisiones en equipo: habla con tu consejo, socios o equipo. Expón la situación y pide análisis objetivos. Tomad las decisiones basadas en datos, no en temores. Y planifica para los diversos escenarios que pueden desarrollarse en base a la información que tienes.
Por último y no menos importante: TU TIEMPO Y DESCANSO PERSONAL· Pon límites; ésto debe ser innegociable.
No es egoísmo protegernos y poner a salvo nuestro estado de ánimo; es un acto de supervivencia emocional que nos permitirá contribuir de forma constructiva al mundo, sin formar parte de la polarización imperante y sobre todo, sacando adelante nuestra vida personal y proyecto profesional.
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Soy Raquel González y te ayudo a sacar a la Mujer Referente que llevas en tu interior de la mejor manera posible. Puedes empezar a través del libro-guía ERES UNA MUJER REFERENTE (Amazon) o conectando conmigo a través de mis redes sociales (@muejresreferentes, en Instagram y LinkedIn). Allí nos vemos.

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