Mascarillas de pasarela… La reinvención de Gracia Beltrán

Mascarillas de pasarela... La reinvención de Gracia Beltrán. Mujeres Valientes

Mascarillas de pasarela… La reinvención de Gracia Beltrán

Mascarillas de pasarela... La reinvención de Gracia Beltrán. Mujeres Valientes

 

El coronavirus ha sido como ese primer amor de adolescencia. Llegó a nuestras vidas de la manera más inesperada posible y, en cuestión de unos días, consiguió poner nuestro mundo patas
arribas.

Hemos aprendido a sustituir los apretones de manos por choques de codos y los abrazos por miradas con dos metros de distancia. Ahora, las sonrisas se esconden tras mascarillas de colores.

El mundo ha tenido que reinventarse y nosotros con él. Así lo ha hecho Gracia Beltrán, una empresaria sevillana que, en cuestión de meses, ha pasado de ser la regente de un taller de confección en el barrio de Los Remedios a convertirse en uno de los referentes de “la nueva moda” en todo el país.

 

Ahora el mundo se esconde tras mascarillas de colores

 

Las mascarillas se han convertido en la nueva moda de la nueva normalidad y Gracia Beltrán ha sabido verlo y aprovechar el salto para coger impulso. De medir el bajo de los dobladillos y el talle de las cinturas, las costureras de su taller han pasado a calcular el ancho de las caras y el largo de las gomillas… Una reinvención constante a la que esta empresaria ya está acostumbrada.

“Desde que abrimos el primer local en Triana, en 2007, el taller ha ido creciendo y se ha adaptado muy rápidamente. Hasta que ha llegado este año con el coronavirus y nos deja tirados como una colilla”, confiesa.

La enfermedad, el Estado de Alarma y el confinamiento llegaron como un tridente arrasador a principios de la primavera, una de las épocas más punteras para la economía de la ciudad y, sobre todo, para los talleres y tiendas de confección como el de Gracia.

En esta época, el taller estaría en pleno apogeo, con todas las máquinas ocupadas y perchas con túnicas y trajes de flamenca colgadas de todas partes. Incluso, todos los años tenemos que contratar a dos personas más para poder afrontar el trabajo, pero este año, a las dos semanas de que entrasen las nuevas costureras, se decretó el confinamiento y tuvimos que parar toda la producción”.

No quedaba más opción que enviar a sus diecisiete trabajadores a uno de los miles de ERTE
que se han firmado en España durante estos últimos meses. La actividad del taller quedó completamente paralizada y, aunque el Gobierno se hacía cargo del salario de los trabajadores, “el alquiler y los gastos de luz y agua había que seguir pagándolos”.

 

En su casa, Gracia no podía estar quieta y, casi por casualidad, escucha decir al médico de su marido que necesitaba mascarillas para todo su pueblo

 

Es un sitio muy pequeño en el que viven muchos ancianos y, claro, las necesitaban para prevenir los contagios. Pedían 526 mascarillas, así que decidí ponerme en contacto con conocidas y amigas que saben coser y les propuse unirnos para coserlas. Con todo cerrado, fue una auténtica odisea, pero empezamos a trabajar el jueves y, en cuatro días, el doctor tenía las 526 mascarillas en el maletero de su coche”.

Esta acción solidaria, no fue más que el pistoletazo de salida a una carrera de fondo. Gracia y su grupo, Operación Mascarilla, siguieron realizando esta labor con pacientes de residencias de ancianos, trabajadores del transporte público y agentes de la Policía Local y la Guardia Civil,  entre otros.

“Todo el mundo que se enteraba que hacía mascarillas, me pedían y se las servíamos. En todo el Estado de Alarma, hemos llegado a fabricar más de 10.000 piezas”.

Cuando llegó mayo, la actividad del taller se reanudó, pero no lo hicieron las de los grandes almacenes y tiendas para las que Gracia y sus empleadas realizan los arreglos y confecciones, por lo que, al volver, las pocas que pudieron regresar del ERTE, deciden continuar produciendo mascarillas.

La idea inicial era que, cuando abriéramos la tienda al público, se les pudiera ofrecer algo como regalo a los clientes. No teníamos idea de cómo empezar a venderlas, pero todo cambió de un día para otro”.

 

 10.000 mascarillas se han realizado en el taller de Gracia Beltrán desde que se decretó el Estado de Alarma

 

Poco antes de reanudar su actividad, el tejido con el que fabricaban el forro de las mascarillas, el TNT, empieza a escasear y muchas de las tiendas que podían proveerles, continuaban cerradas. Fue entonces, cuando Virginia, la hija de Gracia, decide hacer algo para poder continuar con el trabajo y evitar que la producción cayera.

 

Gracia Beltrán y su hija, Virginia, en el taller. Mujeres Valientes (1)

 

“Cogí mi teléfono y escribí por Instagram a todos los famosos que se me pasaban por la cabeza para pedir que nos donaran el tejido y nosotras coseríamos las mascarillas desinteresadamente. Solo necesitábamos la materia prima”, cuenta Virginia.

Una de las personas a las que escribí fue a un reportero del programa Sálvame, nos dijo que no conocía a nadie, pero que estaría al loro si escuchaba de alguien y, al poco de empezar a trabajar en el taller, volvió a escribirme diciendo que le encantaban nuestras mascarillas y nos compró algunos modelos”.

La mascarilla de un Mickey Mouse con zapatos amarillos fue la primera imagen que este reportero mostró en público. “A Lydia Lozano le gustó y le preguntó dónde la había comprado, entonces, él dijo, en pleno directo, que era de nuestro taller. Aquella tarde, los teléfonos no paraban de sonar. En el taller se formó la marimorena. Ese día, nos fuimos de aquí a las once de la noche”.

 

Gracia sonríe al recordar este momento, mientras se frota las mangas para devolver a su ser los vellos como escarpias de sus brazos

 

“Fue un desborde. Las tres mujeres que estábamos aquí solas no podíamos hacer todo lo que se nos demandaba. Llegaban pedidos de toda España. Hemos llegado a tener 800 mensajes, sin exagerar.

Sin embargo, las modas funcionan de manera tan irregular que, a pesar del volumen de trabajo, no se atrevía a devolver a las trabajadoras que seguían en el ERTE. “¿Cómo voy a traer a estas mujeres el lunes si en un par de días quizá ya no haya trabajo y tenga que volver a mandarlas a casa?”, pensaba Gracia para sí.

Gracia contactó, de nuevo, con las chicas de Operación Mascarilla para que le tendieran una mano durante el fin de semana. “Pero, claro, cuando vimos que pasaba el domingo y seguían llegando pedidos de mascarillas en masa, no podía seguir tirando de ellas porque me sentía mal. Entonces, decidí traer a las trabajadoras”.

 

La nueva normalidad estaba cada vez más cerca

Con los talleres y almacenes cerrados, fabricar mascarillas de buena calidad para todo el país y no caer rendida en el intento, se convirtió en una auténtica tarea hercúlea. Todo ello unido a que los haters también llegan al mundo de la confección. “Ahora que vendíamos en masa, ya no podíamos comprar cualquier material. Necesitábamos un tejido bueno y, claro, la mayor calidad y el aumento de la demanda —porque todo el mundo está haciendo mascarillas—, hizo que el precio de las materias primas y los productos subieran”, admite Gracia.

“Algunos clientes se quejaban de la subida de precios, pero no ven que detrás de ello se incluye un material de mejor calidad, los gastos, el sueldo de los trabajadores, etc., se quedan con que, como somos famosas, hemos subido el precio. Ver esos comentarios después de todo el trabajo, me ponía muy mal
cuerpo”.

 

“Hay demasiado intrusismo en el mundo de la confección. Ahora venden mascarillas hasta en la zapatería”

 

Como en cualquier otro sector, la competencia es más que tangible. “Hay demasiado intrusismo en el mundo de la confección. Ahora venden mascarillas hasta en las zapaterías”, nos confiesa la sevillana, “gente que ha sido muy cercana a mí se pone a hacer mascarillas y se han llevado clientes míos, porque las venden mucho más baratas; pero ¿qué pasa? Muchas veces, son personas que no están preparadas y que, incluso, están trabajando con materia que no es adecuada o es de baja calidad, pero es barato y quien compra no sabe si están comprando algo bueno”.

Según narra Gracia, esta competencia no es nueva, sino que es un intrusismo que venía de tiempo atrás. Sin embargo, con la producción de mascarillas durante el estado de alarma, se ha hecho más evidente. “Es respetable que hagan su trabajo, pero te hace la puñeta porque hacen las cosas mal y a un precio que talleres como nosotros no podemos ofrecerle, porque es imposible mantener una infraestructura cuasi-industrial como esta por cinco euros”.

Pese a todo, no se rinde. La empresaria admite que, aunque el país ya haya salido del Estado de Alarma, a negocios como el suyo aún les queda un tiempo para volver a “la nueva normalidad”

“Creo que, hasta la primavera del año que viene, que todo el mundo coja con muchas ganas la Feria de abril y la Semana Santa, no va a volver el trabajo. Sin embargo, tenemos que seguir renovándonos. Hemos comprado una bordadora para hacer productos nuevos, empezamos a confeccionar ropa de bebé, bolsos de playa… Además, también hemos creado página web y abiertos los perfiles de redes sociales; incluso hemos patentado nuestra propia mascarilla de lectura labial para personas con problemas de audición. Al final todo ha servido para modernizarnos y crecer”, sonríe Gracia, orgullosa.

 

Mascarilla de lectura labial para personas con problemas de audición y patentadas por Gracia Beltrán. Mujeres Valientes

 

Cuarenta años después de empezar a trabajar, no ha descansado ni un solo año, ni siquiera cuando una pandemia ha estado a punto de acabar con su negocio.

Lo he pasado muy mal estos meses. Primero por la incertidumbre y el miedo de no saber qué pasa y solo ver muertes. No podía dormir. La única manera de evadirme y no pensar era coser mascarillas. Cosía todos los días con un rosario pegado a la máquina de coser, pidiendo que todo saliera bien”.

Gracia habla llena de satisfacción, pero siempre sin dejar de pensar que lo que queda por delante, sigue siendo trabajar y continuar creciendo.

 

Mascarillas de pasarela... La reinvención de Gracia Beltrán. Mujeres Valientes

Javier Ruiz Andana
fjrandana@gmail.com
1Comment
  • Ezequiel Mendez Beltran
    Escrito 13:15h, 01 julio Responder

    Animo Gracita…. estoy seguro que conseguirás todos tus propósitos, ya que tienes las mismas fuerzas y energía del comienzo.
    Has sabido adaptarte a los tiempos y circunstancias y eso es importante para todos los,que se dedican a un trabajo como el tuyo….
    Animo porque también tienes el cariño y apoyo de tu familia: tu marido e hijos, así como del resto de tu familia, amigos, conocidos y de tus empleadas ¡¡¡

    Animo y siempre hacia adelante, sin olvidar el pasado para llegar al futuro y para ver cumplidas todas tus ilusiones y las de los,que ya no están junto a ti

Escribe un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Mujeres Valientes utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies