
03 Jun Marilyn Monroe… siempre Marilyn

Marilyn Monroe: la mujer que murió sin saber que sería una marca millonaria
Cien años hace ya que nació Marilyn Monroe una mujer sobre la que se ha escrito mucho y cuya biografía, es bien conocida por todos, así como su trágico y, para muchos inexplicable final. Pero la historia de Marilyn no terminó con su muerte.
Ella, que era el icono de la belleza y la sensualidad, poseía un coeficiente intelectual estimado en 165, una cifra que se considera dentro del rango de la genialidad y superior incluso al de Albert Einstein. Sin embargo, Hollywood prefirió proyectar su imagen como símbolo de belleza, relegando su faceta intelectual y su curiosidad cultural.
Lejos del estereotipo, Marilyn fue una lectora apasionada y culta, con predilección por autores como Flaubert, Faulkner y Lorca. Su amor por la literatura y su capacidad analítica desafiaban la cómo la veía el mundo. Un mundo que la reducía a una mujer superficial, pero que en realidad mostraba una una mujer compleja, sensible y profundamente interesada en el conocimiento.
Algunos, que la tomaban por tonta, se sorprendería de cómo gestionó su legado económico, algo que revela una de las paradojas más llamativas de la cultura contemporánea: una mujer que en vida luchó por su autonomía, por su dignidad profesional y por ser tomada en serio, terminó convirtiéndose en una de las marcas más rentables del mundo… sin poder decidir sobre ello.
Cuando Marilyn falleció, dejó su herencia repartida entre tres personas clave. Su mentor y profesor de interpretación, Lee Strasberg, heredó todas sus pertenencias físicas y, sobre todo, el 75% de sus derechos de propiedad intelectual. El 25% restante fue para su psiquiatra. Nada hacía presagiar que esa distribución acabaría generando una fortuna que Marilyn jamás llegó a imaginar.
En 1982, tras la muerte de Strasberg, ese 75% pasó a manos de su segunda esposa, Anna Mizrahi Strasberg, una actriz venezolana que nunca había conocido personalmente a Marilyn. Y, sin embargo, fue ella quien entendió algo que nadie antes había visto con claridad: el poder económico de un icono femenino convertido en mito global.
Anna fue visionaria. Empezó a firmar acuerdos de licencia, contratos de promoción y cesiones de imagen que permitieron usar el nombre, la firma y el rostro de Marilyn en campañas, productos y colaboraciones de todo tipo. Convirtió a Marilyn en un fenómeno de marketing póstumo, en una marca capaz de generar más dinero muerta que viva. De hecho, llegó a multiplicar por diez los ingresos que la actriz obtuvo en vida.
Creó la firma Marilyn Monroe, se asoció con grandes empresas y profesionalizó un legado que hasta entonces había estado dormido. En 2011, vendió la herencia a la compañía Authentic Brands Group (ABG), que transformó a Marilyn en una marca valorada en 80 millones de dólares.
Su marca, al igual que ella, habla de poder, de imagen y de cómo la figura de una mujer puede convertirse en un activo económico gigantesco… incluso sin que ella pueda decidir sobre ello. Porque muestra cómo la sociedad ha explotado, y lo sigue haciendo, la imagen de una mujer que, en vida, buscó respeto, libertad creativa y control sobre su carrera.
Por eso es importante recordar que detrás del mito hubo una mujer real: inteligente, sensible, ambiciosa y profundamente consciente de su valor, aunque el mundo tardara demasiado en reconocerlo.
Marilyn Monroe no fue solo un icono
Fue, y continuará siéndolo durante años, una industria. Una industria construida sobre la imagen de una mujer que nunca dejó de luchar por ser algo más que un rostro bonito, y por lograr ser feliz.
Quiso ser madre y no lo consiguió. Luchó para lograr que la vieran más allá de su belleza y no lo vio en vida, pero el mundo ha sabido reconocer tras un rostro lleno de belleza, la mujer que ella veía cada día que se miraba al espejo y en el que veía a la mujer valiente, auténtica y llena de la verdad de una Marilyn Monroe que para ella siempre fue Norma Jeane Mortenson.
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