El liderazgo invisible. El precio de liderar sin ser vistas

 

 

El liderazgo invisible es un estilo de liderazgo

 

El liderazgo invisibles es ese en el que la influencia y la guía se ejercen de manera discreta, sin que el/la líder sea el centro de atención o tenga un título formal de autoridad.

Es un tipo de liderazgo que:

  1. Prioriza el desarrollo y el éxito de los demás, en lugar de buscar reconocimiento personal.
  2. Actúa sin necesidad de protagonismo.
  3. Ejerce la influencia desde los sutil y no es autoritario.
  4. Crea entornos más colaborativos.

Es un liderazgo que no busca un trono, ni aplausos; se enfoca más en el bienestar y crecimiento ajeno.

Es posible que en estas pocas líneas ya te hayas reconocido: las Mujeres somos muy propensas a no destacar, y a liderar muchas veces detrás de las bambalinas. Pero claro, esto tiene consecuencias con un coste emocional y vital muy alto: sostener el mundo en silencio, “sin pena ni gloria” que diría mi abuela.

¿Cuánto nos cuesta liderar sin ser vista?

La labor de coordinación, gestión emocional, mediación y sostén que recae desproporcionadamente sobre muchas de nosotras genera huellas profundas en muchas de nuestras facetas. Como, por ejemplo, los costes emocionales y psicológicos. Entramos en un desgaste y estado de alerta emocional permanente que nos deja sin descanso. Tenemos la invisibilidad tan internalizada que llegamos a autonegarnos los méritos: tendemos a subestimar nuestra propias contribuciones.

 

Que levante la mano quien no ha  dicho o pensado en algún momento de su vida “Esto lo haría cualquiera”

 

Llegamos a desconectar de nuestras propias necesidades haciendo insoportable la carga mental perpetua y también tiene consecuencias profesionales: Principalmente una falta de reconocimiento formal. Las competencias del liderazgo invisible (mediación, coordinación o la gestión emocional) no están aún lo suficientemente valoradas y son poco significativas en los procesos de promoción, por ejemplo.

Contra toda lógica, quienes más sostienen la organización suelen ser las que menos ascienden, porque su labor no se percibe como “beneficiosa” ni como efectiva en el corto plazo. Esto se traduce en algo que nos impacta de lleno: las tareas que no se reconocen no se monetizan, lo que deriva en la brecha salarial.

Al trabajo formal se suman las expectativas implícitas: “ella que lo organice”, “ella que hable con fulanito a ver si entra en razón”. Y por este trabajo no se cobra. Pero, sin duda, las consecuencias vitales y existenciales son probablemente las que más impactan en nosotras, en cómo nos autopercibimos, en nuestra autoestima y en nuestra calidad de vida.

Dedicamos nuestro tiempo a la gestión invisible y lo quitamos, sin darnos cuenta, a nuestro desarrollo personal, al ocio regenerativo, a proyectos propios o a una cosa tan simple como es el descanso. De todos estos efectos somos más o menos conscientes, pero hay un aspecto que pocas veces se comenta y es la generación de dinámicas de dependencia: los demás se acostumbran a que “alguien” lo hará. Nos hacen sentirnos por un lado imprescindibles pero por el otro no nos dan valor ni remuneración a cambio.

En mi experiencia como coach acompañando a mujeres, he visto recurrentemente un patrón común: la tendencia al control. Las mujeres estamos permanentemente ocupadas porque todo encaje, esté en su sitio y salga bien; a veces llegando a estar en un estado de hiperalerta. Esto deriva en una sobrecarga ya que las redes de apoyo suelen ser unidireccionales, la mujer da soporte pero no necesariamente lo recibe cuando lo necesita. Y este rol de “Salvadora” nos crea muchas veces una crisis de identidad y propósito: La identidad se fusiona con la función de sostén, lo que dificulta el desarrollo de otras áreas personales.

 

Nos hacen creer que sin nosotras nada funciona y, si algo sale mal, es por nuestra culpa

 

Es muy frecuente tener sentimientos de frustración que nos tratan de quitar con el consumo de ansiolíticos, como si fuera un problema nuestro que se solucionara eliminando el síntoma.

El liderazgo invisible, al no identificarse, se normaliza y se transmite de generación en generación como uno de nuestros “súperpoderes”, perpetuando unas expectativas que justifican la distribución desigual. Así que, cuando las mujeres damos un paso adelante y decidimos hacer cambios para dejar de ejercer el liderazgo invisible somos penalizadas (“ya no es la de antes”) o encontramos resistencia al intentar hacer visible nuestra contribución.

Experimentamos culpa al establecer límites por dejar a un lado parte de “nuestras obligaciones”; al fin y al cabo, hemos sido educadas y socializadas en que las mujeres, y más concretamente las madres, somos las que cuidamos de todos y no hay una mujer más valiosa que la que se sacrifica por su familia. Romper con esa expectativa muchas veces es el camino más difícil y angustioso que debemos atravesar, más incluso que el techo de cristal.

Sin embargo, no hacer estos cambios tiene un coste mucho mayor para nosotras.

¿Qué podemos hacer para iniciar el camino para el Liderazgo Consciente?

Para mí, el punto de partida para apuntar hacia el cambio es transformar nuestra AUTOPERCEPCIÓN: El cambio externo comienza con un cambio interno.

La barrera más poderosa no está en el reconocimiento externo, sino en lo internalizada que tenemos la invisibilidad.

Para transformar esa manera de estar en el mundo, yo trabajo estos tres pilares:

  1. El Espejo: el auto-Reconocimiento.

Lo primero es vernos, poner palabras a lo que ya hacemos porque está tan integrado en nuestra realidad cotidiana que en la mayoría de ocasiones no somos capaces siquiera de verlo. Poner nombre a las competencias invisibles.

Y también es muy importante identificar nuestro punto ciego del mérito:

¿En qué momento exactamente dejamos de vernos a nosotras mismas como merecedoras de reconocimiento? En esto confluyen factores como la educación  y la socialización que hemos tenido, los mensajes que nos han mandado desde nuestra infancia sobre la humildad y el castigo a la “vanidad”.

A las mujeres nos cuesta ponderar cuál es una retribución justa por lo que hacemos o logramos y un ejemplo claro de esto es ver la dificultad que tienen muchas emprendedoras a la hora de poner valor monetario por los trabajos y servicios que ofrecen: poner precio se convierte en un proceso tan angustioso que puede llegar a paralizar todo el proyecto. Es imprescindible trabajar este punto.

Asimismo, también es necesario conocerse y hacer una exposición gradual porque sin visibilidad no nos llegará el reconocimiento: lo que no se ve, no se valora.

  1. El Atelier. Diseñar tu traje a medida

Las creencias que hemos desarrollado a lo largo de años y donde se sustentan todas nuestras acciones y pensamientos, en realidad, no nos están ayudando y debemos ser conscientes de ello.

Te pongo un par de ejemplos:

  • ¿Eres capaz de identificar aquellas frases que te dices cuando algo no sale como esperabas? ¿A quién responsabilizas/culpas? ¿Por qué?
  • ¿Eres capaz de pedir ayuda o prefieres hacerlo? ¿Por qué?

Piensa que permitir que otros contribuyan, no solo es también un liderazgo válido sino que además te liberará de llevar en tus hombros el peso de todo, incluidos los errores.

Es absolutamente necesario transformarlas en otras más acordes a nuestra realidad y que reconozcan la mujer valiosa que somos, sacando a relucir nuestra Mujer Referente oculta.

  1. El legado (Impacto Elegido).

¿Cómo deseas que se te recuerde?

¿Qué impacto te gustaría tener en el mundo y qué puedes hacer para conseguirlo?

Tu trabajo no estará completo sin diseñar tu futuro, construir un ‘legado a medida’ es el siguiente paso necesario y, a la vez, el verdaderamente transformador.

No todas las mujeres deseamos lo mismo, el éxito debe medirse en valores y sueños de forma individual. No todas necesitamos la misma visibilidad ni el mismo impacto, solo necesitamos llegar a ejercer el liderazgo que nos permita sentirnos orgullosas, satisfechas y, sobre todo, reconocidas.

Espero que estas breves sugerencias te ayuden a verte desde otro lugar, identifiques qué puede estar detrás de tu cansancio emocional y psicológico y puedas empezar a poner en marcha pequeñas acciones que te ayuden a transformar tu liderazgo y deje, por fin, de ser invisible.

Empieza hoy: pon un temporizador de 10 minutos y escribe en un papel todo lo que hiciste ayer y que no estaba en tu lista de tareas “oficial”. Ese es el primer paso para verte y reconocer todo lo que haces.

También puedes guiarte con el libro ERES UNA MUJER REFERENTE (disponible en Amazon) y conectando conmigo a través de mis redes sociales (@mujeresreferentes, en Instagram y LinkedIn). Te deseo larga vida Mujer Referente.

Raquel González
rq.glez.ruiz@gmail.com
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