Kilómetro cero… Volver empezar para una emprendedora rural

Kilómetro Cero... Volver a empezar para una emprendedora rural. Mujeres Valientes.

Kilómetro cero… Volver empezar para una emprendedora rural

Kilómetro cero... Volver a empezar para una emprendedora rural. Mujeres Valientes.

 

Dos meses después vuelvo a MUJERES VALIENTES para comenzando nueva temporada y curso. Llegó septiembre y con el volvió lo que ahora llamamos “La Nueva Normalidad”… Los niños vuelven al colegio llenos de incertidumbre y el personal de muchas empresas dejan de teletrabajar y abren sus puertas.

Llevo semanas dando vueltas en mi cabeza para pensar cuál sería el tema del que os hablarías a mi vuelta, a esta ventana al mundo que me ofrece Mujeres Valientes, y que me permite desarrollar una de mis pasiones: poder escribir y dirigir mi escritura con el corazón. Un corazón el que rebusco para sacar las palabras exactas y poder trasmitir lo que mi cabeza piensa.

Muchas historias que mes a mes os he ido contando y en las, en muchas de ellas, he abierto mi corazón en canal. Os he hablado de mis peores épocas, de toda esta lucha para saca adelante mi proyecto desde el entorno rural en el que vivo, de mis aciertos, de mis errores y he puesto todo mi esfuerzo en reivindicar el papel de la mujer rural.

Este año no tocará hablar tanto de mi historia y voy a dejar el camino para contaros la historia de otras mujeres valiosas del entorno rural y que merecen un espacio para alzar la voz y dar a conocer los grandes proyectos que realizan.

Este mes comenzaré por despedir mi propia historia para dar comienzo a un nuevo camino; y creo que la mejor forma de empezar esta nueva temporada, es a través de estas líneas con las que cerrar un ciclo.

Como ya sabéis las que me habéis leído, en numerosos artículos, he hecho mención a que los últimos doce años de mi vida han sido de todo menos fáciles. Una etapa en la que la vida, desde los 22 años, me forzó a ser fuerte y a sobrevivir a un dolor tan inmenso a veces, que me cortaba la respiración.

 

La vida me “arrancó” a dos personas muy valiosas de mi lado y me tocó lidiar con toros a veces muy difíciles de capotear

 

Hace un tiempo, hablando con algunas amigas cercanas que han sido testigo de estos últimos años, me preguntaban ¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo fuiste capaz de aguantar todo?… A día de hoy aún no lo sé. Lo único que pude responder fue que cuando ya creía que no tenía más fuerzas para aguantar mas golpes, de repente volvía a aparecer y seguía hacia adelante.

 

SEGUIR HACIA ADELANTE… tres palabras fáciles de pronunciar, pero tan difícil de materializar a veces

 

No me considero una mujer de otro planeta ni mejor que nadie, simplemente fui una mujer que aún siendo casi una niña, le toco ponerse el traje de “guerrera” que llevaba dentro y luchar contra los obstáculos que la vida le iba poniendo.

Jamás pensé que en mi etapa de veinteañera; los años en los que yo soñaba con acabar mi carrera, seguir formándome y forjar mi carrera profesional hacia el éxito, me tocaría guardar todo eso en un cambio para tener que convertirme en una mujer a prueba de terremotos y bombas.

Como ya muchas sabréis, con veintitrés años recién cumplidos, mi hermana falleció. Tan solo era diez meses mayor que yo. Ella era mi compañera de camino desde que tenía uso de razón y hasta aquel ese fatídico 25 de marzo de 2008.

Esa fue la primera herida en mi alma porque aprender a vivir sin ella, fue una de las etapas más duras. Esa fue una nube negra que se instaló en mi vida y que tardaría años en irse.

Aún no recuperada del primer golpe, un 11 de Diciembre de 2010, la vida decide que mi padre con tan solo 57 años debía de viajar la cielo para cuidar a su hija y otro cáncer se lo llevó, dejándome rota de dolor, ya que para mí era otro de mis pilares fundamentales.

Aquel día me sentí más abandonada que nunca en esta vida y supe que a partir de ese 11 de diciembre tocaría caminar sola el camino de la vida.

Y Estaba segura de que sería así porque la persona que siempre me inspiró, a la que vi luchar día a día junto a mi madre y trabajar duro para que sus hijos pudieran ser universitarios y tener una carrera se había ido.

Mi padre era el que cuando era pequeña me dijo… “Yoli, (ese diminutivo de mi nombre, que solo me dicen los más cercanos) tu podrás ser lo que quieras ser en esta vida porque eres capaz de conseguir lo que te propongas“.

Él era un padre que animaba a sus hijos a perseguir sus sueños, y luchaba junto a ellos. Un padre que a pesar de decidir estudiar una cerrera de hombres, jamás me limitó y siempre me animó a conseguir mis retos. Pero la vida quiso que solo estuviera hasta los 25 años a mi lado.

Yo era una mujer joven. Una mujer en la flor de la vida, decían… Y sí, lo era pero también estaba totalmente rota a los 25 años. Con un corazón hecho trizas que iba a ser difícil de volver a componer pero con la seguridad de la vida aún me tenía que dar más lecciones.

Algo que he aprendido es que cuando estás destrozada y superada por los acontecimientos, no puedes tomar decisiones que pueden marcar tu vida… yo caí en ese error. Volví a creer en personas que no eran lo que parecían y que me llevaron a otro infierno, pero eso es otra historia que ya algún día podré contar.

 

Kilómetro cero y una nueva forma de volver al origen

 

Dicen que lo que la vida te quita por un lado, te lo devuelve por otro, y a mí me regalo un hijo. Un niño que desde 2013, me hizo sentir que volvía a caminar acompañada.

También me toco vivir la parte mas dura de mi profesión, y es que ser madre supuso tener que frenar en seco y ver cómo se me cerraban puertas por el simple hecho de haber decidido dar vida.

Mi hijo es el motor de mi vida y gracias a él conocí el amor mas puro y verdadero que día a día, en los momentos mas difíciles, fue capaz de darme para saber que sería capaz de mover montañas.

A los veinticinco años me casé y a los treinta y tres ya era una mujer divorciada… Tuve que dar el giro mas difícil de mi vida, tener una paciencia de plomo y superar situaciones muy difíciles que supusieron una gran lección de la que aprendí.

Hace poco me volví a reencontrar con una amiga que me dijo algo que me hizo reflexiones en una situación en que no reparé porque era yo la que lo estaba viviendo: “cuánto me alegro, Yoli… vuelves a ser tú… ” Tenía toda la razón. Volví casi del mismísimo infierno.

Otra me dijo: “¿Cómo pudiste soportar tantos golpes sin cruzar la línea de la locura?” Mi respuesta fue: “cada día respiraba hondo y me repetía a mí misma… Yoli, sigue adelante, tú puedes… todo se va a arreglar”.

A pesar de todas las piedras que me he ido encontrando a lo largo de mi vida, con mis aciertos y errores, siempre aposté por luchar y no rendirme. Creo que  la vida valoró mi esfuerzo y decidió darme una segunda oportunidad.

 

Llevo unos meses diciendo a mis personas cercanas que vuelvo a estar en el kilometro cero

 

Volví a mi casa… Volví a la casa de mi madre diez años después de haberme ido cuando me casé. Esta vez lo hacía acompañada de mi hijo, mi fiel escudero en toda esta aventura.

Después de mucho luchar y no rendirme paraa conseguir poder ejercer mi profesión, la vida me regala una oportunidad en una empresa en la que poder crecer laboralmente y desarrollar todo este talento que guardo y que dicen que tengo, porque yo mas bien creo, en el esfuerzo y el trabajo duro.

La vida, estas últimas semanas, ha eliminado de mi camino todo lo que tenía que ver con épocas pasadas porque en esta nueva no tienen cabida.

Y la propia vida me ha dicho: “Yoli, te pongo en el punto de partida. El lugar en el que empezaste hace doce años, pero esta vez con la experiencia de lo pasado y la lección aprendida. Vuelves a tener las riendas… ¡Aprovecha esta segunda oportunidad”.

Con este artículo quiero cerrar esta etapa y dejar constancia de que la vida es de todo menos fácil. Que en un segundo pone tu mundo patas arriba y de nosotras, y sólo de nosotras, depende la capacidad de adaptarnos y seguir.

No me considero Super Woman, ni una persona que por su historia haya que tenerle pena, me gusta contar mi lo que me ha ocurrido porque es un ejemplo más de que “casi” todo se puede superar, y que una vez que tocas fondo, lo único que te queda es subir para volver a ver la luz.

Mi camino vuelve a comenzar, en estos tiempos difíciles que todos vivimos por la Covid-19. Una nueva etapa en la que ahora sí estoy lista para luchar por mi profesión y por conseguir mis sueños.

 

El mayor tesoro que tenemos es algo que es gratis, y es la salud y el amor de nuestra familia y amigos…

 

Todo esto es lo que de verdad importa y es nuestro mayor tesoro y eso es algo, y os lo dice Yolanda Moreno, me lo enseño a mi la vida a “peso” de golpes.

 

 

Yolanda Moreno
yoliarriate@yahoo.es
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