Incumplimiento del Régimen de Visitas... El sufrimiento de una abuela. Mujeres Valientes

Incumplimiento del Régimen de Visitas… El sufrimiento de una abuela

Incumplimiento del Régimen de Visitas... El sufrimiento de una abuela

 

Hoy es un día especial para mí. Hoy, que es un miércoles como otro cualquiera, pero para mí siempre tendré un motivo para sonreír. Porque hoy, tiene un significado para una gran mujer de mi vida, mi particular mujer valiente. Una abuela que no fue oída, que fue traicionada, que fue humillada.

Esto no es un caso del despacho, es un caso de mi vida personal, de hace dieciséis años. Hoy es curioso, día 16… Hace dieciséis años… El número cuenta.

Vamos a nombrar a Pepi. Una mujer, un ama de casa dedicada en cuerpo y alma al cuidado de su casa, de su marido (auxiliar de enfermería por aquel entonces, y hoy jubilado), y de su hija de diecisiete años por aquel entonces, que estudiaba bachillerato para entrar en la universidad.

Pepi no solo tiene a esta hija, sino que también tiene un hijo que tiene su pareja, y que, a su vez, tiene un hijo de dos años y medio. Un hijo, que en el mes de junio de 2006, estaba a las puertas de casarse.

Al parecer todo va bien, todo preparado, la familia entera con los billetes comprados, hoteles reservados y algunos pagados… todo en teoría va bien. Pero le resulta extraño, que a un mes de la boda, con tanto tiempo de antelación que se había sabido, la que fue su nuera, e incluso su hijo, no tuvieran algo tan simple como el vestuario de la boda (recordemos que yo me casé el diciembre de 2019 y el vestido estaba en mi casa desde febrero), ni un lugar para celebrar, ni tan siquiera una triste iglesia. Como era en otra provincia de España, Pepi podía pensar, es raro… Pero serán las costumbres de allí, igual yo soy una exagerada.

No eran ni costumbres de allí, ni Pepi era una exagerada. La noche del 2 de Junio de 2006, Pepi recibe una llamada de su hijo, eran más de las 23:00 de la noche, llorando a moco tendido y angustiado diciendo que su pareja lo había dejado telefónicamente mientras él estaba trabajando. Pepi, preocupada, pues su hijo trabajaba en el cuerpo de seguridad del cuartel donde estaba destinado (simplemente para ganar más dinero y poder mantener mejor a su pareja y a su hijo), y tenía un arma, le pidió que por favor esa noche se fuera a casa, y que no llevase el arma encima.

Después de más de dos horas de llamada, Pepi cuelga el teléfono, y su marido, que gran razón tenía… le dijo unas palabras que a ojos de cualquiera podrían ser pájaro de mal agüero, pero para mí… eran premonitorias. “Ten por cuenta que al niño (como cariñosamente llamaba a su nieto), no lo vemos más”… Qué razón tenías… papá.

 

Sí, esas personas de las que hablo son mi padre… Él mi hermano… Y ella mi madre

 

Mi hermano comienza a tramitar una baja psicológica en el ejército donde le recomiendan que se venga para Cádiz, porque aquí está su familia, y su principal apoyo. Yo por aquel entonces no había entrado en la Universidad, era el verano de transición de primero a segundo de bachillerato, y no tenía claro, si quería estudiar periodismo o derecho.

 

Este fue el detonante, para que entrara en el camino que me lleva a portar la toga con orgullo que la llevo
ahora.

 

Cuando mi hermano se viene a Cádiz, mi madre va a buscar un abogado en aquella ciudad, y contrata los servicios de una. En esa primera visita yo no estoy presente, sino que va mi madre con mi hermano a exponer el caso. La abogada le pone una demanda de medidas a la que era mi excuñada por aquel entonces, reclamando algo tan simple como la custodia compartida (mi hermano no estaba fuera del ejército, estaba de baja, ergo, si hubiera sido necesario hubiera vivido allí, cumpliendo con uno de los requisitos del supremo), o un régimen de visitas.

Durante todo el proceso, mi hermano iba todos y cada uno de los fines de semana a ver a mi sobrino, donde tenía que verlo unas horas el sábado, y unas horas el domingo. Todavía recuerdo algunos videos que mandaba en los que lo veíamos.

En enero de 2007, mi madre coge un catarro de mil demonios, recuerdo todavía cómo llego a casa del instituto, y cómo, según entro por la puerta… Me hace la siguiente pregunta “Jose, ¿yo soy buena madre?” Imaginad, el palo que me llevo al escuchar a mi madre, mala que estaba, hacerme una pregunta tan profunda pero a la vez tan significativa, y lo más importante… Sin venir nada a cuento. Le pregunto que qué pasa, y me dice que no pasa nada, que era una simple pregunta… «Ya mamá, y una leche».

Llega mi padre, y se van los dos a la cocina, donde veo que mi madre asoma un sobre del bolsillo de la bata que llevaba. Ahí se me encienden las alarmas porque la veo llorar de forma desesperada. La inquiero y la obligo a que me enseñe la carta. Era un anónimo que había recibido esa mañana. Una carta de tres páginas y media, en la que le decían de todo menos guapa. Que si ella solo quería aparentar porque solo llevaba oro puesto (dos pulseras que suelen llevar las mujeres que compran y pagan su oro poquito a poco, y una gargantilla de toda la vida); que toda la ropa que le envió a su nieto cuando nació era de Cáritas… y ahí es donde me enciendo.

Mi madre, le hizo a mi sobrino un total de catorce cajas con jerséis, rebequitas, pololitos, y mil y una prendas hechas por ella misma, de punto, cosidas, de ganchillo… Había de todo, hecho por ella misma, IGUAL QUE AHORA EN 2021, le hizo a MI HIJA. Lo que cualquier abuela en la medida de sus posibilidades haría. Hasta un batón de cristianar para el Bautizo… Pero no, tenían que fastidiar y darle una puñalada diciendo que toda esa ropa era de Cáritas, como si en el caso de que hubiera sido verdad (que no lo era), fuera algo que fuera tercermundista.

 

Tuvimos la suerte de que eso no fue así, pero aunque lo hubiera sido, a mucha honra porque lo que importa es el detalle, no de dónde venga

 

Y Ojo, os hago una pregunta… ¿Qué más daño puede hacerle a una madre que le toquen a un hijo? Porque yo no me lo imaginaba hasta que di a luz a mi pequeña que ya tiene cuatro meses… La miro, y digo siempre… “que ni el viento te toque, que para que toque a alguien, ya estoy yo”. Pues le tocaron en esa carta a su hijo. Que si mi hermano había sido arrestado porque le daban los ordenadores para que los arreglara y entregaba las carcasas vacías… Todo eso, se lo comió mi madre sola una mañana, con un fiebrón impresionante, y angustiada.

Ni corta ni perezosa llamó al cuartel para hablar con el que fue el superior de mi hermano. Cuando se le puso el caballero al teléfono, mi madre le explicó llorando lo que estaba pasando. Dicho caballero le manifestó que todo eso era mentira, que mi hermano era muy querido en el cuartel, y que en referencia a ella (a su ex), había cosas que no compartía y que no comprendía de su actitud. Es más, esa misma mañana ese hombre le indicó que le enviaría un certificado de buena conducta de mi hermano, cosa que todavía guardamos, atesoramos, porque demostraba que lo que decía en esa carta era mentira. Que no llegaba a ninguna parte, pero que tampoco con esa carta quien la envió, pretendía que llegase, solo quería hacer daño… ¡Y bueno que si lo hizo!. Porque no todas las madres son perfectas, yo no pretendo serlo tampoco, sé que me equivocaré, como todas, pero sí tengo claro que mi madre me ha dejado el listón muy pero que muy alto.

 

Todo siguió su curso, y mi madre guardó la carta, donde sigue guardada a día de hoy

 

Hasta que en marzo de 2007, llega la fecha del juicio. Mi madre acude por no dejar a mi hermano solo, y aportando muchas fotografías porque la ex de mi hermano alegaba que el niño no podía venirse con nosotros un fin de semana ni en vacaciones porque no había tenido jamás contacto con nosotros. Eso era una mentira como el Vaticano de grande, porque había pasado vacaciones solo con nosotros, había venido en fiestas, en multitud de ocasiones.

Y así llevaba mi madre, que todavía lo recuerdo, un sobre enorme con más de 150 fotografías que acreditaban y echaban por tierra toda esa pantomima.

Llegan al día del juicio, mi madre está fuera con mi hermano, la abogada le dice que no se acerque a darle un beso al niño ni mucho menos. Ni falta que hizo, porque ella no apareció con el niño. Cuando fueron a entrar, ella entró con su familia arropándola, mi hermano tuvo que entrar solo… ¿Por qué? Porque la abogada le dijo “no entres porque no puedes, porque igual si lo veo necesario te llamo de testigo”. Mi madre se quedó fuera mientras a mi hermano le hacían un traje en sala, pobrecito mío, ahora sabiendo lo que sé, la cantidad de veces que se despelleja a los padres en sala.

Y termina todo. Se firma un acuerdo en el que mi hermano tiene derecho a ver a su hijo, un fin de semana al mes (el primero concretamente), la mitad de las vacaciones de verano, la mitad de las de navidad, y la mitad de semana santa. De momento… todo bien ¿no?

 

Se vuelven para Cádiz, pero a mí hay algo que me huele mal… Y no me equivocaba

 

Mi hermano comienza a ir el fin de semana que le toca… Y ella nunca está en la casa. ¿La lógica? Poner una denuncia, por aquel entonces (año 2007) esa conducta estaba tipificada como una falta. Y se condenaba a la ex de mi hermano hasta en tres ocasiones por un delito de incumplimiento… A un euro de multa durante un mes. Como si la oyera… ella diría “yo pago la multa, pero tú al niño no lo ves y me he salido con la mía”. Así hasta tres veces…

Llega verano de 2007, y va mi hermano solo a por el niño. Vuelta a empezar, no hay nada… Y va al Juzgado de guardia, donde le dan una orden para que a la semana siguiente, la madre entregue al niño. No recuerdo por qué fue… Que esta vez no fue mi madre con mi hermano, sino que fui yo. Recuerdo que salimos a las 20.00 de la tarde en el autobús para Madrid, y llegamos al amanecer del día siguiente.

Desayunamos en el lugar, y fuimos a la casa… Y vuelta a lo mismo, nadie abría la puerta. Damos una vuelta, igual han salido quiero pensar, y en una de las calles paralelas, nos encontramos de frente con el coche de los padres de la ex de mi hermano, siguen adelante y pasan de largo. Y nos vieron… claro que nos vieron, crucé una mirada con el hermano de ella… Una mirada que ahora mismo entiendo lo que significaba… satisfacción. Satisfacción por un sufrimiento que le estaban causando a una persona por el mero hecho de “porque me da la gana y porque tengo la sartén por el mango”.

Mi hermano estaba destrozado, sentados los dos en el bordillo de la acera de aquella casa, fumándonos los dos un cigarro y le recuerdo como le dije… “vamos a la Guardia Civil, tienen que hacer algo, la Guardia Civil está para algo”. ¡Qué ilusa fui!

Llegamos a la comandancia, con la Orden… y nos dice literalmente el Guardia Civil. “Mire usted, aquí no va a ir nadie a recoger ni a detener a nadie. La Guardia Civil no está para eso”. ¿Y para qué estaba la Guardia Civil? Nos vamos al Juzgado de guardia, donde nos tratan como dos despojos, diciendo que no estábamos siguiendo el camino correcto. Con una orden en la mano, que no sirvió para nada… Menos mal que mi madre no tuvo que presenciar eso… porque ese cuartel sale ardiendo, os lo digo y os lo adelanto.

Volvimos, mi hermano cada vez iba empeorando psicológicamente. Y poco a poco comienzo a entender las palabras de mi padre… Yo asumí que no íbamos a ver más al niño… Pero quien tenía que asumirlo era mi hermano.

Y lo asumió, viendo mi madre cómo su hijo se iba consumiendo cada vez que iba, en un intento esperanzador de un abrazo a su hijo que nunca llegó. Hasta aquella navidad. Recuerdo aquel 30 de diciembre, cuando a las 23:00 fuimos a recogerlo a la estación de Santa Justa tras volver en el último AVE. Recuerdo los ojos de mi hermano, enrojecidos e hinchados de llorar.

Recuerdo sus palabras… Ya mis padres venían comentándolo medio en silencio mientras iban unos pasos por delante mío mientras esperábamos… Ellos sabían que había que elegir… O luchar, sin éxito y que mi hermano acabase loco o haciendo una tontería… O hacernos un nudo en el corazón y asumir la pérdida.

Porque mi madre tuvo que elegir, ese niño era su nieto, pero quien estaba consumiéndose día tras día era su hijo, a quien había parido ella con miles de fatiguitas, su propio hijo se consumía, y ella no tenía otro remedio que hacerse un nudo en el corazón que a día de hoy sigue hecho.

Y así ocurrió… Mi hermano dejó de acudir a las visitas, hasta el día de hoy. Desde aquel entonces y ahora no sabemos ni dónde está, ni dónde vive… Lo que sí sabemos, y de esto tengo constancia, es que esa mujer (de las malas que hay), en el pecado lleva la penitencia, porque si quería borrar de su vida a mi hermano, jamás podrá hacerlo, porque cada vez que mire a su hijo, lo verá a él, porque es la viva imagen de su padre, de un padre que fue humillado, al que le robaron a su hijo.

Ahí tiene esa condena que verá cada día. A día de hoy mi hermano ha rehecho su vida, con una mujer maravillosa de la que en otro post hablaré de ella (si me deja contar su historia), y tiene una hija maravillosa, y mis padres una nieta preciosa, aunque siempre tendrán ese pellizquito en el corazón de que le robaron un pedacito de él.

Y mi madre… Han pasado dieciséis años de su vida haciéndose una pregunta tan simple, que con el paso de los años en mi profesión he aprendido yo a no hacérmela… ¿Por qué?

No hace falta un por qué para ser mala persona, tener mal fondo. Porque recordemos que si, se le hizo daño a un padre quitándole a su hijo, pero también se ha privado a ese pequeño (a día de hoy va a cumplir 19 años), de conocer sus raíces.

Mamá, hoy, en este día tan señalado, quiero desearte un feliz cumpleaños. No desde el punto de vista del sufrimiento, sino desde el punto de vista de la admiración que te tengo. Porque siempre serás una madre maravillosa, constante, protectora… Que a tus hijos que ni el viento lo toque, y que a tu nieta ni el viento la toque porque siempre, para mí, para tu marido y para tus cuatro hijos (dos postizos y dos de sangre), siempre serás… MI MUJER VALIENTE.

Te quiero mucho mamá. Feliz cumpleaños.

Espero que os haya gustado este post, más personal que otra cosa… Y espero, con alegría, poder repetir en el mes de mayo. Tamara, te paso el testigo.

 

¡Hasta la próxima, #mujeresvalientes!

 

Mª José Mateos Selma
maria.mateosselma@gmail.com
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