
01 Dic La igualdad real en puestos de poder… todavía lejos
A las mujeres no les interesan los puestos de poder
“Hay compañeras que me han reconocido que no les compensa ser directivas; (…) no les aporta nada a nivel personal y, además, ni siquiera está bien remunerado. (…) Mi trabajo muchas veces consiste en convencerlas para que acepten el puesto de directora”.
Esta afirmación fue realizada en una de las mesas redondas que se hicieron en el último Congreso Mujer Executiva 360 celebrado en Badajoz el pasado 7 de noviembre.
En dicha mesa, formada por dos altos directivos y moderada por una mujer, se dijeron cosas muy interesantes acerca de la igualdad real y de oportunidades en el mundo corporativo.
Pero esa frase, en la que además ambos participantes estuvieron de acuerdo (cada uno con sus matices), hizo que se dilataran mis pupilas porque fue algo que realmente me sorprendió.
¿Qué significaba exactamente?
¿Son las propias mujeres las que no dan el paso adelante cuando (al fin) les llega la oportunidad de ocupar un alto cargo?
¿Que el techo de cristal somos en realidad las propias mujeres?
Actualmente, sabemos que no existe equilibrio en los consejos directivos y otros órganos de decisión porque hay muchas trabas para que las mujeres accedan a ellos; pero, ¿quería decir aquella frase que en realidad esos puestos no resultan atractivos y preferimos seguir ocupando puestos menos relevantes (y por eso estamos fuera de ellos)
Y si es así, ¿qué hace que nos resulten menos atractivos para nosotras?
¿Qué hay detrás de esa observación? Pueden ser algunas de estas causas:
El poder, la toma de decisiones y las responsabilidades inherentes a esos puestos producen rechazo en las mujeres.
A las mujeres no les gusta liderar.
Empiezo con la primera de las afirmaciones para entender qué puede estar ocurriendo.
El poder, la toma de decisiones y las responsabilidades inherentes a esos puestos producen rechazo en las mujeres.
Los entornos laborales y políticos están contaminados de sesgos y estereotipos de género aún hoy en día. Ésto hace que se cuestione más la autoridad de una mujer o se juzgue su liderazgo y gestión con mayor dureza.
En muchas organizaciones, su cultura empresarial fomenta entornos laborales rígidos y acoplados a un modelo masculino tradicional (ausentes en su mayoría de la crianza y/o cuidados familiares) lo que hace que suponga una carga adicional para muchas mujeres. ¿Quizá hasta el punto de llegar a rechazar altos puestos de poder?
Algunos estudios muestran que las mujeres expresan menos ambición por puestos altos citando el estrés y la dificultad para conseguir un equilibrio entre la vida personal y laboral con la propia naturaleza del cargo. Pero también indican que cuando se eliminan las barreras, las mujeres lideran con tanto éxito (e incluso más) como los hombres, llegando a ser empresas más rentables como indica el estudio “Is Gender diversity profitable?” (2016). Este estudio correlaciona positiva y significativamente con mayor rentabilidad la presencia de mujeres en puestos de alta dirección. Las habilidades tradicionalmente asociadas a las mujeres, como la colaboración, son beneficiosas para la cuenta de resultados.
¿Qué más factores pueden estar influyendo en este rechazo?
El estudio “The female leadership paradox”, del Center for creative leadership (CCL), demostró que las mujeres se enfrentan a menudo con un doble rasero: por un lado, si son demasiado directas y firmes al poner límites son percibidas como “mandonas” y “agresivas”. Por otro lado, si se muestran amables y colaborativas, se les considera poco directivas y su autoridad se ve cuestionada.
Los hombres no sufren ninguna de estas penalizaciones. Vivir con este permanente cuestionamiento puede ser un potente disuasorio para las mujeres a la hora de aceptar según que cargos.
Otro punto a tener en cuenta, es que por socialización y cultura las mujeres hemos sido educadas desde niñas para ser empáticas y colaborativas, por lo que de adultas tendemos a buscar ese estilo de liderazgo en lugar del tradicional más centrado en la jerarquía y la autoridad.
Joyce Benensob en sus investigaciones sobre la socialización en la infancia, ha extraído algunos datos que sugieren que a los chicos se les alienta más a la competencia directa mientras que a las chicas se las enfoca más hacia mantener la armonía del grupo. Al llegar a la edad adulta ésto puede traducirse en mayores reticencias a entrar en competición directa para alcanzar el poder ,a pesar de que son actitudes mejor recompensadas y apreciadas en el mundo laboral actual.
Por último, a lo anterior cabe añadir la desigualdad en la carga doméstica y de cuidados. Según los informes de la OCDE y ONU Women, las mujeres realizan de 2 a 10 veces más trabajo de cuidado no remunerado que los hombres (según el país).
Tras todo esto, la conclusión es que no existe un rechazo al poder sino pura estrategia de supervivencia.
El sistema actual desalienta el acceso (o la permanencia) de las mujeres a puestos de poder e influencia pero no por una falta de capacidad sino de deseos. Lo que sobran son horas de trabajo.
Hace unos días leí una frase escrita por una compañera en una red social refiriéndose al mundo corporativo y su idea de igualdad actual: “(…) Abre espacios solo para mujeres que reproducen lógicas machistas del liderazgo tradicional”.
Me resonó muchísimo. Solo las mujeres que por posibilidades o por decisión se alejan de otras cargas y responsabilidades impuestas podrán verse impulsadas hasta los puestos más altos del escalafón; no por ser ellas machistas en sí, sino porque el sistema premia a quienes más se deben a ese modelo productivo.
Ésto ocurre en el mundo empresarial pero también en el académico (¿Cuántas catedráticas sigue habiendo hoy en día frente al número de catedráticos?) y prácticamente en cualquier sector al que miremos; incluso aquellos más feminizados, sus cúpulas de decisión están conformadas mayoritariamente por hombres.
Así que, volviendo a la frase que empezó todo, la respuesta es que las mujeres no sienten rechazo por ocupar puestos de más poder y responsabilidad.
Tal y como señaló también uno de los hombres que participaban en esa mesa redonda: la conciliación es la piedra angular para que las mujeres no solo queden descartadas de su carrera profesional sino para que una vez lleguen a la meta, no renuncien al premio.
¿Seremos en los próximos años un país que se enriquezca del potencial de toda su población activa o seguirá nutriéndose de lo mismo de siempre?
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