Fibromialgia… El grito del alma

Fibromialgia... El grito del alma

Fibromialgia… El grito del alma

Fibromialgia... El grito del alma. Mujeres Valientes

Quiero hablaros de una experiencia personal que me tiene completamente fuera de mis casillas, desde hace unos nueve meses aproximadamente, a raíz de una situación de estrés y conflicto, que fue lo que desencadenó mi enfermedad.

Hoy quiero compartir con vosotras una entrevista, que me hago a mí misma, para daros mi testimonio de cómo lidio a diario con una enfermedad que todo el mundo tacha de que no es tan grave, pero que solo es para la que lo pasa: la fibromialgia.

¿Qué es la fibromialgia?

Consiste básicamente en un dolor crónico que afecta tanto a huesos como a músculos, produciendo fatiga y cansancio crónico, y que también puede afectar a la memoria. De momento a mí, no me ha afectado a la memoria.

¿Cuándo surge por primera vez el primer brote?

Estaba pasando por una situación de estrés laboral, por conflictos con una compañera de trabajo, y cuya situación se hizo insostenible. Aquella noche, un 26 de octubre de 2017, me encontraba en la cama y empecé a notar cómo mi cuerpo empezaba a engarrotarse: a ponerme rígida como un palo, acompañado de un fuerte dolor constante que iba desde el cuello hasta las plantas de los pies.

Notaba un calor interno, ¡el cuerpo me ardía!. Desde muy pequeña he padecido de la espalda, y estoy acostumbrada al dolor, pero aquello tan repentino no lo había vivido nunca. Parecía que me clavaban mil y una agujas en los huesos del cuerpo, y otras mil y una en los músculos.

Lo peor fue cuando intenté levantarme de la cama, directamente no pude. Me desplomé en el suelo, y lo curioso es que la frialdad del suelo hacía que sintiera alivio de ese ardor, de ese calor que era insoportable. Mi pareja intentaba levantarme del suelo, pero me hacía más daño al tocarme, era preferible que me dejara como estaba y que yo me levantase cuando pudiera. Así ocurrió, pero estuve media hora, sin poder moverme apenas debido a la rigidez del cuerpo, y por el dolor tan profundo que sentía. Durante un momento se me pasó por la cabeza que quería morirme y que cesara el dolor.

A la mañana siguiente fue peor. El dolor había remitido un poco, pero tenía el cuerpo rígido, y estaba completamente cansada, como si me hubiera dado una paliza monumental cargando cajas en una mudanza. Igual. Entonces fui al hospital, y durante tres días me hicieron pruebas de todos los colores. Debido a los antecedentes de cáncer que había en mi familia dieron prioridad a mi caso. Nada orgánico que pudiera justificar tal dolor, y entonces vino la consulta de la neuróloga en el hospital. De modo frío y clínico, me dijo, literalmente, las siguientes palabras: “Bueno, tenemos buenas noticias, no tienes nada, solo fibromialgia…”.

Evidentemente, la cara de idiota que se me pudo quedar era para haberla sacado en fotografía. Totalmente. No entendía nada. Un dolor tan profundo que no pudiera cuantificarse ni diagnosticarse sin más. Estaba sola en la consulta, decidí afrontar ese trago yo sola. Nunca he sido de las que dejan que la vean sufrir. Jamás lo he hecho y jamás lo haré.

Me comenta la neuróloga que no hay ningún tratamiento para la fibromialgia, tan solo analgésicos y relajantes. Así que decido levantarme, darle las gracias, y salir de la consulta con la idea de afrontar aquello de la mejor manera posible.

¿Cómo es un día a día con la fibromialgia?

Tengo mis días, hay días que estoy con dolores hasta en las pestañas, pero aguanto y hago mi vida normal. Y hay días que me dan ataques que me dejan doblada en el suelo, cuya frialdad me hace sentir aliviada, aunque parezca mentira. Prefiero mil veces un dolor de espalda, a un brote de estos.

Lo cierto es que cuando tengo un brote así, me siento impotente y frustrada. No puedo estar tumbada porque me duele, no puedo estar sentada porque es más de lo mismo, así que directamente y a mi ritmo, intento evadirme y trato de ordenar, limpiar, mover muebles… Puede parecer que estoy loca, pero así el tiempo se me pasa más rápido. Evidentemente en media hora, en condiciones normales, puedo cambiar una habitación, de esta manera puedo tardar más tiempo, pero me da igual porque el tiempo se me hace más corto.

¿Bloquea la mente la fibromialgia?

Sólo si quieres y dejas que te bloquee. La cordura es lo que tenemos. Soportar el dolor es lo que hace que me mantenga cuerda. Si me dejo inhibir por el dolor… no es algo que esté dispuesta a contemplar, dado que puedo perder la cordura y volverme loca. Tirar la toalla no es una opción. ¡Nunca lo ha sido!. Mi lema es que “ella no puede más que yo”. A veces necesito descansar, ciertamente, pero no dejo que me domine. Es una enfermedad que me ha tocado, y tengo que convivir con ella.

El día que está rabiosa, más rabiosa me vuelvo yo. Así de sencillo

Mujeres Valientes
Mujeres Valientes
info@mujeresvalientes.es
No hay comentarios

Escribe un comentario

Uso de cookies

Mujeres Valientes utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies