
02 Feb El fenómeno de la “soledad conectada”
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Soledad conectada Vs. sociedad hiper conectada
No puedo evitar tener recuerdos de aquel verano, con olor a cloro y restos de crema solar comprada un par de veranos atrás. Sin demasiado esfuerzo, puedo sentirme tumbada sobre una toalla desgastada que, se superponía inevitablemente entre otras muchas toallas, tendidas en todas las direcciones. Recuerdo gente, contacto, recuerdo personas. Recuerdo miradas a los ojos y con el sol rozándome los tobillos. Recuerdo silencio y bullicio al mismo tiempo. Juegos de cartas con reglas inventadas, largas conversaciones, muchos abrazos y que me cogieses las manos cuando necesitabas expresarte, porque no estabas de acuerdo.
Recuerdo haberte tapado los ojos porque sabía que, no me esperabas o el ver cómo habíamos cambiado después de un largo septiembre. Recuerdo, tolerancia a la frustración, largos secretos, rellenar el tiempo haciendo nada y largas esperas con un sentido que tan solo pudimos ver pasado un tiempo. Recuerdo ser capaz de percibir un contexto que la mayoría de las veces dice tanto, encuadra, cobija y no da lugar a interpretaciones. Me recuerdo dotando de sentido y significado todas las percepciones.
La importancia de dotar de sentido y significado
Rompo este recuerdo con el llanto de un niño en la mesa de al lado. Un llanto completamente desconsolado, incapaz de ser calmado con un abrazo o un beso, aunque sea a destiempo. Un niño incapaz de encontrar consuelo a través del roce de la piel o del olor de su madre. Un desconsuelo que, busca desconexión con la incomodidad de lo que está sintiendo, en vez de gestión a través de la atención plena.
Un llanto que solo cesa después de unos cuantos intentos y cuando la madre saca de su bolso un móvil encendido y lo pone en las manos de un bebé de poco más de 2 años, este bebé sonríe y consigue calmarse de tal forma que pasa completamente desapercibido durante casi todo el resto del tiempo. No hay interpretación de lo que se percibe y desaparece un contexto de dote de significado a todas esas emociones incómodas que el bebé experimenta. No interpretación ni tampoco gestión de las emociones.
La tecnología ha cambiado la forma en la que vivimos y cómo nos relacionamos
La innovación tecnológica, ha impulsado el bienestar del ser humano. El acceso rápido a unos datos que, hace algunos años era completamente inaccesible, o a los que podíamos acceder de forma parcial acudiendo a una biblioteca o teniendo permisos específicos a bases de datos muy concretas. La posibilidad de adquirir conocimientos de forma online y poder hacerlo en cualquier momento y en cualquier sitio.
Hemos roto la barrera espaciotemporal, dotando a la comunicación con un carácter prácticamente instantáneo. La automatización y el desarrollo de la inteligencia artificial, agiliza y convierte en sencillas tareas que inicialmente pueden parecer tediosas o complejas, aumentando la productividad y el rendimiento… Ofrece entretenimiento.
El desarrollo de la tecnología ha provocado la aparición de nuevas ocupaciones, lo que implica un fomento del empleo, reinventado roles y creando desde u otros muchos, pero ¿Qué sucede cuando hacemos un uso excesivo o incorrecto de las mismas? Y es que el uso en exceso de los juegos en red, las redes sociales o canales de streaming han cambiado la forma de relacionarnos, pero ¿De qué manera afecta esto al desarrollo de la inteligencia que, parte del contacto directo con las personas?
La situación del bebé podría ser una situación como otra cualquiera, de las muchas que, hemos normalizado o justificamos bajo el argumento de la utilidad de las tecnologías, pero lo cierto es que, aunque recurramos a este tipo de recursos para entretener o justificar nuestro descanso, está comprobado que, el uso de las tecnologías a edades tempranas tiene consecuencias negativas, en el desarrollo normalizado de los niños y de las niñas. De forma específica, nos referimos a lentitud en el desarrollo de habilidades y/o capacidades en relación con lo esperado para una determinada edad, en áreas como: el lenguaje, la motricidad, el desarrollo cognitivo, la gestión emocional o el desarrollo de habilidades interpersonales dentro del proceso de socialización.
De forma específica, el uso excesivo de dispositivos digitales puede llegar a provocar dificultades en la capacidad de concentración. Esto se debe a las constantes interrupciones por notificaciones, cambios intermitentes de actividad, sobreestimulación visual. Todos ellos, factores que pueden dificultar la atención y la concentración, fundamentales en el desarrollo cognitivo.
De igual forma, el uso excesivo de dispositivos puede provocar déficits en el desarrollo del lenguaje, presentando una disminución del vocabulario y una reducción notable de las capacidades lingüísticas.
Finalmente, podemos encontrarnos con situaciones de dependencia hacia estímulos digitales y esto, interfiere directamente sobre el desarrollo de habilidades específicas como: el descubrimiento o la estimulación.
Recuerdo la piel de gallina, recuerdo el olor a naranja, las cartas de olor e ir al estanco del pueblo, a que me pusieran un sello. Recuerdo las relaciones elegidas, las conversaciones profundas, la soledad vacía, sin relleno. La espera de una respuesta que, podía tardar meses o incluso no llegar nunca por miedo o simplemente porque aquel verano ya estaba acabando y eso había sido justo eso, un verano que recordaríamos para siempre.
En contraposición, y debido al uso excesivo e inadecuado de las tecnologías, nos encontramos manteniendo relaciones superficiales, superpuestas y con carácter puntual. Conversaciones que se mantienen por cubrir el tiempo, por no saber cómo rellenar el vacío frente al aburrimiento y por la incapacidad para gestionar emociones incómodas o complejas como la tristeza o la soledad. Y por ende, dificultando el desarrollo de habilidades tan valiosas como la empatía, habilidades que se enriquecen del trato en persona.
De igual forma y por este mismo motivo, en consulta detectamos, principalmente en edad infantil y adolescente, la falta de habilidades para manejar emociones y un aumento de ansiedad o estrés entre estas edades.
Adolescencia: realidad real vs. realidad filtrada
Por otra parte, y en edades más avanzadas, nos encontramos con la responsabilidad de discernir entre “realidad real” y “realidad filtrada”. Y su determinación en momentos de desarrollo e influencia como la adolescencia, pero nada mejor como un ejemplo. Acabamos de atravesar una de las épocas más comerciales del año, con lo que eso implica. Todo se vende en Navidad y el concepto de felicidad, se esconde detrás de la versión superficial y edulcorada de lo que realmente esto significa.
Hemos pasado del concepto de familia percibido, a través de la espera y del compartir valores que se daban alrededor de una “mesa de camilla”, al avasallamiento de imágenes perfectas, con personas perfectas, en situaciones perfectas.
Esto nos hace entrar en comparación social, sentir que nuestra vida no es lo “suficientemente perfecta” o que sencillamente no estamos a la altura. Y esta comparación, repercute directamente sobre la autoestima y el concepto de autovaloración, recurriendo en la mayor parte de los casos, a la validación externa y el fear for missing out o lo que es lo mismo, el miedo por quedarse fuera de todo lo que se está viviendo, a través de las redes sociales y todo lo que eso implica. Dependencia, dilemas éticos, deshumanización y fomento del aislamiento social, falta de seguridad o exposición de datos sensibles…
Pero ¿Qué podemos hacer? Aquí van algunos consejos útiles y recomendaciones:
- Eliminar el uso de la tecnología como rutina, esto es, eliminando los tiempos de exposición. Esto puede hacerse estableciendo un horario de juego y/o descansos que no impliquen el “estar conectados o conectadas”.
- Limitar y/o supervisar los contenidos a los que los niños u las niñas tienen acceso.
- Introducir en estos tiempos de juego y/o descanso actividades gratificantes, que provoquen bienestar y que desarrollen competencias y habilidades tan importantes y significativas para el desarrollo, como la creatividad o la innovación.
- Trabajar la tolerancia a la frustración y la gestión del aburrimiento o de los espacios vacíos.
- Gestionar rabietas (intenso deseo, ansia o necesidad incontrolable) que, deriven del establecimiento de límites impuestos a causa del uso responsable o retirada de la tecnología.
- Evitar que la tecnología sea usada como “niñero/a”.
- Fortalecer la comunicación interfamiliar y trabajar el apego y su desarrollo efectivo.
- Desarrollar valores compartidos a través de espacios de convivencia de los que participen todos los miembros de la familia: la importancia de dar ejemplo.
- Fomentar y/o propiciar situaciones de “contacto real” con otras personas.
- Buscar ayuda especializada en situaciones de difícil gestión o si se necesita asesoramiento con referencia a estas pautas específicas.
Observaciones: las imágenes que aparecen en este artículo están creadas con IA


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