Entre dos tierras… Superando emociones desde el extranjero

Entre dos tierras... Superando emociones desde el extranjero. Mujeres Valientes.

Entre dos tierras… Superando emociones desde el extranjero

Entre dos tierras... Superando emociones desde el extranjero. Mujeres Valientes.

 

Viernes por la mañana. Mientras me tomo una taza de té calentita, observo la lluvia desde la ventana.

Llevamos días con una terrible borrasca que apenas nos permite ver el sol. Sin embargo, en España la situación es muy diferente. Me llaman la atención las preciosas fotos que familiares y amigos me hacen llegar desde Huelva, ¡hay que ver lo bonitas que lucen las sonrisas en la playa!.

Me encanta ver esas imágenes, siento una mezcla de envidia sana, nostalgia y alegría por todos aquellos que tienen la suerte de disfrutar de mi tierra. Cierro los ojos y pienso que ya queda menos para que pase esta tormenta, que no hay mal que cien años dure, y que el sol volverá a salir antes de lo que imagino…Y así me voy animando. El que no se consuela es porque no quiere.

Hoy me ha dado por pensar en el tiempo que llevo fuera: 8 años y medio, ¡casi nada!

 

Entre dos tierras... Superando emociones desde el extranjero. Mujeres Valientes.

 

El tiempo pasa volando… Mis hijas ya han vivido mas tiempo fuera de nuestro país que dentro, y se les nota: entre ellas solo hablan en inglés, se han adaptado perfectamente a otra cultura y otro clima, y no echan de menos tantas cosas como yo…

Ellas se sienten un poco “de aquí (Reino Unido), de allí (España) y de allá (Sudáfrica)”

A menudo mis amigos me dicen que son unas privilegiadas por la educación que están recibiendo, por los idiomas que hablan (son bilingües y están aprendiendo un tercer idioma) y por las diferentes culturas que han conocido.

Sinceramente, cuando las veo no puedo negar que estoy muy contenta con su educación y con todas las experiencias que han vivido durante estos años. Pero, por otro lado, pienso en todo lo que se pierden al vivir en el extranjero, que no es poco: tener cerca a la familia, disfrutar de un clima mejor, degustar nuestra deliciosa gastronomía, conocer más nuestra cultura…

La verdad es que me da pena que ellas no se sientan tan andaluzas como yo

Me encantaría que a mis hijas les gustase el flamenco, que bailaran sevillanas conmigo, que les hiciera ilusión lucir nuestro precioso traje regional, que soñasen con hacer el camino del Rocío o ir a la Feria de Sevilla, que se emocionaran al escuchar un fandango de Huelva… Pero ellas han crecido en otro ambiente y, para bien y para mal, son muy diferentes a mi.

Pienso que vivir fuera de tu país se ve con una perspectiva muy distinta, según a la edad a la que te vayas. Obviamente, mis hijas se fueron muy pequeñas y no sienten ese arraigo tan grande que yo tengo. Esto lo observo también en mucha gente joven que viene a Reino Unido a estudiar o buscando su primer empleo. Muchos se quedan aquí, se adaptan bien y solo piensan en volver a España de vacaciones (es una percepción personal).

 

Entre dos tierras... Superando emociones desde el extranjero. Mujeres Valientes.

 

Cuando veo a la gente joven trabajando aquí, o haciendo planes para mudarse a otro país, o comentando su próxima vuelta a España los miro con envidia. Son tan jóvenes, sin cargas familiares, con tantos proyectos de futuro… Sin duda, tienen tiempo de hacer de todo, de vivir donde quieran, y hasta de equivocarse varias veces.

Miro hacia atrás y me veo trabajando como periodista en Sevilla, tomando unas cañas en la Alameda de Hercules, diseñando mi próximo traje de flamenca, paseando por la orilla de mi querida Canaleta en Punta Umbría (Huelva)… Quién me iba a decir a mi que con treinta y cinco años y dos hijas me iba a liar la manta a la cabeza, y me iba a ir a vivir a la otra punta del mundo, ¡las vueltas que da la vida!.

Entre dos tierra… Pura nostalgia

El problema de irme con cierta edad (que no digo yo que sea una persona mayor, me refiero a que ya no tengo veinte años) es que mis raíces ya eran muy fuertes, y mi nostalgia a veces crece sin pedir permiso.

Mi vida avanza entre dos países, y es inevitable que a veces no sepa si mi hogar está aquí o allí. Es difícil entenderlo, si no lo has vivido. Esto es algo que se explica muy bien en un documental maravilloso que vi hace poco y con el que me siento totalmente identificada:

 

 

Quizás me estoy haciendo mayor, quizás la distancia se hace más larga con los años, quizás es hora de mentalizarme de que mi vida está aquí, por mucha añoranza que sienta. Y así, pensando en mis cosas, termino mi taza de té mientras fuera ha dejado de llover.

Por fin el sol se asoma entre las nubes, y las flores se ven aún más bonitas tras estos días de lluvia…

¡Ya sabía yo que esta tormenta no iba a ser eterna!

Diana Granada
Diana Granada
dianagran1@hotmail.com
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