Cuento de Navidad para el próximo año 2022. Mujeres Valientes

Cuento de Navidad para el próximo año 2022

Cuento de Navidad para el próximo año 2022. Mujeres Valientes

 

Cuento de Navidad… El paso del tiempo

 

Existe una recomendación psicológica, que más que eso se ha convertido, al menos para mí, en un mantra no sujeto a diciembre sino útil y aplicable a todos y cada uno de los meses de este año, del anterior o del venidero. Y es que todos y todas estaremos de acuerdo en las muchas pérdidas y renuncias sujetas al paso del tiempo.

Pérdidas irrevocables, irrenunciables e inevitables, aunque la cirugía, la prensa del divertimento y nuestra cultura social del disfrute pretendan camuflar esta idea a destajo. El tiempo pasa y lo hace por nosotros y también por los nuestros (quizás esto segundo duela incluso más que lo primero).

Y aquí y de esta manera comienza la historia que quiero contarte. Cierra los ojos y siéntela dentro, porque seguro que tú tienes una historia parecida a esta.

El otro día estuve con un grupo de mujeres, en un sitio de esos en el que cuando estás sientes que perteneces de alguna forma. Fue entonces cuando una de ellas, me contó esta historia y yo hoy quiero compartirla contigo para que ella sepa que aquí el olvido no tiene cabida.

 

LA CASA DE LA ABUELA

 

Diciembre de 1997. Por la mañana

Huele a café negro y hace frío. Hace frío, porque ella siempre tiene las puertas abiertas para que la casa se seque desde bien temprano. La escucho toser y el arrastrar de las babuchas. Se detiene en la puerta y abre el ropero que va a parar justo a mi puerta, aún puedo olerlo.

Estoy en mi lugar preferido del mundo. Ese lugar es suave como las mantas en las que me enrollo y tiene las mejores toallas de cuadritos para secarse, aunque tengan el dobladillo descosido ¡No vayas a tirármela que es perfecta! Tenía que repetirle cada vez que pasaba corriendo y medio mojada por delante de ella.

Diciembre de 1997. Por la tarde

Se abre la puerta e irrumpe un torbellino desafiando las leyes de la gravedad y de la propia naturaleza. Con los brazos en alto y corriendo hacia mí. Mi otro motivo. Queremos montar el árbol y eso nos ha costado semanas de insistencia y promesas verbales y escritas en trocitos de papel, que escondemos en sitios magistrales de la casa para que sean encontrados.

 

Allí la navidad huele a almidón y a madera antigua, a secretos bien guardados

 

Y de repente un estruendo irrumpe en medio de la casa, una caja de cartón grande, medio rota y que debe pesar una tonelada al menos. Huele a bolas de navidad y espumillón, meto la mano en el entresijo enredado que se deja ver desde una de las aberturas de la caja y saco una bola verde en forma de pico con un zigzag que la corta justo por el centro. Aquella tarde debería ser eterna, aquella tarde debería haber durado para siempre.

Diciembre de 1997. Por la noche

Estoy cansada y no dejo de hacer posturas imposibles en el viejo sillón de skay y de intentar buscar por los recovecos por si hubiese algún viejo juguete olvidado.

Huele a salchichas y de seguido una voz que me hace salir de mi ensimismamiento para ir corriendo a la mesa. Me paso en seco y retrocedo, doy unos pasos atrás para asegurarme de que los pequeños alfileres que sujetan el paño del reposacabezas continúa en la posición exacta.

Ahora sí, llego a la mesa, me arropo y allí están mis tres salchichas partidas en trocitos asimétricos e irregulares con una pirámide de tomate frito justo al lado y un trocito de pan.

MI MANTRA

Eso es navidad. El calor de la copa en las piernas, los papelillos hechos con los envoltorios de los bombones. Pero navidad también es ahora, aunque ya no huela a almidón.

Sería un despropósito, sería una falta de consideración y de agradecimiento pasar por alto esto, que ahora es en pro de lo que antes era y ahora me falta.

Y esto último es mi mantra y se resume en “ya sé lo que me falta, pero ¿Y lo que sí que tengo? ¿Qué pasa con esto último y no menos importante? “Porque resulta que entonces nos vamos a pasar la vida lamentándonos por las pérdidas y perdiendo lo que tenemos y no ponemos en valor.

EL MEJOR SITIO DEL MUNDO

Y nosotras, antes de esta historia estábamos sentadas en el mejor sitio del mundo después de haber hecho una relajación guiada.

Ellas me decían que habían podido tocar a los suyos con la yema de los dedos y yo… Yo justo sabía que estaba donde tenía que estar, en ese sitio en el que puedes hacer más cosas. Ese sitio en el que puedes poner el alma sin miedo a que te la destrocen, como en casa de la abuela y entendía que yo también pertenecía a esa historia.

QUERIDO 2021…

A mí no me gusta esperar hasta última hora para hacer balance. A mí me gusta detenerme en lo cotidiano e irme a la cama con esa sensación mágica de sentirme afortunada incluso en los momentos de dolor. Aun así, allá vamos.

De este año me quedo con muchas cosas. Me quedo (de atrás hacia delante) con el sol brillando en la playa. Me quedo con la noche antes de coger ese avión después de casi dos años. Me quedo con esa sensación de libertad, con ese sabor a infinito que se siente justo al bajarse del autobús, en un sitio nuevo.

Me quedo con ese “queremos seguir contando contigo”, con ese “este ha sido mi día más feliz desde que llegue a este sitio” después de aquella relajación guiada con ellas.

 

Me quedo con el primer abrazó que di a quien tantas ganas tenía, después de tanto tiempo

 

Me quedo con la sensación de la taza de café calentito entre mis manos mientras te acaricio, me quedo con el sabor del chocolate con leche los domingos por la tarde. Me quedo con la enorme satisfacción, de conocer a alguien realmente y poder ayudarlo en otro idioma.

Me quedo con todos los NO que he dicho y principalmente con uno de ellos, que hoy no solo me hacen estar más cerca de mí misma si no más lejos de todo aquello que no quiero en mi vida.

Me quedo con el verano, sin desperdiciar ni una sola puesta de sol. Me quedo con la cuenta atrás y con el amago de querer que dure para siempre.

Me quedo con las continuaciones de las series de adolescentes que me transportan a otro tiempo. Me quedo con el olor a suavizante, me quedo con la sensación del roce de las sábanas justo al tiempo de ir a dormir la siesta. Me quedo con el convencimiento y la plenitud de que lo pendiente saldrá bien en adelante.

 

¿Y tú con qué te quedas?

Rocío Fernández
rfernandez.diaz87@gmail.com
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