Cómo emprender (siendo mujer), y no morir en el intento. Mujeres Valientes

Cómo emprender (siendo mujer), sin convertir tu vida en una maratón

Cómo emprender (siendo mujer), y no morir en el intento. Mujeres Valientes

 

Emprender no es fácil y mucho menos si eres mujer

 

Socialmente, seguimos envueltos en una amalgama de prejuicios sociales, asociados a los roles de género que susurran en las sombras cosas como: que «el grado de compromiso de una mujer frente al de un hombre no es el mismo… que la toma de decisiones es mucho más pasional y menos arriesgada para el caso de las mujeres o que una mujer está mucho más enfocada en la mediación obviando, la importancia de los resultados o la obtención de beneficios».

Evidentemente, esto no es cierto. El inconveniente es que esto, aflora en el subconsciente de una cultura que ha otorgado a la mujer, una capacidad de sacrificio sobrehumana y no le ha dado permiso para la rendición. Por lo que para reconocer y erradicar estas ideas limitantes, es necesario ahondar en los orígenes de nuestra historia.

En líneas generales, a las mujeres les cuesta un poquito más. Las mujeres tienen menos proyección empresarial si recurren a medidas de conciliación, porque esto se percibe como falta de entrega y compromiso.

 

Los motivos por los que una persona decide emprender difieren mucho: el desempleo, como fuente de desarrollo personal y autorrealización profesional o por tradición familiar

 

No sé qué ha sido exactamente lo que te ha motivado a ti a hacerlo, lo cierto es que las mujeres no solo se encuentran con la losa de la conciliación, además tienen más problemas para acceder a la financiación. Esto se refleja en un estudio llamado Funding Women Entrepreneurs: How to empower growth. Estudio realizado por la Comisión Europea y el European Investment Bank. Entre otros muchos estudios e investigaciones consultados, accesibles y que están a la orden del día.

A todo esto, como si ya de por sí fuese poco, hay que sumarle esa percepción autocastigadora de la mujer llamada “autopercención”, a través de la cual se siente menos capaz o menos preparada que el sexo opuesto, a la hora de desarrollarse frente a determinados proyectos o funciones. Esto, a su vez, genera miedo al fracaso, incapacidad para asumir riesgos y falta de autoestima laboral.

Por otro lado y no menos importante, la mayor parte de las mujeres, desempeñan múltiples roles. Son mujeres trabajadoras, mamás a tiempo completo, cuidadoras principales y sostenedoras oficiales del hogar. Muy interesante esto último.

¿Qué significa eso de sostenedoras? Te pongo un ejemplo.

Te levantas mucho tiempo antes del que  necesitas para arreglarte, antes de ir al trabajo. Lo haces para dejar la cama hecha y con la firme intención de fregar las jarras del desayuno, ordenar los cojines del sofá y sacudir el mantel que la noche anterior, se quedó en un pico de la cocina abullonado, sin que nadie cayese en la cuenta.

Quizás te fuesen necesarios poco más de 30 minutos, pero triplicas ese tiempo con la intención de dejar hechas el mayor número de cosas posibles y si hay algo que se queda para atrás esa mañana seguro que es el rímel de las pestañas, algo tuyo, algo para ti. Pero tu número de obligaciones, más que una cuenta atrás, se convierte en un suma y sigue diario. Una maratón no reconocida y solo acaba de arrancar la mañana.

 

Llegas al trabajo, te paran en la puerta y resuelves el primer incidente, todavía con el bolso colgado y las llaves en las manos

 

Te pasan el fijo, justo acaban de preguntar por ti. Te sientas, sueltas las llaves sobre el escritorio, te espera una lista infinita de tareas urgentes perfectamente ordenadas. Enciendes el ordenador, abres el correo y te detienes en la bandeja de entrada. De repente recuerdas que tienes que justificar la reunión del día anterior justo al mismo tiempo – ¡Madre mía, el cesto de la ropa sucia se ha quedado hasta la bola!-

Te entra un mensaje de texto, al mayor le han cambiado la hora de las clases extraescolares. Cierras el mensaje, llamas a la abuela y le dices que si puede acercarlo a las clases. Al final de la jornada tu cabeza no es más que un check list a la misma vez que tú te conviertes en tu peor jueza, por todo aquello que no te ha dado tiempo. Porque eso que haces, aunque sea mucho más que lo que dejas pendiente, siempre tiene mucha menor importancia, porque te han enseñado a ser humilde y porque te han enseñado a responsabilizarte de todo.

Sales de trabajar después de una jornada partida que te recuerda quien eres, lo que quieres y lo útil que te sientes. Una jornada de trabajo que le da razón y sentido a todo, a la cual no quieres renunciar, pero el ritmo al que vives se está convirtiendo en algo insoportable. Te pasas por el supermercado a por algo precocinado porque el día anterior fue imposible dejar algo listo.

Llegas a casa a las 21:30 y tienes que explicar que estás exhausta porque todo el mundo sigue esperando de ti. Llegas a la cama, respiras hondo y te quedas dormida mientras tratas de no cuestionarte el por qué hay cosas que empiezan a perder o ganar sentido. Termina un día y de esa misma forma comienza uno diferente, o quizás igual, depende del criterio por el que te rijas.

La ansiedad, la depresión y otras muchas patologías de carácter mental no llegan con bombo y platillo, más bien son silenciosas, se van colando poquito a poco en tu día a día, abarcando cada vez más espacio hasta el punto de acampar a sus anchas y determinar tus actuaciones en el día a día.

La mujer emprendedora tiene una mayor predisposición a padecerlas por el multirol que desempeña. Lo suyo no es una jornada simple, es una jornada continua sin intermitencias. Es un no encontrar tiempo para estar con ella misma, es un sacrificio prolongado que todos esperan, es ese tener cansada el alma que nadie comprende.

Demanda, autoexigencia, perfeccionismo, omnipresencia, complacencia, sentimiento de ser capaz de poder con todo, incapacidad para establecer ciertos límites saludables y necesarios…

CONSEJOS Y RECOMENDACIONES

  • No somos diosas, reconoce que no QUIERES poder con todo, delega y comparte responsabilidades.
  • Busca apoyos, que te acompañen y te sirvan de guía.
  • El ocio, ese hacer nada, en su justa medida es igual de importante que el tiempo que le has dedicado a la tarea más importante del día de hoy.
  • Necesitas un horario y cuando ese horario acabe, te levantas independientemente de lo que dejes por hacer (siempre vas a tener cosas pendientes).
  • Apunta lo que haces, en vez de lo que te falta y ponlo en valor al finalizar cada jornada.

 

Ser mujer (valiente) no es tener que poder con todo

Rocío Fernández
rfernandez.diaz87@gmail.com
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