
08 Ene Curar el cáncer, el gran reto de la doctora Elisabeth Arrojo

Elisabeth Arrojo… la esperanza para la curación del cáncer
Fue la número uno de su promoción en Medicina por la Universidad de Navarra y hace poco fue investida por la Academia como numeraria de la Real Academia Europea de Doctores, una institución internacional que reúne a algunos de los mayores y mejores referentes de la ciencia y la y la medicina, y que incluye nada más y nada menos que a 18 premios Nobel. Y allí está ella. Nos referimos a la doctora Elizabeth Arrojo, una profesional de la medicina que ha sido reconocida a nivel internacional por su investigación en tumores y enfermedades oncológicas y con la que iniciamos un nuevo año en Mujeres Valientes.
Mª José Andrade: ¿En qué momento se decide por la medicina y por qué elige la especialidad?
Elisabeth Arrojo: Pues decidí ser médica cuando era muy pequeña. Yo creo que de niña ya jugaba a curar a mis muñecas: hacía pócimas mágicas, vivía en un pueblecito de Asturias, en Corbera de Asturias, y allí machacaba piedras, hojas… se las daba a las muñecas para curarlas. Siempre me apasionó la maravilla que es el cuerpo humano, cómo funciona todo tan coordinado. Eso siempre me llamaba muchísimo la atención.
Luego, con 12 o 13 años, leí un libro de Christian Barnard, el cirujano cardiovascular que hizo el primer trasplante cardíaco del mundo. Esa historia me pareció apasionante, creo que fue de los libros más interesantes que había leído. Mi madre se sorprendía porque decía que ese libro no era para una niña, pero a mí me encantó. En aquel momento yo quería ser cirujana cardiovascular, quería ser como ese hombre.
Después empecé la carrera y vi que la cirugía cardiovascular, aunque era un reto, al final era como hacer siempre lo mismo. Las patologías son muy similares, puede haber casos distintos, pero son poco frecuentes. Y a mí me gusta mucho la diversidad, avanzar, no solo quedarme con lo científicamente demostrado, sino descubrir lo que está por demostrar. Y creo que la oncología reúne todo eso: esa diversidad, que no hay dos tumores iguales, no hay dos pacientes iguales. Y, por supuesto, es un reto, porque todavía nos queda mucho por mejorar en los resultados que tenemos a nivel oncológico.
Mª José Andrade: Usted ha desarrollado una técnica que es muy innovadora, la conocida como hipertermia electromodulada. Una técnica que permite reducir el número de sesiones de radioterapia, esos tratamientos que tanto hacen sufrir a los enfermos de cáncer. ¿Cómo se le ocurre desarrollarla?
Elisabeth Arrojo: Yo creo que ahí hay una clave muy importante, eso que comentabas de ver realmente los problemas que tiene el paciente. Yo trabajaba en Asturias, y Asturias es un sitio con muchos pueblecitos alejados del hospital. Los tratamientos de radioterapia son especialmente duros también por la distancia, porque el paciente tiene que ir todos los días al hospital durante siete semanas. Para alguien que vive muy lejos, eso es muy difícil.
A partir de ese problema, cuando me voy a Estados Unidos y veo lo que están haciendo allí —me fui a rotar durante la residencia— se me ocurre la idea de concentrar la radiación en una única sesión, utilizando una técnica de radioterapia que se llama braquiterapia. Consiste en poner la radiación dentro de donde estaba el tumor después de la cirugía. Eso permite sustituir esas siete semanas de radioterapia por una sola sesión en determinados casos de cáncer de mama.
De ahí paso a Estados Unidos, empiezo a trabajar, me contratan como coordinadora de investigación, sigo investigando… y llegamos a otro de los grandes problemas que tienen los pacientes: que muchas veces los tratamientos no funcionan porque ni siquiera conseguimos que lleguen dentro de los tumores. Los tumores desarrollan unos vasos sanguíneos muy malos, muy finos, muy frágiles, que se rompen con facilidad. Por eso es frecuente que haya sangrado; por ejemplo, en el cáncer de colon mucha gente consulta porque sangra al ir al baño. Y eso ocurre porque el tumor no quiere que haya oxígeno dentro, ya que el oxígeno es tóxico para las células malignas.
¿Qué pasa entonces? Que la quimioterapia, la inmunoterapia, los fármacos… les cuesta muchísimo entrar. Llegan, pero en dosis muy bajas. Y al no llegar oxígeno, la radioterapia también es menos eficaz.
Ahí surge el concepto de la hipertermia electromodulada, que en España conocemos como hombotermia. Básicamente consiste en calentar los tumores con varios objetivos: por un lado, abrir los vasos sanguíneos para que los fármacos entren en dosis mucho más altas y sean más eficaces; por otro, permitir que llegue más oxígeno y aumentar así la eficacia de la radioterapia. Y además —y esto es súper importante— hacer que el sistema inmune vea a esas células malignas que están dividiéndose mal. El problema del cáncer es que las células malignas se esconden del sistema inmune, pero cuando las calentamos se las enseñamos, y el propio sistema inmune nos ayuda a eliminarlas.
Si a todo esto le sumamos que esa electromodulación de la hipertermia permite calentar solo las células malignas, sin dañar el tejido sano y sin efectos secundarios, pues hace que este sea un tratamiento que está teniendo unos resultados francamente excepcionales.
María José Andrade: La estoy escuchando y lo cuenta tan bien que me doy cuenta de lo importante que es la comunicación para llegar no solo a las personas que ahora padecen cáncer, sino también a quienes podrían enfrentarse a la enfermedad en el futuro. Siempre se habla de que serán miles, incluso millones, los afectados. ¿Hasta qué punto es fundamental comunicar bien, trasladar ese conocimiento y explicarlo de forma que realmente se entienda?
Elisabeth Arrojo: Creo que esto es algo fundamental. A día de hoy, desafortunadamente, uno de cada dos hombres y una de cada tres mujeres tendrá cáncer. Esa es la realidad estadística. Las cifras son terribles: en 2040 habrá un 60% más de casos. Por eso creo que es muy importante que los médicos transmitamos, primero, que el cáncer sigue siendo una enfermedad muy seria, pero también que tenemos varias opciones de tratamiento. Hay que buscar, hay que explicarles a los pacientes las posibles alternativas.
Los recursos son limitados, y eso hace que no haya las mismas opciones terapéuticas en todos los sitios. La sanidad, afortunadamente o desafortunadamente, es muy desigual. Y me gustaría añadir algo que creo que es un mensaje que salva vidas: casi la mitad de los casos de cáncer se pueden prevenir con hábitos de vida. Solo un 10% son genéticos, y sabemos que casi la mitad están relacionados con una mala alimentación, la falta de ejercicio físico, la obesidad, el tabaco, el consumo de alcohol o la exposición al sol.
Quiere decirse que, de ese 50% de hombres que tendrá cáncer, si cambian sus hábitos de vida podríamos pasar a un 25%. Solo cambiando los hábitos de vida. El cáncer se puede prevenir, y eso es algo que tenemos que saber para responsabilizarnos y tomar acción, porque las cifras están siendo realmente muy preocupantes.
Así que, ¿Cómo no vamos a buscar esa experiencia en el ámbito sanitario, cuando nos dedicamos precisamente a salvar vidas, a mejorar el estado de salud de la gente y su calidad de vida?
Mª José Andrade: Actualmente circulan muchos relatos, sobre todo entre la gente joven, que transmiten mensajes muy negativos sobre la formación, el estudio y, especialmente, sobre la idea de salir fuera para aprender. Y sin embargo, países como Estados Unidos siguen siendo referentes en investigación científica y médica. ¿Qué consejo les daría a los futuros médicos y médicas respecto a esto?
Por eso es tan importante ir a buscar a los mejores. Yo, de residente, me fui a un congreso donde estaba el que luego fue mi jefe americano, uno de los mejores oncólogos del mundo, el doctor Álvaro Martínez. Me acerqué y le dije: “Mire, yo quiero rotar con usted, como sea, donde sea, cuando sea”, porque quería aprender de él. Los consejos de una persona que ha desarrollado tantas cosas y que ha innovado tanto creo que son esenciales.
Además, creo que en este mundo en el que vivimos, donde parece que la gente más joven tiene tantos problemas de depresión —se estima que casi la mitad tiene problemas de depresión y ansiedad— y donde parece que las cosas no les llenan, algo que ayudaría mucho es tener un propósito vital importante. Querer destacar, avanzar, innovar. Porque al final yo siempre digo que todos podemos, que lo imposible es aquello que no intentas. Esa es mi frase estrella, y es una motivación muy importante para poder avanzar, y más en un ámbito como es la medicina.
Mª José Andrade: Yo no hace mucho tiempo veía una publicación en LinkedIn que tuvo miles de recomendaciones. Me refiero a Juanma Romero. Ahí la menciona usted y es ahí cuando me despertó la curiosidad por saber qué es lo hizo para que Juanma Romero esté hablando de usted como lo hacía y poniendo en sus manos su vida y confíe en lo que ella va a hacer. En su tratamiento y en todas las decisiones que va a tomar… Qué responsabilidad tan grande, doctora Arrojo.
Elisabeth Arrojo: Sí, la verdad es que sí. Yo a Juanma Romero le conocí porque él me hizo una entrevista. Al final, yo fundé INMOA en Madrid, el primer centro en España de oncothermia porque mi madre se moría de cáncer, así que también soy una emprendedora. Fundé la clínica porque no podía acceder a este tipo de tratamiento, a la oncotermia, en la sanidad pública. Desafortunadamente, en aquel momento no estaba disponible y mi madre, con 58 años, se quedó sin opción. Tenía metástasis cerebrales y estaba en una situación muy delicada.
Entonces decidí emprender en este ámbito. Cuando Juanma vino a la entrevista a nuestro centro, conoció a bastantes personas, vio resultados… y creo que eso le hizo confiar. Y también hizo que quisiéramos acompañarle en todo el proceso que está viviendo, para intentar conseguir que los resultados sean los mejores posibles.
Mª José Andrade: Doctora, yo la estoy escuchando y además de curar, ha hablado de acompañar en el proceso a nivel personal, a nivel profesional. No me da cabe duda de que el desgaste es mínimo, pero a nivel personal, a nivel mental, hay que estar preparada, como es su caso, para estar en ese proceso de acompañamiento en la enfermedad.
Elisabeth Arrojo: Hay que estar muy preparado y desafortunadamente no nos preparan para esto. Por ejemplo, hay cursos sobre cómo dar una mala noticia a un paciente, para que el paciente lo lleve lo mejor posible, pero no hay cursos sobre cómo gestiono yo, como persona, el tener que darle esa mala noticia. Cómo me enfrento a decirle a un paciente que ya no le puedo ayudar, que no tengo más opciones de tratamiento o que el tratamiento no ha salido bien.
En INMOA tenemos un 80% de éxito, pero eso significa que en un 20% de los casos no funciona
Y ese 20% son consultas en las que tengo que decirle a un paciente —que suelen ser casos muy avanzados— que el tratamiento no ha funcionado. Esto es muy duro, porque además se suma a nuestra propia vida personal, a nuestros problemas. Un día uno viene bajo de ánimo por lo que sea y se enfrenta a una situación en la que la persona que tiene delante necesita toda nuestra energía, toda nuestra atención, todo nuestro ánimo. Y no es fácil.
Tampoco es fácil cargar con frases que pesan muchísimo, como cuando un paciente te dice: “Doctora, pongo mi vida en sus manos”. De repente uno siente el peso. Recuerdo a la madre de una niña de 15 años que se levantó llorando, me cogió las manos y me dijo: “Doctora, imagínese que mi hija es cualquiera de sus tres hijos, por favor piense en algo”. A uno le recorre un escalofrío, siente una responsabilidad enorme, y no es nada fácil de gestionar.
De hecho, después de toda la historia de mi madre, que sigue viva seis años y medio después y en estupendas condiciones, yo tuve el mismo cáncer que ella, y no es genético; nos hicimos un test genético. Creo que la presión vivida por muchos motivos ha sido muy dura, y a día de hoy me pesa mucho también, porque soy una persona que empatiza. No es fácil desconectar en un ámbito como este, no olvidarse de lo que uno ha visto en el día.
Ayer mismo veíamos a una niña de 7 años que estamos tratando. Con sus limitaciones, sí, pero afortunadamente llegó en silla de ruedas y poco tiempo después venía corriendo. Así que sí, es muy duro ver a esos padres y ver a esa niña. Es muy difícil enfrentarse a eso.
Mª José Andrade: Cuando sale por las puertas de la clínica, cuando dice hasta mañana, ¿Le cuesta desconectar?
Elisabeth Arrojo: Me cuestan mucho, porque hay casos que te llegan especialmente: te sientes identificado o son personas con una historia especialmente dura. Sobre todo me cuesta mucho cuando no veo claras las opciones. En los casos en los que podemos ofrecer algo y decimos “esto tiene un potencial de éxito muy alto”, uno se va más tranquilo. Pero en esos otros casos, donde ves que las cosas están más difíciles, no dejas de darle vueltas, pensando si se te ocurre algo, qué podríamos hacer, cómo podríamos encontrar alguna alternativa.
Además, existen muchos tratamientos a nivel mundial que tienen costes muy altos. Antes de plantearle a una persona un tratamiento así, y pensar que quizá pueda hipotecar toda su vida para acceder a él, también lo tienes que pensar mucho. Los tratamientos que hacemos en Imoa no tienen un coste muy elevado; son una media de 5.000 euros. No es algo barato, pero tampoco son los 50.000 euros que cuestan otros tratamientos. Entonces sopesas todas esas cosas, valoras si realmente tiene opciones, las recomendaciones que hay… y la verdad es que es difícil.
También es difícil desconectar. A veces necesitas un ratito de relajación antes de llegar a casa. Y yo, que tengo tres niños pequeños, tengo que enfrentarme a mis hijos con ánimo, con fuerzas, y procurar que el rato que compartamos sea agradable.
Mª José Andrade: Lo ha dicho antes en 2040 el 60% de la relación padecerá cáncer, aunque el 10% no son genéticos ¿Qué le diría a la gente que todavía no padece cáncer porque vive en el 2026?
Elisabeth Arrojo: Pues lo que les diría es que, primero, en 2040 habrá un 60% más de casos, porque a día de hoy ya hay un 50% en hombres y un 33% en mujeres. O sea, aumentará un 60% más en la población en general. La incidencia va a ser muy alta.
Y lo que les diría es que está en sus manos. Hay que responsabilizarse. De verdad, yo veo todos los días en la consulta personas arrepentirse de no haber cambiado su vida antes. Siempre lo dejamos para mañana: que si hoy tengo mucho lío, que si tengo que empezar a comer más sano, que si tengo que ir al gimnasio, que si tengo que mejorar el sueño… pero nunca lo hacemos. El tiempo pasa muy rápido, tenemos muchas cosas que hacer, prestamos atención a otras cosas, somos jóvenes y siempre pensamos que las cosas malas les van a pasar a otros. Y lo veo cada día.
No hay que dejar las cosas para mañana. Es ahora mismo el momento de tomar acción, responsabilizarse, crear hábitos. Porque la fuerza de voluntad es verdad que se agota, pero si uno tiene un hábito de comer sano, de hacer ejercicio, de priorizarse —que también es muy importante— es mucho más fácil. Muchas veces incluso vamos a un restaurante y no comemos sano porque no queremos ser diferentes: si todo el mundo ha pedido unas croquetas, pues yo también. Y no. Hay que pedir algo diferente que nos encaje, dependiendo de nuestras circunstancias.
La alimentación hay que seguirla dentro de la dieta mediterránea, sí, pero además adaptada a cada persona: si tenemos sobrepeso, si somos mujeres y estamos en menopausia o no… hay que tener recomendaciones adaptadas.
Pero lo sí es importante de verdad, es que si tomamos acción evitaremos la mitad de los casos de cáncer y el 80% de las enfermedades cardiovasculares, que son las dos principales causas de muerte en nuestro país y afectan muchísimo a la calidad de vida. Depende de nosotros. El cáncer no es algo que “te toca y te toca”, sino algo en lo que podemos trabajar en nuestro día a día para prevenir.
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Sólo quiero decirle, doctora Arrojo, que si en el 2040 formo parte de ese 33%, que sepa que voy a su clínica porque, donde quiero estar y formar parte es de de ese 80% que se cura. Pero eso sí, voy a hacer todo lo posible por tomar acción, porque, como bien ha dicho, el momento es hoy y está en nuestras manos, que no hay que dejar las cosas para mañana, que hay que crear hábitos. Y no agotar la perseverancia.
Para mí y para Mujeres Valientes ha sido un auténtico honor hablar con una mujer con esa energía, fuerza y valentía. Por eso, y por mucho más, gracias a la doctora por abrirnos los ojos, por ayudarnos a entender más el cáncer, por poner cara a la excelencia y por saber que existen mujeres profesionales en la medicina que, como usted, nos hace la vida mejor y más segura.
Muchísimas gracias, Elizabeth.
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