Por qué lo llaman Burn-out cuando es cansancio

 

 

Y por último, “¿Qué precio habré de seguir pagando, si no me decido a crecer y volar?” Elsa Punset

 

Hay frases que te cambian para siempre…La identificación

No, el burn-out no es cansancio, y tampoco se cura con las vacaciones de agosto. No te sirve de nada irte a un spa o ir a hacerte las uñas. Personalmente, considero que el burn-out es el gran desconocido. Muy al contrario de lo que se piensa, el burn-out no solo tiene que ver con la sobrecarga de trabajo, ya que, guarda una relación estrecha con relaciones laborales tóxicas sostenidas. Y como no me gustan las etiquetas, me gustaría explicarte a qué me refiero con eso de tóxico.

Tóxico es andar como pollo sin cabeza, porque tu superior inmediato se exprese de modo ambivalente en sus instrucciones: haz esto de este modo concreto, a sabiendas de que en cualquier momento, puede decirte que eso no te había sido dicho de esa forma. Tóxico, es que te mantengan en un lugar físico de trabajo que, no te permita tu desempeño y que, teniendo recursos para evitarlo, no se haga. Tóxicos son los rumores, el “este ha dicho” o el “otro me ha contado”.

Tóxico es el supervisor o supervisora con carencias frente al desempeño y que se empeña en que las cosas no pueden hacerse de otra forma. Tóxico es que te invaliden, se comporten contigo de manera ambivalente, digan que no has hecho cuando has superado la tarea con creces y que intenten jugártela en situaciones que, perfectamente podrían ser descritas como abuso de poder. Tóxico es el ambiente que te impide formarte, que te cuestiona cuando te tomas el tiempo que te corresponde de descanso o el que no hace justicia, cuando hablas abiertamente de acoso laboral o de abuso de poder.

El burn-out es que roben la autonomía y te hagan perder el sentido, hasta el punto de que abandones tu identidad laboral. Es llegar a casa pensando en que, tu trabajo dejó de servir hace mucho. El burn-out se da cuando las organizaciones, pierden los valores, con los que fueron fundadas y en la mayoría de los casos, guarda una relación estrecha con la soberbia, de quienes están al frente.

 

 

Y es que no es el volumen de trabajo lo que rompe, sino trabajar en un entorno que invalida, amenaza o silencia

 

 

Burn-out y acoso

El burn-out en ocasiones, guarda una relación estrecha con el acoso: descalificación constante, gaslighting profesional (cuando dejan de tenerte en cuenta), sobrecarga injustificada. Y sí, esto lo que provoca en la persona trabajadora, es que viva en alerta durante todo el tiempo que esté trabajando y lo que más impacto genera a nivel psicológico es, la duda constante unida a la vergüenza y la autoacusación: ¿Quizás yo pueda estar evitando esto de alguna forma?

Cuando el cuerpo dice: ¡Basta!

Pero hay un punto, el de la desconexión, en el que sientes que te has desenchufado y eso se acompaña por sentir que siempre estás cansada, como si te faltase energía (fatiga crónica), incapacidad para relajarte y desconectar (cada vez necesitas más tiempo para hacerlo). Un punto caracterizado por ansiedad recurrente que, se vincula al entorno de trabajo y que se mantiene, porque suele ser confrontada a diario: “¿Pero por qué te pones así?”.

Cuando el supervisor de turno se siente amenazado. Insomnio, problemas digestivos y que en definitiva ya no sabes ni cómo estás ni cómo debes sentirte, porque tu tiempo de trabajo se ha convertido en un pulso entre el, yo aquí solo vengo a trabajar, y el estar sintiendo que se te está yendo la vida, porque eres incapaz de aplicar lo primero.

Mi experiencia también me dice, que aquellos que descansan de la manera que sea son juzgados como débiles, como si en los estatutos de la organización pusiera que se valora como positivo el soportar, lo cierto es que el cuerpo no colapsa por debilidad; colapsa por resistencia a lo que sucede y por lealtad a la vida.

Y es que, justo en esa fase en la que, ya no podemos más, es cuando más dificultad tenemos para ver de forma objetiva qué es lo que nos está pasando y es justo entonces, cuando entra en juego nuestro cuerpo y es que no todo el dolor puede ser expresado de forma verbal.

La trampa

Pero, ¿por qué no nos vamos? ¿Qué es lo que realmente nos impide abandonar ese entorno organizativo?

La culpa, el miedo a abandonar, a fallar, a reconocer que no puedes más. La lealtad mal entendida ya sea al jefe, a la empresa o a una identidad que aparentemente ha sido construida con esfuerzo. Tener un mecanismo de autogestión basado en la exigencia: “tengo que poder”, “esto puede depender de mí mismo”, o simplemente esta situación se sostiene porque se mantiene un patrón individual de apego inseguro, la normalización del maltrato a través de las relaciones que se han establecido en la historia de vida personal, o el haberse creado una identidad personal y/o laboral basada en el rendimiento.

La línea diamante

Y resulta, que llega un momento, te diría que se trata de una línea que es casi imperceptible, pero de dureza parecida a la del diamante. Y te lo planteas, simplemente te lo planteas. Es un momento parecido, a cerrar los ojos en medio de un mar caliente, con un coctel sin alcohol helado entre las manos y un libro verde, entreabierto en la arena. Es un momento que, se describe por el dolor de la duda y que se traduce en forma de pregunta: ¿Hasta cuándo estás dispuesta? ABRES LOS OJOS, ESTÁS VIVA. Has dejado de traicionarte.

La reconstrucción

Después, llega la reconstrucción de la identidad, la autoestima y el sentido. Hay especialistas que, hablan de una fase inicial de duelo, en la que abandonas quién fuiste; yo no estoy de acuerdo. Yo te diría con total certeza que, la decisión es la antesala de la reconstrucción sin necesidad de pasar por el purgatorio (has pasado meses purgando).

No es cuestión de valentía, simplemente te lo debes a ti misma.

Soy Rocío Fernández y estoy aquí, para ayudarte… ¿HABLAMOS?

Rocío Fernández
rfernandez.diaz87@gmail.com
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