Mirarse para existir: el autorretrato de las mujeres en el arte

 

Autorretrato ayer Vs. Selfie hoy

 

Reconozco —y las personas que me conocen lo pueden corroborar— que soy una fan incondicional de la fotografía en cualquiera de sus formas. Pero si hay algo que me gusta especialmente son los selfies.

Hacerse un selfie es hoy un gesto casi automático. Sacamos el móvil, giramos la cámara y capturamos una imagen que después compartimos en redes sociales o simplemente guardamos en nuestro teléfono. A primera vista podría parecer un acto cotidiano, incluso banal. Sin embargo, en el fondo contiene algo mucho más profundo: el deseo de mirarnos, reconocernos y afirmar nuestra propia presencia.

La imagen que construimos de nosotras mismas también es una forma de relato. Elijo el encuadre, la luz, el momento, la expresión. Decido cómo quiero aparecer ante los demás y, en cierto modo, también cómo quiero verme. Ese gesto aparentemente simple puede convertirse en una pequeña declaración de identidad, de independencia y de libertad: no quiero dejar en manos de nadie cómo aparezco en la foto.

 

Durante siglos, en la historia del arte, la presencia de las mujeres fue casi exclusivamente la de modelos y figuras representadas por otros

 

Sin embargo, el autorretrato permitió a muchas artistas cambiar esa mirada. Al pintarse a sí mismas pasaban de ser objeto de representación a convertirse en sujeto de la obra. Frente al lienzo, y con los pinceles como única herramienta, se representaban no solo para mostrar su rostro, sino también para afirmar algo fundamental: su lugar como creadoras.

Esta reflexión sobre identidad y mirada cobra un significado especial al recorrer la exposición que puede verse actualmente en el Museo de Cádiz. La muestra, fruto del trabajo de investigación de diversas universidades —entre ellas la de Cádiz—, tiene como objetivo visibilizar el papel de las mujeres en las artes plásticas a lo largo de la historia.

La exposición se centra en doce mujeres que, a lo largo de su producción artística, trabajaron el género del autorretrato. Sus obras nos permiten comprender cómo se veían a sí mismas, cómo modelaron la expresión de su identidad a través de la pintura y de qué manera quisieron proyectarse en la sociedad de su tiempo.

Entre ellas encontramos a mujeres andaluzas como la lebrijana Antonia Rodríguez Sánchez de Alva (1835-1868), pintora de estilo romántico que desarrolló una intensa carrera artística. Con tan solo 21 años realizó uno de sus trabajos más importantes: su autorretrato. En él aparece frente a un espejo, mirando directamente al espectador, con la paleta y el pincel en la mano. Su postura transmite seguridad y determinación. No se presenta desde ningún arquetipo personal —ni como madre, ni como esposa— sino como lo que ella misma se reconoce: una profesional del arte.

También destaca la cordobesa Aurelia Navarro Moreno (1882-1968), quien se atrevió a desafiar las normas de su época. Tras varios años de desarrollo artístico en los que recibió el reconocimiento de la crítica y del público, presentó en 1908 en la Exposición Nacional de Bellas Artes la obra Desnudo de mujer. A pesar de obtener el tercer premio, la obra provocó duras críticas, especialmente dentro de su propio entorno familiar, al tratarse de un autorretrato de la pintora lo que provocó al cabo de unos años que ingresara en un convento y acabará así una brillante carrera artística.

Otro ejemplo es el de la gaditana Victoria Martín Barhié (1794-1869), figura destacada dentro del círculo de pintoras gaditanas. Aunque durante mucho tiempo las mujeres estuvieron al margen de las enseñanzas artísticas oficiales, Victoria desempeñó un importante papel pedagógico en Cádiz y Málaga. Su autorretrato, de influencia neoclásica francesa, supuso un ejercicio innovador en el que la expresión artística supera los modelos tradicionales de la retratística.

Al contemplar estas obras hay algo que conecta aquellos autorretratos con nuestros selfies actuales: el impulso de mirarnos para comprender quiénes somos.

Porque el autorretrato —ya sea pintado con óleo sobre lienzo o capturado con la cámara de un móvil— siempre encierra una pregunta profunda: ¿Cómo me veo y cómo quiero ser vista?

 

Quizá por eso estas vidas nos sirven de inspiración

 

No solo nos muestran el rostro de estas mujeres artistas; también nos hablan de su determinación por ocupar un lugar en el mundo. Pintarse a sí mismas fue, en muchos casos, un acto de autoconocimiento, pero también de valentía.

Y es que conocerse no sirve únicamente para responder a la pregunta de quién soy. Sirve, sobre todo, para encontrar la fuerza necesaria para mostrarse al mundo con autenticidad y valentía.

Soy Ana Lara, y te ayudo a encontrar el brillante que hay en ti… ¿PREPARADA?

Ana Lara
analaracoach@gmail.com
1 Comment
  • Jacqueline Diana Moss
    Posted at 19:14h, 26 marzo Responder

    Me ha encantado su artículo Ana muchas gracias por abrirnos a estas mujeres. Tengo muchas ganas de visitar la exposición .

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