
13 Oct Arte valiente para amar el mar
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“No se puede amar lo que no se conoce, ni defender lo que no se ama”
Esta frase atribuida a Leonardo da Vinci es el punto de partida de mi conversación con las protagonistas de este artículo en Mujeres Valientes, siempre enfocado en visibilizar la creación artística femenina.
En este caso, el amor al mar ha unido a Marina Gadea y Margarita Pouso, dos mujeres valientes que se expresan a través del arte, cada una desde su propia disciplina. Porque el arte, al igual que la valentía, nace de la esencia: no entiende de etiquetas ni de fronteras.
El mar: inmenso y desconocido
Los océanos cubren aproximadamente un 71 % de la superficie del planeta, y sin embargo seguimos sabiendo muy poco de lo que esconden bajo sus aguas.
De hecho, solo conocemos su fisiología desde 1977 cuando la geóloga Marie Tharp, en colaboración con el pintor paisajista Heinrich Berann, creó el primer mapa científico del suelo oceánico. Gracias a su trabajo se descubrió la dorsal mesoatlántica, una cadena montañosa submarina que recorre el Atlántico y que resultó clave para confirmar la teoría de la tectónica de placas y la deriva continental.
Ese mismo espíritu de unión entre ciencia y arte se refleja en la obra de Marina Gadea.
Marina Gadea: ciencia, arte y mar
Documentalista científica de profesión, Marina creció rodeada de libros de su padre, donde quedó fascinada por los bosques neuronales de Ramón y Cajal, compañero de estudios de su bisabuelo. Desde esa raíz, su trabajo explora las tramas invisibles que conectan lo biológico, lo mineral y lo oceánico, proponiendo una estética del conocimiento donde la observación científica se convierte en materia poética. Esa herencia científica se mezcla con su inclinación artística, presente desde la juventud y tan natural en ella como respirar.
Pero hay un tercer elemento que completa la ecuación: su pasión por el mar. Nacida en Cádiz, ciudad rodeada de agua, siempre se ha sentido más cómoda en alta mar que en tierra firme. Esa conexión vital le ha permitido observar de cerca la zona intermareal, ese espacio que respira dos veces al día: queda expuesto al aire en la marea baja y vuelve a sumergirse con la marea alta.
Su investigación artística propone un desplazamiento simbólico desde la noción de territorio terrestre —limitado, parcelado, político— hacia una identidad oceánica, fluida y relacional.
Gadea entiende el arte como un espacio de mediación entre la ciencia y la sensibilidad. A través de sus instalaciones cartográficas, nos invita a reconsiderar nuestra pertenencia al territorio planetario no como una línea de frontera, sino como una red de vínculos en continua transformación.
Su trabajo artístico busca ayudarnos a conocer el mar, darle nombre a sus montañas y volcanes submarinos, mostrarnos su belleza para que podamos comprenderlo, cuidarlo y aprovecharlo de forma respetuosa.
Su última exposición, El Paisaje Sumergido, presentada en la Casa Iberoamericana de Cádiz y en el Centro de Interpretación del Vino y la Sal de Chiclana, se dedicó al mundo intermareal. Inspirada en los colores de los mapas de Marie Tharp, sus obras esféricas evocan la silueta terrestre y revelan los más de 60 volcanes marinos de la Bahía de Cádiz. Latón, titanio, plástico y pigmentos acrílicos se mezclan para dar forma a un universo circular, lleno de color y poesía.
Margarita Pouso: poesía y denuncia
En esta muestra se cruzan los caminos de Marina y Margarita Pouso, periodista y poeta. Originaria de Barcelona, tras años de trabajo en territorios post-conflicto como Nepal, encontró en Cádiz su lugar de acogida. Desde allí, su poesía se mueve entre lo íntimo y lo social, con un trasfondo de denuncia y una mirada comprometida.
Verso y Marea: despertar conciencias
Juntas han creado “Verso y Marea”, un proyecto que fusiona ciencia, pintura y poesía para acercarnos al océano desde una experiencia emocional y transformadora. Su objetivo es claro: despertar conciencias.
Y no es casualidad, porque los datos son alarmantes. Solo en 2020, del total de plásticos producidos, el 83 % terminó como residuo: más de 360 millones de toneladas. Una parte de ese plástico ha acabado en los ecosistemas marinos, dañando la vida que los habita.
Necesitamos voces como las de Marina y Margarita, mujeres que con su valentía, sensibilidad y compromiso nos inspiran a reflexionar, a replantearnos nuestra relación con el entorno y a actuar con urgencia.
Mirando al futuro
El encuentro de estas dos mujeres sigue dando frutos individual y conjuntamente.
Por un lado, y después de dos años de trabajo, las obras de Marina forman parte de LATIDOS DE GEA una exposición inmersiva e interactiva que invita a reflexionar sobre el impacto de nuestras actividades humanas en el planeta y que se podrá ver hasta mayo de 2026.
Este proyecto, del Museo Didáctico de Ciencias de Valencia (MUDIC) ha sido diseñado por más de treinta expertas y expertos de distintas áreas, aunando investigación científica y creación artística entre las que se encuentra la artista gaditana.
La colaboración de ambas artistas continuará en 2026, ya que impulsarán bajo el marco del proyecto cultural “Espiga en la boca”, un retiro artístico con talleres literarios y plásticos diseñado para reconectar con nuestra esencia a través del arte y la naturaleza.
Como decía Da Vinci, “no se puede amar lo que no se conoce, ni defender lo que no se ama”. Ellas nos invitan a conocer y a amar la Naturaleza para que podamos también defenderla.

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