Ansiedad anticipatoria... miedo a nuestros propios miedos.

Ansiedad anticipatoria… Miedo a nuestros propios miedos

Ansiedad anticipatoria... Miedo a nuestros propios miedos

Ansiedad anticipatoria y los famosos “Y si…”

 

Resulta fundamental, la forma en la que miramos y valoramos las diferentes realidades que suceden en nuestro entorno.  Y es que como profesional de la salud mental, podría reconocer los muchos “Y si…” que llenan mis consultas.

“Y si…” que impiden sentir lo que estamos viviendo justo ahora y que, nos hacen vivir proyectados en un momento temporal completamente diferente al presente. Y esto provoca de forma irremediable que, pasemos por alto vivencias para las cuales quizás llevamos esperando desde hace mucho.

Es ese estar a medias o casi no estar, el que no nos permite tener conciencia plena, o lo que es lo mismo ser incapaces de disfrutar de lo que nos va pasando mientras seguimos viviendo.  

Como decía son muchos los “Y si…” que escuchamos: “Y si me deja mi pareja”, “Y si no apruebo”, “Y si suspendo el examen”. “Y si me pongo enfermo…”. Lo que no sabemos es que, estas hipótesis tienen un impacto y una influencia determinante sobre nuestra vida y sobre el resultado de las cosas que nos suceden.

A su vez sentimos incertidumbre, incapacidad a la hora de mantener el control, nos inundan pensamientos negativos, rumiaciones y resultados catastrofistas. Y es por esto, por lo que, la mayoría de las veces condenamos decisiones al fracaso, decisiones con las que quizás hayamos estado soñando gran parte de nuestra vida, pero por las cuales no llegamos nunca a apostar ni aun teniendo un escenario favorable.

Y por eso pasa la vida, y sentimos que se quedaron cafés pendientes, oportunidades laborales que podrían habernos hecho cambiar la vida, o personas por las que deberíamos haber apostado. 

 

La ansiedad anticipatoria está estrechamente relacionada con la profecía autocumplida

 

La profecía autocumplida o efecto Pigmalión, es el proceso que provoca que la expectativa respecto a unos determinados hechos futuros, aumente la probabilidad de que estos hechos ocurran.

Y es paradójico lo que voy a decirte, pero más allá de lo paranormal o de lo sobrehumano, hablamos de la capacidad que tiene el ser humano de elevar las probabilidades de que eso ocurra en la medida, en que la idea en cuestión sea compartida.

Te pongo un ejemplo con el que de una forma u otra nos hemos sentido, seguro, identificados en algún que otro momento de nuestra vida: ¿Cuántos padres han repetido a sus hijos “no eres bueno en algo o eres bueno en tal cosa” y eso ha determinado el resultado?

Y es que nuestra conducta, se alimenta de las expectativas y proyecciones que los demás ponen sobre nosotros y esto, sucede, sobre todo, en etapas más tempranas de nuestra infancia. Si cuando tienes 3 años tu madre te observa desde la mirada de lo increíble, quizás desarrolles una serie de habilidades tempranas excepcionales.

 

Pero si por el contrario creces escuchando que “eres torpe”, terminarás siendo justo eso

 

El inconveniente de esto, es que la mayor parte de esas proyecciones, no son valoraciones objetivas hechas a partir de la observación, sino que de una forma u otra se encuentran impregnadas de la propia experiencia (miedos, vivencias…) de esas personas y esto, llevado al extremo puede hacerte alcanzar la gloria o llevarte directito al fracaso más absoluto.

Por lo que las creencias que proyectan sobre nosotros, son determinantes. En contraposición aceptamos estas proyecciones como nuestras, y lo hacemos porque “si mi madre que me quiere, piensa esto de mi será porque es cierto”.

Pero lo verdaderamente cierto es que las expectativas son semillas que la mayor parte de las veces no elegimos pero que, germinan en nosotros determinando nuestro pensamiento, el resultado de nuestras acciones y en la mayor parte de los casos quienes llegamos a ser en la etapa adulta.

 

Los factores predisponentes o las causas de la ansiedad anticipatoria, pueden ser muy diversos

 

Pueden ser genéticos y de carácter biológico como por ejemplo: el efecto que provoca la deficiencia en determinadas hormonas reguladoras; puede estar determinada por experiencias de vida que, de alguna forma han condicionado nuestra manera de percibir el mundo y de interpretar determinadas situaciones, como por ejemplo: vivencias infantiles con carácter traumático.

O su aparición puede tener que ver con determinados rasgos de personalidad. Por ejemplo, las personas perfeccionistas, orientadas al logro, minuciosas en la ejecución o con una capacidad crítica desarrollada, presentan una mayor predisposición a padecer este tipo de sintomatología.

La forma en la que pensamos es igualmente determinante, personas con tendencia a tener un pensamiento catastrofista, caracterizado por rumiaciones y tendencia negativa a la hora de valorar los resultados.

La ansiedad anticipatoria puede estar sujeta a situaciones específicas en las que se requiere un mayor nivel de exigencia o unos resultados especialmente excepcionales. Pero también es cierto que hay determinados tipos de personalidad cuya gestión emocional hacen de la ansiedad anticipatoria, más que una evaluación puntual de los acontecimientos una forma de gestión emocional generalizada que determina su vida.

 

La sintomatología que describe la ansiedad anticipatoria puede llegar a ser muy variable

 

En términos generales se caracteriza por: la preocupación constante y excesiva sobre hechos futuros poco probables, la evitación de situaciones. Presenta tensión muscular y dolor de cabeza, algunas veces acompañado por la dificultad para conciliar el sueño, fatiga y cansancio, dificultad para la concentración y palpitaciones y mareos, entre otros.

Lo que bien es cierto, es que la ansiedad anticipatoria se convierte en un fracaso autoinducido con carácter inconsciente, llegando a ser nuestro peor enemigo. Podríamos entenderlo como la estrategia de auto sabotaje más nociva y perjudicial sobre nosotros mismos que podemos llevar a la práctica.

Y tú ¿Sabrías identificar los “Y si…” de tu vida? “Y si…” entendidos como ese escenario que me agota y que ni siquiera sé si tienen probabilidades reales de que ocurra.

Rocío Fernández
rfernandez.diaz87@gmail.com
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