Amistad en tierra ajena

 

 

Donde estamos juntas, estamos en casa

 

Hay algo que forma parte de la vida adulta: lo difícil que es cuadrar agendas… y lo necesario que es hacerlo. Si además vives fuera, la cosa se complica aún más: siempre hay alguien que está de visita en España o recibiendo a familia que viene de allí. Pero cuando por fin lo consigues, cuando cuatro amigas logran encontrar ese fin de semana imposible, lo que viene después no es solo un viaje, es un auténtico regalo.

La escapada a Poole y Sandbanks con Paqui, Rocío e Isabel llevaba ya un tiempo rondándonos. Habíamos considerado distintos destinos, pero al final optamos por algo cercano. Entre intentos fallidos, agendas imposibles y planes que no terminaban de cuajar, la idea parecía quedarse siempre a medias… hasta que Isabel nos dio el pequeño empujón que nos faltaba. Y entonces, por fin, lo hicimos realidad: cuatro españolas en Londres encontrando el momento para escaparnos.

Porque no era solo cuestión de irnos un par de días, sino de compartirlos de verdad

 

 

El plan fue sencillo, o quizá lo hicimos sencillo nosotras: caminar, reír, volver a caminar, parar a comer, seguir recorriendo la costa, charlar sin mirar el reloj… y repetir. Como si el tiempo, por una vez, se hubiera puesto de nuestro lado.

Recuerdo especialmente los paseos por la playa, recogiendo conchas casi sin darnos cuenta, mientras escuchábamos el sonido de las olas. Es curioso cómo algo tan simple puede devolverte a una calma que en el día a día parece imposible.

Rocío, la pobre, no está tan acostumbrada a caminar tanto como nosotras, pero aun así, ahí estuvo, sumando kilómetros sin parar y encargándose de recordarnos a cada rato los pasos que llevábamos encima. Pero es que tuvimos tanta suerte con el tiempo que habría sido casi un delito no aprovecharlo: sol en Inglaterra, en primavera… eso no se negocia, se camina.

Y entre paseo y paseo, Isabel (nuestra guía turística improvisada) nos iba regalando historias que daban otra dimensión al lugar. Nos contó que Poole Harbour es el segundo puerto natural más grande del mundo, después de Sídney, algo que, sinceramente, no esperaba encontrar en este rincón del sur de Inglaterra. También nos habló de su pasado estratégico: durante siglos fue un enclave clave para el comercio y la defensa, y de cómo toda esta costa fue escenario de ataques y emboscadas en tiempos de enfrentamientos navales con España. Escucharla mientras caminábamos, con el mar de fondo, hacía que el paisaje cobrara vida.

Por las noches, eso sí, el frío nos devolvía a la realidad. Aun así, ese fresquito que también tuvimos durante el paseo en barco, cuando nos acercamos a las preciosas islas frente a nosotras, no logró restar ni un poquito de encanto al momento: el viento en la cara, el silencio compartido y esa calma que siempre se siente junto al mar.

Todo en este viaje fue perfecto, incluso el hotel en el que nos alojamos, con unas vistas de esas que te obligan a parar, a asomarte a la ventana y a respirar un poco más hondo. Y, como buenas españolas lejos de casa, nos dimos nuestros homenajes gastronómicos, de esos que saben mejor cuando se comparten: desde la elegancia tranquila de Rick Stein, al ambiente de Sandbanks Beach Bar, pasando por el imprescindible Rockfish Poole Seafood Restaurant o la calidez de South Deep. Lugares a los que sé que volveremos, porque hay sitios que se quedan ligados a momentos y ya no los quieres soltar. Como aquella noche en la que Rocío y Paqui descubrieron el sticky toffee pudding y lo bautizamos, sin discusión, como el postre inglés favorito del grupo.

Sin darnos cuenta, formamos un equipo perfecto, de esos que no se organizan, simplemente funcionan: Isabel como guía turística, Rocío encargándose de la organización y el transporte, Paqui capturando cada momento con su cámara, y yo… yo quedándome con las palabras, porque alguien tiene que contar estas historias, ¿no? Al fin y al cabo, forman parte de lo que somos en Mujeres Valientes.

Y es que hay algo muy especial en esto de encontrarse fuera de casa, en reconocerse en otras mujeres que también hicieron las maletas un día, que también dejaron atrás rutinas, familias, acentos… y que, sin darse cuenta, han ido construyendo nuevas versiones de sí mismas.

Este fin de semana no fue solo una escapada

Fue un recordatorio de que necesitamos parar, de que merecemos desconectar, de que cuidarnos también es reír sin prisa, caminar sin rumbo y compartir sin reloj.

Porque ser una mujer valiente no es solo atreverse a empezar de nuevo en otro país. También es saber sostenerse, rodearse bien y regalarse estos momentos que nos devuelven a nosotras mismas.

Y quizá ahí esté la clave de todo: en saber que, estemos donde estemos, siempre podemos crear pequeños hogares en forma de amistad, lugares donde volver y personas con las que ser nosotras mismas. Porque al final, el hogar también se construye.

Fotografías: Francisca Marcos.

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Diana Granada
dianagran1@hotmail.com
2 Comments
  • Laura Madrid
    Posted at 11:08h, 24 abril Responder

    Se respira el buen rollo…

  • Francisca Marco
    Posted at 13:16h, 24 abril Responder

    Me encanta!

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