
26 May Adiós Wendy, adiós
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Tu negocio factura pero estás agostada porque sientes que tienes el Síndrome de Wendy… Bienvenida, Mujer Referente
Me llega a través de mujeres empresarias muy cercanas la sensación compartida de cansancio y del malestar de estar “en todos sitios” pero a la vez no estar en ninguno. Ese sentimiento de no llegar, de que por mucho que te esfuerces, no puedes con todo… Y, a la postre, la de decepción y fracaso. Y no es porque su negocio, proyecto o empresa vaya mal; no es por cuestión de números, es porque el esfuerzo demasiadas veces no se traduce en satisfacción.
Y, no siempre pero sí muchas veces, hay un denominador común: son mujeres brillantes con empresas boyantes pero, porque claro que hay un pero, están agotadas de salvar a todos menos a sí mismas. Este patrón tiene nombre, aunque no es una enfermedad: lo llaman Síndrome de Wendy.
Voy a explicar mejor en qué consiste.
El síndrome de Wendy es un patrón psicológico en el que la persona (en este caso mujer) asume el rol de cuidadora, complaciente y “salvadora” del otro, postergando sus propias necesidades. Este comportamiento afecta de una manera muy concreta y, a menudo, silenciosa a las mujeres emprendedoras y empresarias.
La pregunta que te estarás haciendo es: ¿por qué es importante tenerlo en cuenta en este ámbito?
En el mundo de los negocios, este síndrome no se manifiesta cuidando niños o cocinando para la pareja, pero sí en estrategias de liderazgo autolimitantes y estos son algunos ejemplos de cómo se comporta una empresaria con estos rasgos:
- Sentir culpa a la hora de poner un precio justo a tu servicio: La emprendedora “Wendy” tiende a infravalorar su producto/servicio. No cobra lo que vale su tiempo porque siente que “es mucho dinero para los demás” o porque quiere “ayudar” al cliente que está empezando. Esto, que puede resultar un gesto generoso e incluso altruista, puede terminar en que no tengas un negocio, sino un hobby muy caro.
- Agotamiento por hiper-disponibilidad: En la empresa rescata al cliente 24/7. Responde WhatsApp a las 11 p.m., rehace trabajos que el cliente no pagó y asume los errores ajenos como propios. Más que clientes, parece que trabaja para Peter Pan. El coste es el burnout emprendedor.3
- El síndrome de la “mala madre” empresarial: Si tiene empleados o colaboradores, evita la confrontación o la exigencia por miedo a ser “mala jefa”. Prefiere hacer ella el trabajo extra que delegar o pedir cuentas, perpetuando una estructura ineficiente.
- Desvío del foco estratégico: En lugar de escalar el negocio o buscar inversión (nutrirse a sí misma), dedica energía y recursos a mentorear gratis a colegas, a apagar fuegos emocionales del equipo o a complacer a un socio que no aporta valor.
Pero, ¿las emprendedoras nacen con esa tendencia o las hacen así?
El consenso psicológico actual apunta a que el Síndrome de Wendy es casi exclusivamente un constructo social y cultural. Esta influencia que recibimos desde niñas viene marcada por varios factores:
- El mandato de género: Se nos refuerza que el valor está en “ser buena”, “ser cuidadora”, “ser para los demás”. En el emprendimiento, estos mandatos sociales se traducen en: “No seas ambiciosa, sé servicial”. El miedo a ser etiquetada como “trepa” o “agresiva” modula las decisiones de negocio.
- Impostora estructural: Al emprender en un ecosistema históricamente masculino, la crianza y los mensajes recibidos empujan a muchas mujeres a compensar esa “intrusión” siendo extra amables y/o complacientes, como una forma de defensa por ocupar un espacio “que no le pertenece”.
En este punto, me parece crucial diferenciar entre la empatía biológica (posible tendencia natural en las mujeres a leer mejor las emociones ajenas, aunque también es discutible y controvertido) y el síndrome de Wendy (que antepone las necesidades ajenas a las propias). Entender y comprender no significa priorizar. Si bien hay estudios neurocientíficos que parecen indicar algunas diferencias en la activación de neuronas espejo y oxitocina, esto no obliga de manera alguna a que una mujer no cobre sus facturas o se sienta culpable por ello. La biología puede darte una mayor sensibilidad interpersonal, pero la cultura (y la educación y crianza) puede convertir esa sensibilidad en esclavitud emocional e incluso ruina económica.
Las habilidades asociadas a lo femenino (empatía, cuidado del detalle, cohesión grupal) son una ventaja competitiva fundamental en el liderazgo moderno. El problema surge cuando la educación recibida distorsiona esa ventaja natural y la convierte en autosacrificio. El Síndrome de Wendy es una trampa cultural que le dice a la emprendedora: “Tu éxito te hace menos mujer si no va acompañado de servicio a los demás”. Incluso, de hacer ciertos sacrificios.
Hasta aquí la teoría que todas hemos escuchado. Pero, ¿por qué, aun sabiéndolo, no puedo cambiar esa forma de actuar? La respuesta está en tus ancestras y te lo cuenta la ciencia: la epigenética.
Si fuéramos libros, la genética serían las letras que componen nuestro ADN dentro de las células y la epigenética serían las normas gramaticales que indican cómo usar esas letras para construir palabras en nuestro idioma.
De toda la información genética que traemos cuando nacemos, no toda la vamos a utilizar, sino que hay unos factores (epigenética) que determinarán cuáles son los que necesitamos y más nos convienen según las experiencias que estemos viviendo en cada etapa de nuestra vida.
Estas marcas pueden venir ya puestas por nuestras ancestras (madre, abuela, bisabuela…). Cada una habrá puesto las suyas según sus experiencias de vida y pueden hacernos perpetuar conductas (que ellas necesitaron en su momento), como el patrón Wendy, incluso cuando la mujer actual que eres hoy en día quiera conscientemente romperlo.
¿Cómo pueden las vivencias de tus antepasadas contribuir específicamente a la perpetuación del Síndrome de Wendy en el ámbito emprendedor?
Estas suelen ser las experiencias más comunes:
La transmisión transgeneracional del estrés: El síndrome de Wendy suele venir de un linaje de mujeres cuidadoras forzosas (abuelas, bisabuelas) que vivieron en contextos de escasez, guerra o sociedades marcadamente patriarcales y estrictas. Para sobrevivir, cuando una mujer vive crónicamente para complacer a otros y reprimir su enfado o sus necesidades, su patrón de gestión del estrés se desregula y desencadena unos cambios químicos internos.
Aunque la herencia epigenética en humanos aún no se conocen los mecanismos exactos de transmisión (es actualmente un tema de debate controvertido), los indicios sugieren que combinamos la herencia biológica con el aprendizaje, es decir, crecemos en un entorno donde se replican los mismos disparadores de estrés. El estrés de la abuela cambió su forma de criar a la madre, y la madre a la hija, lo que posiblemente active los mismos marcadores epigenéticos en respuesta al entorno donde crece.
Ante una negociación de precios incómoda o una llamada de atención a un empleado, su cuerpo entra en “alerta”. No es que sea “débil de carácter”, es que su biología lee el conflicto como una amenaza de muerte simbólica (porque para su bisabuela, disgustar al marido o al patrón significaba no comer). Para calmar esa ansiedad insoportable, cede, sonríe y dice “No te preocupes, yo lo hago”. (Perpetuación de Wendy).
Otra de las consecuencias que pueden apreciarse es que la emprendedora/empresaria obtiene un alivio real (dopamina calmante) cuando resuelve el problema ajeno. Es una recompensa bioquímica por “salvar”. Su cerebro está epigenéticamente cableado para preferir la recompensa segura de “ser útil” antes que la recompensa arriesgada de “ser exitosa y envidiada”.
Si la emprendedora mantiene un patrón Wendy (trabaja 14h, no cobra, se sobrecarga), sus niveles de cortisol crónico están por las nubes. El cortisol alto altera la expresión de genes relacionados con la inflamación y la función cognitiva en el hipocampo. Esto genera niebla mental, olvidos y parálisis estratégica. Se vuelve más difícil planificar el escalado del negocio porque el cerebro está en modo “supervivencia inmediata” (apagar fuegos de los demás), no en modo “visión a largo plazo”.
Pero, afortunadamente, la epigenética es dinámica y responde también para adaptarse al entorno actual. La ciencia muestra que los cambios en el entorno y la conducta consciente modifican el epigenoma en cuestión de meses.
No podía acabar este artículo sin dejar algunas estrategias que puedes seguir desde este mismo momento y que pueden ayudarte a conseguir cambiar ese patrón (invisible para ti hasta ahora) y recuperar la calma y la sensación de plenitud:
- Ritual de “cierre del día”: Es pura biología. Apagar el teléfono a las 20:00 baja los niveles de cortisol nocturno. Esto ayuda a regular la expresión de los genes relacionados con el estrés. Mejorar la higiene del sueño nos facilita la recuperación de nuestro sistema nervioso y, a la larga, nos puede ayudar a cambiar las tendencias heredadas.
- Exposición al conflicto mínimo: A nivel epigenético, un NO pequeño cada día (Ej: “No, ahora no puedo atenderte”) es un estímulo que recalibra tu sistema nervioso y reduce la respuesta de ansiedad en tu cerebro. De alguna manera es como si le enseñaras a tu ADN que el conflicto no es letal.
- El entorno: Rodearse de otras emprendedoras que cobran precios altos y ponen límites. Las neuronas espejo y las modificaciones necesarias para cambiar nuestros patrones se activan por imitación social.
Estas indicaciones salen de las conclusiones de estudios científicos realizados por la comunidad científica durante los últimos 20 años.
La epigenética puede ayudarte a entender que, a pesar de leer todos los libros de autoayuda, el cuerpo te pide pedir perdón por facturar. Probablemente sea una parte de ti heredada que busca tu supervivencia.
La buena noticia es que, como emprendedora, crear un nuevo estilo de vida, o como a mí me gusta llamarlo hacerte un traje a medida especialmente para ti, es la receta para realizar un cambio revolucionario y dejar de transferir el síndrome a la siguiente generación.
Dejar de ser Wendy no es volverte fría
Es entender que tu negocio merece una líder descansada, no una salvadora agotada. Lo que cure tu facturación curará parte de tu árbol genealógico.
¿Quieres saber más sobre este tema y dejar atrás las creencias y los patrones que lastran tu vida? Sígueme a través de Instagram (@mujeresreferentes) y en LinkedIn. También puedes encontrar una guía para empezar con mi libro ERES UNA MUJER REFERENTE (disponible en Amazon).
Ciao Wendy. Bienvenida, Mujer Referente.
Raquel González Ruiz. Mujeres Referentes.

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