Pensión alimenticia mínima y maneras de hacer justicia

Pensión alimenticia y maneras de hacer justicia. Asesoría Legal. Mujeres Valientes

Pensión alimenticia mínima y maneras de hacer justicia

Pensión alimenticia y maneras de hacer justicia. Asesoría Legal. Mujeres Valientes

 

¡Hola a todas de nuevo! Encantada, como siempre de coger el testigo de mi querida María José Mateos (qué sería de mí sin ella), y hacer el relevo este precioso mes de diciembre.

Esta vez, como entre las hormonas de la reciente maternidad y el espíritu de la Navidad, estoy que reboso felicidad, vamos a contar una historia con final feliz. Como siempre, siendo una historia real, cambiaremos sólo los nombres, y aquellos datos que pudieran hacer que alguien reconociera en nuestra historia a sus verdaderos protagonistas. A ella, esta vez, la llamaremos Lola.

Lola es una mujer de unos 40 años, con 3 hijos. La mayor de todos ellos, a la que llamaremos Sabrina, es fruto de su primer matrimonio, siendo los otros dos de su actual marido.

Pues bien, cuando Lola era jovencita, conoció al que luego sería su primer marido. Tras un noviazgo no muy largo, decidieron casarse, y casi después de la boda, llegó el embarazo de Sabrina.

 

PENSIÓN ALIMENTICIA… UNA OBLIGACIÓN CON LA QUE HAY QUE CUMPLIR

Su marido trabajaba para el Estado (no voy a decir de qué por razones obvias), y por ello tenía un buen puesto de trabajo, bastante bien remunerado. Y esa precisamente fue su pesadilla. En primer lugar porque claro, como él ya ganaba un buen sueldo, para qué iba ella a trabajar. Decidieron (yo creó que decidió él), que se quedara en casa cuidando a la pequeña, mientras él sustentaba el hogar. Nada extraño hasta aquí, pues ha sido y sigue siendo un modelo de vida frecuentemente elegido en muchas mujeres, y parece que, poco a poco, en algunos hombres.

El caso es que, ser el único que trabajaba, también le servía a él para gobernar la casa a su antojo, controlando hasta el más mínimo detalle de la vida de ella. Lola cuenta verdaderas barbaridades de su matrimonio con él, que no os voy a contar para evitaros las náuseas, pero que creo “a pies juntillas”.

El caso es que, un día, harta de él, y tras consultarlo con sus familiares, Lola decide ponerle una denuncia por malos tratos. Denuncia que, a pesar de todo, cae en saco roto, porque, por decirlo sin dar más pistas de las que puedo, su marido era bien conocido en la localidad en la que entonces vivían, y quienes debieron creerla no lo hicieron. Pensemos además que de esto hace muchos años y, por aquel entonces, ni existían leyes de protección a las víctimas, ni tampoco el rechazo que socialmente existe hoy en día hacia este tipo de hechos.

Pero ella se divorcia, pactando un convenio casi sin pensarlo, por miedo a no poder deshacerse de él, y tras hacerlo, se vuelve a Andalucía con su pequeña (no diré dónde reside actualmente). Con el tiempo, rehace su vida, y conoce a su segundo marido, un hombre bueno donde los haya, con el que, como hemos adelantado, tiene dos hijos más, y que además de a éstos, cría a Sabrina como si fuera también hija suya.

Poco a poco, ella se va olvidando del miedo al amor que traía, y forma una bonita familia, casi sin la presencia del padre de Sabrina. Una llamada algún que otro día, una visita en vacaciones y poco más. Y la verdad, ella casi lo prefiere, porque sabe el tipo de hombre que es, y no quiere que su hija sufra ni lo más mínimo por él.

El caso es que su ex también rehace su vida, y con el tiempo, tiene otro hijo. En ese momento, decide, por su cuenta y riesgo, empezar a pasar sólo la mitad de la pensión que le corresponde a sabrina, es decir, ciento cincuenta euros, porque él ya tiene otro hijo, y Lola ya está casada, “¡que mantenga a Sabrina su nuevo marido!”.

El caso es que su ex se vuelve a divorciar, según le llega a Lola, por los mismos motivos, aunque esta chica no le aguanta mucho tiempo, y a la primera de cambio le presenta el divorcio. Y tras esto, decide dejar de pagar la pensión de Sabrina, porque claro, él tiene que abonar dos pensiones, (pobrecito de él(, y le es imposible (me voy a ahorrar poneros aquí su salario, porque para qué). ¡Vergonzoso!.

 

LAS PAREJAS REHACEN SU VIDA PERO DEBEN CUMPLIR CON LA PENSIÓN ALIMENTICIA MÍNIMA 

 

Entonces Lola decide que ya basta, que tiene que hacer algo, que no puede desentenderse de su hija, y que ya que prácticamente no hay cariño, ni ha pagado nunca gasto extraordinario alguno, que se haga cargo con su pensión. Antes de estar en nuestro despacho, acude a otro, en el que se redacta una demanda por impago de pensiones, que nunca llega a presentarse al Juzgado, no sabemos las razones. Aunque algo me puedo oler.

Cuando llega a nuestro despacho, y nos cuenta todo, nos ponemos rápidamente manos a la obra. Y planteamos la correspondiente ejecución en el Juzgado del lugar en el que residieron Lola y él cuando fueron matrimonio. Y pasaron los meses y los meses, y de la demanda en el Juzgado nadie sabía nada. Llamabas al Juzgado, y por más datos que dabas, no encontraban nada, o estaba de baja la persona encargada, o cualquier otra excusa; pero nunca, a pesar de tener el justificante de presentación, esa demanda llega a tramitarse. Hasta que un día, alguien se apiada de nosotros en el Juzgado y nos dice: “oye, yo de vosotras, ponía otra demanda.”

Y así lo hacemos. Ponemos la segunda (o tercera, ya no sé que pensar), demanda de ejecución, y ésta es admitida, y se le da a él traslado. Cuál no será nuestra sorpresa cuando recibimos una oposición del susodicho, indicando que él no había pagado porque tenía un pacto verbal con Lola en ese sentido, que primero le perdonó la mitad de la pensión, y luego la pensión entera, y que podía demostrarlo.

Para que entendáis la situación, debo indicaros que, entre que se le pone la primera demanda, y que se llega a juicio, Sabrina empieza la universidad, y antes de que eso ocurra, su padre se encarga de manipularla para que, sin decirle nada a su madre, se vaya a vivir con él. Porque claro, cómo va a ser lo mismo la Universidad de allí que la de aquí… ¡ni de lejos vamos!; “y a tu madre no le digas nada hasta que no estés aquí porque es muy pesada, se va a poner a llorar, y mejor ya se lo decimos cuando estés instalada, tu dile que vienes sólo unos días de viaje de fin de curso”. Imaginaos la sorpresa de Lola. Cómo lloraba, y no sólo porque su hija se había marchado, sino porque estaba con su padre, que ya sabía ella que no podría traer nada bueno.

A los pocos días de llegar, Sabrina ya empieza a tener quejas, pues su madre la tenía entre algodones, y ahora tiene que hacer no sólo las cosas para ella, sino también para su padre, y cuando su hermano paterno está con ellos, le toca también llevarlo y traerlo de la escuela. Y el cambio de vida, claro, es brutal.

Días antes del juicio, Sabrina llama a Lola, y le dice que por favor, que la ayuda a rellenar la beca de la Universidad, que ella no sabe, pero que el dinero se lo tienen que poner en la cuenta de su padre. Lola le dice que cómo va ser eso, que el dinero lo meta en la cuenta de la propia Sabrina, que para eso la tiene, y lo vaya usando según necesite libros, o lo que sea. La respuesta es: “no mamá, por favor, que yo no quiero más problemas, demasiado que dice papá que por culpa de que tu lo has demandado por la pensión, no tenemos ni para comer.” Voy a seguir ahorrándome el sueldo que cobra esta persona, por decirle algo.

Y llega el día del juicio. Lola llega primero, con María (que la pobre mía me estaba sustituyendo, porque estaba yo recién parida). Y al poco rato, entra por la puerta él, como si el que hubiese entrado fuese Dios. No os lo podéis imaginar, saludando a todo el mundo en el Juzgado, riéndose con el personal,”pues nada, aquí estamos, a ver qué pasa”, y mirando a Lola, como queriendo decirle, “tú aquí no eres nadie, y no te van a creer ni de lejos”. Y al poco rato, Sabrina entra por la puerta.

Su padre la ha llamado para testificar en contra de su madre, contando que existía un pacto entre ambos con respecto a la pensión (un pacto que como decimos no existía), y además, quería que dijera que la demanda se presenta en rebeldía cuando la niña se va a vivir con su padre (todo falso, no sólo porque no cuadran las fechas, sino porque, como digo, hay una demanda nuestra mucho anterior que “se pierde” por decirlo de alguna manera, y no sabemos si otra más).

A todo esto, Lola sigue llorando viendo a su hija tener que declarar, no ya de algo que no sabe, sino de algo que es soberanamente mentira. Pero él lo tenía todo muy bien hilado. Mataba a dos pájaros de un tiro, conseguía vencer en juicio, y de paso, dinamitaba la relación madre-hija.

Pero hay algo con lo que él no contaba. Antes de entrar en sala, llaman a los abogados. Y según entran, Su Señoría se dirige al letrado de él, para decirle que no existe, que él sepa el motivo por el que se opone al pago de las pensiones atrasadas, y que si se ha pensado desistir.

Sorpresón del quince, porque contaban con el apoyo del Juzgado y ¡oh Dios mío!, había un nuevo titular en el mismo. Al negarse en rotundo el abogado, le repite su señoría “yo me lo pensaba, porque voy a apreciar temeridad”. Y tanto es el buen hacer de Su Señoría, que incluso busca la primera demanda que pusimos, y con cierta sorpresa, ve que es cierto, que ni se tramitó siquiera. Su cara bastaba para saber que no se podía seguir adelante con esa locura.

 

DECLARAR CONTRA EX PAREJAS… UN GRAN PESO PARA LOS HIJOS 

 

Tras una conversación con su cliente, pide el contrario que entren todos en sala, y una vez allí, dice que efectivamente, se van a desistir de la oposición. Imaginad la cara de todos los presentes que, salvo María y el Juez, desconocían la conversación anterior. Lola, que cambia el llanto de pena por el de alegría; él, que por primera vez conoce el sabor de la derrota, y ve que sus lazos no han servido para nada; y Sabrina, que se libera de tener que declarar en contra de su madre.

En fin, que una vez desistido de la oposición, queda únicamente nuestra ejecución, y por tanto, tendrá que pagar no sólo las pensiones atrasadas, sino también los intereses y las costas. Ésta última creo que es la palabra preferida de todos los abogados.

No se trata en cualquier caso, del dinero, no es una cuestión monetaria. Se trata de que no siempre los molinos son gigantes, y de que a veces David vence a Goliath. Y vaya si lo vencimos. Una victoria de las que te saben bien, de las que merecen una copa de vino (creo que todavía se la debo a María).

Sin más me despido por esta vez, deseando, en mi nombre y el de nuestro despacho (Mateos y Huelga Abogados), que tengáis unas felices fiestas. Por favor, que nadie diga lo de que la Navidad ya no es lo que era. Faltan personas, pero esas personas hicieron una vez que la Navidad fuera algo maravilloso para nosotros, y seguro que a ellas también alguien les faltaba en la mesa.

Tamara Huelga Gutiérrez
tamara.abogados.h@gmail.com
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