Niños de dos años… Una revolución para mamás primerizas

Niños de dos años... Una revolución para mamás primerizas. Mujeres Valientes

Niños de dos años… Una revolución para mamás primerizas

Niños de dos años... Una revolución para mamás primerizas. Mujeres Valientes

Pequeño G ya tiene 21 meses, lo que significa que en 3 meses cumplirá los 2 años. Y esa edad se ha convertido en el temor de todos los padres, no sé si por fama o porque realmente es una etapa bastante complicada. Cuando lleguen no os preocupéis que os contaré cómo nos va, ¡si es que sobrevivo!.

 

Por ahora lo que sí sé es que estoy notando cambios en el enano por días. Hay cambios mejores y cambios peores, y unos los llevo mejor que otros. Creo que estamos entrando en una etapa en la que el cambio y la evolución van a un ritmo superior al que lo hacían hasta ahora.

 

NIÑOS DE DOS AÑOS… NUEVA ETAPA, NUEVOS COMPORTAMIENTOS

 

Como ya os comenté en el post anterior publicado en Mujeres Valientes, he optado por recurrir a la lectura especializada sobre el cerebro del niño para intentar entender mejor estos cambios que estoy viendo y viviendo en mi hijo. Y realmente ayuda, aunque a veces sientas que vas a explotar, incluso a veces explotes, que no es malo.

Pero sí que te hace pararte a pensar: “venga, respira, no lo hace a posta, es parte de su evolución, es algo temporal, son etapas…” y así una larga lista de frases que uso para respirar hondo.

Porque sí, es complicado y a veces se hace muy duro y frustrante y te preguntas qué haces mal. Pero no lo haces mal, amiga, es parte del proceso de conocimiento mutuo entre tu hij@ y tú.

 

NIÑOS DE DOS AÑOS… UNA CRISIS A PRUEBA DE PACIENCIA

 

Algo fundamental que hay que entender y que he sacado en claro leyendo numerosos artículos es que, a esta edad, los niños no tienen capacidad para ponerse en el lugar del otro, ni para calibrar bien las consecuencias de sus actos.

Aquí quiero hacer referencia a un ejemplo concreto de acción que “detesto” y con la que tengo que respirar muy hondo con Pequeño G: los guantazos. Sí, ha empezado a dar guantazos porque sí. Al mismo tiempo que me abraza y me da besos de repente “¡zasca!”

 

NIÑOS DE DOS AÑOS… UNA REVOLUCIÓN PARA LOS PADRES

 

Según he leído conviene identificar si hay alguna situación en concreto que hace que dé el tortazo. Puede que sea cuando le dices que No a algo, cuando no quiere alguna cosa, etc. Pero en nuestro caso es al azar, lo mismo lo hace cuando se enfada que lo mismo está tan normal contigo y de pronto te da el tortazo.

Mis reacciones al respecto han pasado por distintas fases. Mi primera reacción fue apartarle la mano y gritarle un tremendo “¡NOOOO!”, y soltarlo en el suelo o donde fuese y hacerme la ofendida. El moco, ante esto, me miraba con cara de póker y empezaba a reírse.

 

Bien, vamos bien, me pega y se ríe mientras a mí me sale humo por las orejas

 

Mi segunda reacción fue ignorarlo, no darle importancia, por eso de que lo que pretenden es llamar la atención. Pero claro, lo que pasaba es que como él no veía reacción por mi parte, insistía, y además insistía cada vez mas fuerte, por lo que mi sangre hervía cada vez a más temperatura hasta volver al punto de partida del “Ya está bien, ¡joder, NO!”.

 

Error de nuevo, vuelta a la casilla de salida con la consiguiente frustración por mi parte al no saber cómo gestionar el tema

 

Mi tercera y última reacción es la que sigo aplicando y he de decir que he conseguido mitigar un poco el asunto. Cuando me da el guantazo le cojo la mano, pongo cara de cordero degollado mientras le miro a los ojos y le digo: “No, a mamá no se le hace eso, a mamá suave”, y con su mano me acaricio la cara.

Parece, no quiero hablar muy alto pero parece, que va funcionando, porque lo hace menos y cuando lo hace hay veces que sçolo con mirarle fijamente ya él me dice: ”suave, suave”,  en su idioma, claro. Así que espero que signifique que va asimilando el concepto.

Su profesora en la escuela me dice que es normal, que están todos igual en la clase, que es una etapa que pasan, y que ella les dice exactamente eso cuando lo hacen, que hay que dar caricias suave… Así que por ahí vamos mejorando, al menos aparentemente.

 

Otro de los puntos críticos en esta etapa con Pequeño G está siendo el lanzar cosas, en concreto el lanzar el vaso de agua y el de leche

 

¡No puedo soportarlo! Pide agua, le das el vaso con todo tu amor y ale, a tomar viento el vaso con todas sus fuerzas. Y eso que usamos los vasos anti derrame de Munchkin pero claro, no están hechos a prueba de lanzamiento a 100 km/h y el líquido acaba saliendo por algún sitio.

Al igual que en el tema tortazos, en este mi reacción también ha pasado y sigue pasando por distintas fases, aún no lo tengo bien controlado.

Al igual que con los guantazos, empezamos por el “¡NOOOOOO, eso no se hace!”. Respuesta: risas. Bien. Segunda fase igual que la anterior: ignorancia, coger el vaso y quitarlo de en medio.

Esta fase es la que más suelo aplicar, la verdad, porque, a diferencia del tortazo, si quito el vaso ya no puede volver a tirarlo, al menos no hasta que yo se lo vuelva a dar.

Otra fase es la de coger el vaso, mirarle a los ojos a su altura y decirle un ¡NO! Bien rotundo

 

 

No sabría deciros cuál es la mejor, pero son la segunda y tercera las que más aplicamos últimamente. Al igual que los tortazos, nos han dicho y he leído que es una etapa que pasará. Dios sabe cuándo, pero esperemos que pase.

Ninguna de estas “técnicas”, por llamarlo de alguna forma, es infalible, y cada niño es un mundo y cada padre y/o madre también. Para empezar se debe tener claro en la pareja qué tipo de educación se quiere dar. En nuestro caso queremos potenciar la “independencia” junto con altas dosis de cariño.

Por otro lado queremos evitar el castigo, aplicando la disciplina positiva. Esto implica establecer límites claros, algo que consideramos fundamental para su desarrollo. Todo esto coincide con el tipo de educación de la escuela infantil que elegimos para Pequeño G, y esto es muy importante para que vaya en sintonía con lo que se hace en casa.

De hecho la directora de la escuela nos ayuda cada vez que tenemos alguna dificultad al respecto. Que, por cierto, ya se me podía pegar algo de su paz y tranquilidad mental y dejar de ser una estresada de la vida en ocasiones.

 

En resumen: que todos los niñ@s pasan por estas etapas y que los 2 años son complicados

 

Ya os iré contando,   pero hay que tener claro cómo queremos educar a nuestros hijos antes de plantearnos cómo afrontar estas etapas

 

¡Feliz semana!

 

 

Noemí Gutiérrez
n.gutierrez@agenciahalia.com
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