Mujer… La que hace y deshace

Mujer… La que hace y deshace

La que observa los gestos de sus mayores mientras que la riñen, acarician, aleccionan, ruegan, orientan, pegan o agradecen, la que ayuda a recuperar lo perdido, sea dinero o dignidad, la que atusa el pelo y limpia la comisura de los labios al marido que ya no recuerda su nombre, la que respira hondo mientras acepta los desplantes de hijos pubertos confiando en que toda etapa tiene su fin.

La que vela por la seguridad de los demás, la que escucha y opina si tiene la oportunidad y si no la busca, la que resuelve menú para cuatro cuando faltan veinte minutos para la hora, la que mantiene la armonía en su hogar siendo hacendosa…

La que gestiona calendario de vacunas al mismo tiempo que optativas de trimestre, la que saca minutos para atenderse y goza de sus dos horas semanales de actividad, la que compra lubricante para seguir viviendo plena en contra del paso del tiempo, la que persigue su sueño a pesar de todo, lo logra y así mismo deja armado el resto del puzzle,

la que decide irse, la que decide volver… la que decide

la que zurce tus arterias a media noche tras tu más grave accidente y la que te despierta a las seis de la mañana para controlar tu temperatura corporal y descartar riesgos.

La que es madre de hijos, nietos y vecinos, la que ha roto los patrones familiares y renace y la que los usa para hacerte un traje, la que resopla pero espera, la que piensa, piensa y repiensa. 

La que surge con lo inesperado y se lo propone al Gobierno. La que se une, la que se aparta, la que no tiene domingo, la que espera caridad cuando ha perdido su rumbo después de intentarlo tantas veces, la que no es diagnosticada pero sí juzgada y etiquetada, la que no es valorada y llora.

La que desciende a lo más profundo de la tierra porque allí hay labor y esa labor le apasiona, la que sale al espacio por lo mismo, la que pide y no recibe, la que insiste y no consigue, la que se une a otras personas y mueve montañas, la que es cuando quiere y cuando puede.

La que ama y después odia, la que odia y después ama; la que te apaga un fuego, interno o externo, la que dialoga, la que grita, la que exige, la que resuelve, la que atiende a las personas, la que sufre en vida y elige muerte,

la que ve como llegan y se van… la que está, la que no está

La que hace leña del árbol caído y con ella calienta su hogar, la que encuentra salida cuando todo está tan caro, la que golpea las piedras y la que las transporta, la que limpia los bajos de un coche y la que sube los de unos tejanos, la que llora por ti, por mí y por ella, la que escucha y entiende.

La que sola está mejor que mal acompañada… la que no sabe estar sola, la que no consigue estar un rato a solas, la que deja huella, porque todas la dejamos, la que hace equipo, la que lo dirige, la que en su aula hace las cosas de otra manera, la que redacta leyes y cruza los dedos.

La que no se rinde y sigue dando pasos, subiendo peldaños, la que lidera un grupo de forma democrática, la que inicia una revolución, la que comparte su casa con veintitrés gatos, la que rellena fiambreras cada siete o quince días, la que no siente los kilómetros cuando visita a quien la espera, la que quita hojas secas al geranio, la que recibe minutos de sol en la cara mientras recuerda otros tiempos, la que te lleva al trabajo, la que da un vaso de agua, la que tú conoces o tú misma, la que hace y deshace para que el mundo no pare.

A ellas… GRACIAS.

Virginia Garcia
Virginia Garcia
contigodesenredo@gmail.com
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