Miedo a perder… El temor que todas tenemos y sentimos

Miedo a perder… El temor que todas tenemos y sentimos

 

Miedo a perder... El temor que todas tenemos. Mujeres Valientes. Coach

 

Lo importante es ese frente a frente, ese duelo de titanes poderosos. El día de antes. Nada ni nadie es tan poderoso como el día de antes.

El día de antes es el día que pesas la maleta y que, de forma irremediable debes empezar a echarla de nuevo. Te sobran 6 kilos y eso es algo más que el arte de ser capaz de elegir un par de cosas y sacarlas fuera. Mientras tanto, ese ronroneo sutil y permanente que en vez de lo afortunada que eres, te tortura en aras de que abandones.

Hasta que te haces la pregunta correcta ¿Para qué lo hago? Y la respuesta es capaz de acallar tu ronroneo esta vez y otras 100.000 en adelante. Lo haces porque es tu sueño, lo haces porque nosotros no somos de quedarnos en la retaguardia, lo haces porque nosotras no esperamos y porque la rabia, la pasión y el coraje que nos mueve conforman una fuerza mucho más fuerte que nuestro día de antes.

Y a partir de entonces para ti va a cambiar la vida (guerrera, mujer valiente) y que ese dolor al cerrar la puerta y que esa canción de fondo con olor a carretera y con el sol en la cara serán tus recuerdos más poderosos aunque sientas que ahora te arranca el alma, porque a pesar de que pienses que no puedes, porque a pesar de las contradicciones, tú (guerrera y mujer valiente) decidiste continuar, seguir adelante y que el día de antes no te ganase ese pulso, el pulso del “tú debes seguir pudiendo porque lo que los demás están esperando de ti no es precisamente esto (¿Qué salga a ser feliz?¡¿Qué sabrá la gente lo que me conviene o no me conviene, lo que debo o no debo?!)”.

Y es que (guerrera, mujer valiente) esos otros (los que todavía no se han atrevido) tienen tanto miedo a intentarlo que se alimentan de tu valentía, para tú no te detengas, hacer la maleta sola quiere decir muchas cosas

Vivimos en la sociedad del cansancio, en una sociedad abatida que camina en línea recta y sin atajos. En una sociedad que necesita dejar recogidos de forma enfermiza los momentos felices, en una sociedad llena de espacio físico en las relaciones que establece.

Vivimos en una sociedad que critica en el rellano, a pesar de ser una sociedad libre e independiente, pero de forma paradójica vive rodeada de estereotipos y prejuicios que limitan y enjuician nuestra libertad y la forma en la que percibimos al otro. Y entonces pasa que cuando alguien “sale a ser feliz” no podemos evitar sentir la sacudida.

Y es que cuando una persona “sale a serlo” ya nunca más vuelve a ser la misma y asusta ver a alguien que ha podido, cuando tú ni siquiera te permites sentir el día de antes.

La gente que se atreve, vive entremezclada con el resto (los que aún no se han atrevido). Pero no pasan desapercibidos, son esa gente a la que no puedes evitar mirar desde el otro lado, esa sonrisa que te cruzas, ellos se tropiezan porque van viviendo por dentro lo que sienten desde fuera.

En cada roce ellos pueden esconder la Toscana Italiana o la Habana Cubana de noche en invierno, pero ellos siempre hablan de personas y no de lugares.

Ellos saben que están donde quieren a pesar de ese sentimiento incondicional bajo condición de no pertenencia ni permanencia. Si te tomas un café con ellos seguro elijan sentarse mirando hacia dentro, de espaldas a la cristalera.

MIEDO A PERDER… MIEDO A NO SABER LUCHAR

Ellos siempre eligen y perciben la vida con esos matices que al resto les pasan de seguro más que inadvertidos; ya sabes, las puestas de sol, pasear por la noche cuando ya no queda nadie o tener una conversación de esas que no puedes tener con cualquiera pero que puedes tener a la vez con alguien a quien tampoco hace falta que conozcas demasiado, a eso me refiero.

Ellos usan reloj, pero porque perteneció a alguien importante, y justo ahora deciden que necesitan estar acompañados de esa forma y no de otra, pero jamás lo utilizan por la necesidad de controlar el tiempo.

Con ellas el café dura un poco más y las ganas de contarles todo también suele ser un poquito más grande ¿y qué me dices de las marcas? Algunos de ellos llevan marcas de esas que cuentan historias como si tuviesen miedo a olvidar.

Creo que no lo saben pero jamás volverán a ser las mismas, ellas no necesitan llevarlo escrito. No creen en la absurda regla esa de los tres colores, no son protocolarias y siempre están dispuestos a discutir. 

Con el corazón lleno de derrotas pero con esa tranquilidad tan distintiva que solo te dejan las cosas después de haberlo intentado, el no haberse conformado, con lo que se espera de ellas o alguien simplemente tenían pensado para un proyecto que sencillamente es su vida y no la de otro.

MIEDO A PERDER Y AL DOLOR QUE QUEDA DESPUÉS DEL FRACASO

Quiero que sepas una cosa, el dolor que queda después del fracaso, es mucho menos intenso que el que se guarda cuando una se da cuenta de que nunca ha sido capaz de intentarlo… y sí, es cierto se pierde; se pierden muchas veces, se pierden muchas cosas, pero lo de verdad, lo que debe quedarse eso se queda y te es devuelto transformado, porque de nada sirve lo sujeto a condiciones, egoísta, intransigente, porque de nada sirve quien se queda  acompañado por esa versión obsoleta de sí misma, limitante y limitada.

Quizás este relato (real como siempre), te haya movido un poco por dentro, si lo ha hecho, ¡HAZ ALGO!, lo que sea, no puedes imaginar a qué velocidad está dispuesta a correr la felicidad en tu busca cuando decides salir a por ella.

Rocío Fernández
rfernandez.diaz87@gmail.com
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