Maternidad en tiempos de confinamiento… Una experiencia única

Maternidad en tipos de confinamiento... Una experiencia única. Mujeres Valientes

Maternidad en tiempos de confinamiento… Una experiencia única

Maternidad en tipos de confinamiento... Una experiencia única. Mujeres Valientes

 

Más de sesenta son los días que llevamos de confinamiento mientras escribo este post. Y los mismos días desde que cerraron las escuelas en Madrid.

Cuando el lunes 9 de marzo dijeron que al día siguiente cerrarían las escuelas yo no me lo podía creer, era como si el fin del mundo estuviese llegando. Sí, fui una de las locas que se fue al día siguiente al súper a por básicos y frescos para congelar.

Es normal teniendo en cuenta que antes de ese día no se nos había transmitido ninguna alarma respecto a la situación. Pero era todo real, por desgracia. Viendo el panorama de escuela infantil cerrada por 2 semanas (esa era la idea inicial) y piso de unos 70m2, decidimos irnos a Sevilla en cuanto acabaron las clases.

Supuestamente esto afectaba a Madrid, y en Sevilla estaban tan panchos, diciendo que eso tardaría mucho en llegar. Así que nos fuimos con la idea de volver en 2 semanas.

 

Dos meses con sus sesenta días exactos es el tiempo que finalmente pasamos en Sevilla

 

Allí los abuelos tienen una casa grande, con un buen jardín, piscina que no pensábamos que llegásemos a usar, etc. Así que estábamos bastante bien, sobre todo Pequeño G.

Para el enano eran como unas vacaciones, durmiendo en la habitación con papá y mamá, con los abuelos a todas horas, su jardín para correr… Nos apañamos un rincón para poder teletrabajar y listo, estábamos instalados.

A los tres días de llegar a Sevilla se decretó el Estado de Alarma y, con él, todas nuestras esperanzas de poder hacer vida medianamente normal allí. Desde ese momento Amazon fue nuestro gran aliado, para qué engañarnos. Empecé a comprar cuentos, pinturas de dedos, pegatinas, y un largo etcétera de elementos para entretener a pequeño G.

 

A los diez días de cerrar, la escuela nos dijo que ponía en marcha la escuela online, con 1 hora diaria de conexión con profes y compañeros

 

Lo cogimos con gran ilusión y lagrimones al vernos por primera vez a través de la pantalla. La verdad es que esa hora diaria de conexión le ayuda a mantener el contacto (aunque sea virtual) con su profe y sus compañeros, mantiene rutinas iguales a las de la clase normal y aprende, y mucho.

En algún momento nos planteamos quitarle, pero merece la pena que se mantenga hasta que acabe el curso.

Por suerte a través de la escuela nos daban ideas para hacer con los peques en casa, para evitar caer en pantallas. Inventamos de todo y reciclábamos cualquier cosa que pudiera ser útil para crear un juguete efímero (sí, los juguetes de cartón no suelen durar mucho con un niño de 2 años).

Empezamos a tener rutinas bien definidas:

– Desayuno

– Yoga

– Trabajo

– Jugar

– Escuela online

– Jardín

– Comida

– Siesta

– Jugar de nuevo

– Baño

– Aplausos

– ¡R E S I S T I R É!

– Cena

– Cuentos

– Dormir

– Vuelta a empezar.

 

Maternidad en tiempos de coronavirus… Y las miles de anécdotas que tengo que contar

 

Si hay algo que me ha ayudado y me sigue ayudando a sobrellevar algo mejor todo esto ha sido el yoga. Lo practiqué en el embarazo, pero no es ni de lejos lo mismo sin estar embarazada. Ha sido todo un descubrimiento y mi forma de mantenerme física y mentalmente bien.

 

 

Como habéis podido leer, en la rutina diaria no podía faltar el momento aplausos y Resistiré. Mi madre se convirtió en la Dj del barrio y cada tarde a las 19:45 H empezaba a amenizar con canciones “motivadoras” a todo el vecindario.

A las 20h aplauso de rigor seguido del temazo del confinamiento: Resistiré 2020. Esto para Pequeño G se convirtió en el momentazo de cada día.

Sabía que después del baño tocaba aplaudir y bailar y cantar. Se ponía a dar vueltas bailando a la mesa del porche y acabó cogiendo la manguera para cantar y bailar como poseso. Al revés del resto, que empezamos muy fuerte y con el pasar de los días nos fuimos viniendo abajo, el enano cada vez salía más motivado a aplaudir.

 

Un punto de inflexión fue, sin duda, cuando se pudo empezar a salir a pasear

 

Por suerte donde viven los abuelos podíamos salir casi sin cruzarnos con nadie durante una hora. Pero hubo días en los que Pequeño G no quería salir, y es completamente lógico. La “normalidad” asusta.

Obviamente en estos más de dos meses ha habido momento mejores y peores en Sevilla, la incertidumbre no es buena compañera, pero aún así pasamos los peores momentos de la pandemia contando con mucho espacio en casa y junto a los abuelos, y eso es un privilegio.

Pero necesitábamos nuestra casa, nuestras cosas, nuestros ritmos, nuestra ropa! Porque en dos meses cambia mucho el clima y en mayo en Sevilla con ropa d invierno es complicado vivir. Así que cuando se decidió que Sevilla pasase a Fase 1 nosotros decidimos pasar de Guatemala a guatepeor y volvernos a Madrid.

 

Confirmamos con la policía que podíamos volver a nuestra residencia y, además, contábamos con un certificado de la empresa

 

Nos paró la policía pero no nos dijo nada más que “buen viaje”. Pensarían que pobre de nosotros que pudiendo empezar a ir a los bares en Sevilla habíamos decidido volver a encerrarnos en Madrid.

Impresionaba ir por la carretera sin ver ni un solo coche, solo camiones, y parar en una gasolinera sin poder siquiera entrar al baño. Hacía años que no hacía pis entre las puertas del coche, ¡socorro!.

Ahora llevamos unos días en casa, en Madrid, en nuestros poco más de 70m2, pero tan felices. La cara de Pequeño G al entrar en casa era para haberla grabado, estaba literalmente flipando en colores, todo era “guauuuu mamiiiii”.

 

Maternidad en tipos de confinamiento... Una experiencia única. Mujeres Valientes

 

Todo en su habitación era nuevo para él, como si nunca hubiera estado en ella. Se pasó la tarde jugando como loco, sólo quería estar en su habitación jugando con todo. Supongo que al haber sido su cumple poco antes del confinamiento pues tenía muchos juguetes que realmente eran nuevos para él.

 

Uno de mis temores al volver a casa era cómo se tomaría Pequeño G volver a dormir solo en su habitación (en Sevilla dormía en una cuna en nuestra habitación)

 

Pero tras unos pocos cuentos durmió toda la noche sin rechistar como un campeón y por la mañana se fue a nuestra habitación a darnos los buenos días. Esto fue un gran alivio para mí, ¡prueba superada!

El primer día entero en casa se me hizo eteeeeeeeeeerrrrrnooooo. Supongo que el no cambiar prácticamente de ambiente en la casa no ayudaba, pero el piso da para lo que da.

Aún así tenemos una terracita de 11m2 que nos da la vida, así que no nos quejamos. El resto de días han ido mejorando y la verdad que se agradece estar en casa. Así que entre clases online, paseos, terraza, trabajar y poner orden pasamos los días lo mejor que podemos.

 

¡Un día más es un día menos!

Noemí Gutiérrez
n.gutierrez@agenciahalia.com
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