A las madres que garantizan el bienestar de otras madres

A las madres que garantizan el bienestar de otras madres

Lo estoy haciendo fatal… Soy un desastre de madre”

 

Y no lo dices con exclamaciones porque te lo dices en bajito, a ti misma la primera y después a quién confíes tus taras y quiera escuchar. Y te muerdes los labios, te echas una mano a la frente o las dos para cubrir tu cara lo más posible, mientras mueves la cabeza de un lado a otro bajo un movimiento de negación rítmico con el que te recuerdas que “Así no”.

Lo piensas muchas veces, es evidente que las cosas no van como te gustaría… “¿Y qué hago?” ves que todas alrededor lo hacen mejor, cien veces mejor, o al menos eso te parece cuando lo ves desde la posición de máxima culpable de la situación. Porque el poco tiempo en que le ves te puede el cansancio y la responsabilidad, te cuesta relajarte para escucharle y jugar, necesitas controlar si ha hecho todo lo que debía haber hecho antes de decirle que ya es hora de ir a acostarse… ¿Qué puede estar pasando? Tú no querrías que esto fuese así pero hay días en que el autocontrol no es tu fuerte y acaba pasando.

Has decidido seguir un camino que latía en tu interior, que te hace sentir que eres tú plenamente, has decidido ocupar ese puesto de trabajo y ejecutar esa labor con la que puedes ir sanando tus heridas internas, el que te sienta bien y te permite ser significante, sentir pertenencia y, además, poder colaborar de una forma útil en la sociedad.

Lo has decidido como adulta, con la misma madurez con la que has decidido emparejarte y formar una familia, tener hijos. Y ahí está la espina más grande, la que más pincha cuando ves que no das más porque literalmente “sería inviable”.

Te falta tiempo para la familia más a menudo de lo que quisieras. Esos momentos idílicos de fichar fin de jornada, cambiarse de ropa e ir a casa sabiendo que te esperan y que podréis pasar el resto de las horas juntos y despiertos. Hay que hacer algún trabajo de clase, ir a alguna actividad deportiva, pasar ratos de ocio, hacer la compra, participar en labores del hogar… y para eso es imprescindible ESTAR.

Empieza la auto-flagelación cuando tus turnos y horarios no son compatibles con estas rutinas, cuando la conciliación no es tal y te das cuenta de que aquel bebé que se adaptaba como un bendito a la situación ha crecido y ahora te pide que estés, aunque no sea siempre, pero alguna vez.

Esos días en que tu pareja, los abuelos o la cuidadora “fallan” a su compromiso por fuerza mayor es tremendo… Tu cerebro echa humo buscando maneras de que esté atendido y te vuelves a morder los labios. Porque sabes que a la salida del cole mirará alrededor “A ver quién me recoge hoy” y cuando ve a alguien que, con una sonrisa compensadora se acerca a él, surgirá esa pregunta de “¿Hoy a dónde voy?”. Y necesitas llorar.

Pero lo superáis, porque sois equipo, porque realmente los niños tienen esa capacidad de adaptación increíble para que los días pasen en positivo, aprovechando cada situación para sacarle partido, y que se sienten además alentados cuando tú eres tan honesta emocionalmente como ellos necesitan, cuando les dices la verdad de dónde vais a estar cada uno y por qué; porque le haces sabes cuánto amas lo que haces y lo feliz que eres ayudando a la gente, porque él recibe tu mensaje de confianza y sabe que los momentos juntos son de oro, que te enfocarás en que haya risas y escucha, que la compra se puede hacer por internet si tenéis un rato para jugar, que en los momentos en que ya esté dormido tú le vas a tocar y besar y agradecer, que os amáis y estáis contando uno con el otro, que confías plenamente en quien está con él cuando tú no estás y se lo haces saber a esas personas (eso le tranquiliza mucho), que sois una familia… con una mamá que tiene un trabajo raro pero una familia emocionalmente sana.

Ya llegarán las vacaciones y “que os quiten lo bailao”. Esas fotos significarán más que las de las otras familias, tiempo vuestro que quedará perenne en cada imagen.

Pero si tú sigues en la auto-flagelación necesitas revisar algo, mi invitación es para que hagas una re-selección de batallas, de momentos diarios que has decidido que sean parte de vuestras rutinas pero te generan estrés y llenan hasta el borde tu jarra de la inquietud y la impaciencia; esa jarra que se desbordará fácilmente sobre ese niño que te esperaba y no lo merece. Tus inquietudes las debes gestionar tú como adulta, compensar la balanza de necesidades mutuas, saber decir sí y no a lo que se deba en pro de la armonía familiar. Buscar alternativas respetuosas para ambos que permitan que estéis en paz mientras crece y se prepara para ser adulto y atender las futuras necesidades de sus hijos. Sé ejemplo y modelo de honestidad y sentido común. Y decidas lo que decidas que seáis muy felices, que el tiempo sí que pasa volando pero volar juntos en él también es necesario.

Mi agradecimiento a las madres que pasan por esto porque han decidido dedicarse a garantizar también el bienestar del resto de las madres.

Autora: Virginia García

Virginia Garcia
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contigodesenredo@gmail.com
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