Igualdad real… Cuando la igualdad no es solo cuestión de género

Igualdad real... No es solo cuestión de género. Mujeres Valientes

Igualdad real… Cuando la igualdad no es solo cuestión de género

Igualdad real... No es solo cuestión de género. Mujeres Valientes

Estamos todas en vilo por aquello de que la igualdad sea real (que no quiero decir sólo de género si no entre seres humanos) y vivimos este momento de nuestra existencia como afortunadas por los cambios tan notables que hemos sentido y que seguimos sintiendo cada día a favor de lograrlo.

Sé que queda mucho camino aún, que a veces es tortuoso y que, interesa de vez en cuando tomar perspectiva para valorar más objetivamente dónde estamos y dónde estuvimos, más que nada para tener claro dónde queremos llegar a estar.

 

IGUALDAD REAL Y LOS CAMBIOS QUE NOS FAVORECEN

 

Luisa tenía 13 años cuando empezó a trabajar para aquella señora. La casona estaba a varios kilómetros de su casa y entonces se quedaba interna durante todo el mes.

Se levantaba a las seis de la mañana y, empezando por el tercer piso y acabando por la planta baja. Fregaba de rodillas los suelos todos los días de la semana. Preparaba desayunos. Limpiaba. Lavaba la ropa, la tendía. Ayudaba en la cocina.

 

Hacía y obedecía mientras callaba, cantaba, jugaba mentalmente o lloraba en silencio y pensaba en escaparse

 

Aquel día tocaba, entre las muchas tareas de la jornada, lavar algunas prendas en el lavadero. La casona tenía su propia piedra de lavar y buenos trozos de jabón, eso sí, demasiado grandes a veces para el tamaño de sus manos.

La última prenda era un delantal de cocina y lo peor no eran las manchas del delantal, lo peor era la mirada de la señora clavada en la nuca. Altiva, estirada y tensa vigilaba cómo frotaba y aclaraba una y otra vez aquel trozo de tela sucio. Luisa también tensa seguía cumpliendo hasta terminar y, de pronto, la voz de trueno la partía en dos:

 

No está bien limpio. Lávalo otra vez”

 

Luisa volvía a coger el trozo de jabón, frotaba (sin que se notase queja por el resquemor de los nudillos) y aclaraba, estiraba y ponía contra la luz del sol para comprobar que no quedasen manchas y se disponía a tender. De nuevo la voz rompía su joven alma:

No está bien limpio. Lávalo otra vez”

Y la escena se repetía. Y se repitió con el mismo delantal ese día hasta siete veces. Luisa rota, la señora muy tensa y el delantal casi desgastado ya contra la piedra.

La niña ya no calló más y, con mucho respeto y tiento, respondió:

No puedo hacer más, ya está limpio”

Y se le vino encima un:

No, aún no has frotado el interior del bolsillo”

 

IGUALDAD REAL… MUCHO MÁS QUE IGUALDAD

 

La infancia y pubertad de Luisa son un ejemplo de lo que muchas hoy en España no tuvimos ya, sometimiento y explotación por parte de adultos. Y aún queda camino por andar, lo sé, y seguimos en la brecha sin descanso.

Cada fin de mes el padre de Luisa se acercaba a la casona a cobrar el sueldo de la niña, once pesetas o poco más que se llevaba íntegras mientras Luisa pensaba: “Llévame a mi contigo padre, tengo ganas de ir a casa y ver a madre y a mis hermanos”… pero callaba.

La compasión por ellas, por las que vivieron (y viven) situaciones injustas y de abuso, nos ayuda a honrar su memoria y a no dejar de estar atentas para dar ejemplo y educar, o acompañar, a las nuevas generaciones desde el respeto mutuo. Esto que vivió una de nuestras abuelas, hace no tanto tiempo, ilustra parte de nuestra historia como mujeres sin infancia.

Confío en que Luisa y las demás encontrasen ratos para imaginar, para soñar, para jugar… para ser niñas o pubertas medio felices.

Algunas personas pensarán que al menos Luisa tenía techo y comida diaria, es cierto, algo de bueno tendría que tener la situación, pero el desamparo emocional por el distanciamiento del hogar dejó en ellas huellas que aún se sienten en las familias, tanto en los temperamentos, en los niveles de dureza de las almas, en la dificultad para confiar, para vincularse con seguridad, en el amor desmedido a los nietos y bisnietos… Mucho vivido, mucho por sanar.

Va por ellas. Que no deje de quedar atrás

Virginia Garcia
Virginia Garcia
contigodesenredo@gmail.com
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